Uno de los pasajes de la Biblia que más me impresiona es el de la Torre de Babel (Génesis 11, 1-9), ya saben, cuando la Humanidad hablaba una sola lengua en toda la Tierra y establecidos los pueblos en la llanura del Sinaí, decidieron construir una torre que llegara hasta el cielo; de ese modo se harían famosos y evitarían dispersarse por todo el orbe. Pero he aquí que Dios, ante la soberbia de la que hacían gala, decidió confundirlos, de modo que no se entendieran entre ellos mismos, y se vieran obligados a disgregarse por todo el mundo según sus respectivas lenguas.
Últimamente leo con interés cómo las grandes tecnológicas (big tech) intensifican la lucrativa demolición de la Torre de Babel con el ariete de la Inteligencia Artificial. Hay todo un arsenal de artilugios, herramientas y software que realizan traducciones en multitud de idiomas casi al instante, o por lo menos con latencias que veces no llegan a los dos segundos. El paso clave en estas traducciones se ha dado cuando ha sido la voz, y no solo el texto lo que ha sido transcrito, de manera que el emisor habla en una lengua y casi al instante, el receptor lo escucha en otra distinta.
Este avance se aplica ya a conferencias presenciales, llamadas telefónicas, videoconferencias, mensajes de WhatsApp, hasta conversaciones entre varias personas donde cada una la oye en su propia lengua: ¿qué va a ser del futuro profesional de los titulados en traducción e interpretación? ¿Merece la pena esforzarse en sacar una titulación académica como el B2 o el C1, cuando ya hay textos fotografiados que son traducidos?
Apple ya ha presentado los auriculares AirPods Pro 3 que traducen español, inglés, francés, alemán y portugués a los oídos de quien se los ponga, pero además el texto traducido aparece en el iPhone del usuario. El gigante americano ya trabaja para extender esta función al italiano, japonés coreano y chino.
Google ya contaba anteriormente con los auriculares Pixel Buds con la misma prestación, y Timekettle Edge, china, tiene sus auriculares inalámbricos que traducen 40 idiomas. Meta (la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp) ha desarrollado la tecnología Seamless, que permite la traducción de 100 idiomas. Traduce textos, voz, de texto a voz y viceversa.
Precisamente ha sido Meta la compañía que ha incorporado algunos de esos matices de la voz que nos hacen diferentes a cada uno: la velocidad del habla, las pausas, el estilo vocal, el tono emocional, el énfasis… No basta con traducir las palabras, pues estas representan solo un 7 % del mensaje; la voz, con todos sus elementos, supone un 38 %, y el 55 % restante está lo aporta la expresión no verbal (nuestros gestos, posturas corporales y cara, comunican con mucha fuerza), esa que aún no va incluida en el paquete.
Los avances no dejan de sorprenderme: las gafas Ray-Bande Meta, que permiten a quien las lleve puestas escuchar en el propio idioma lo que otra persona está hablando; las AI generativas como Gemini, capaces de generar contenidos nuevos y también traducirlos; los grandes modelos de lenguaje GPT, que no solo traducen, sino que resumen, parafrasean, corrigen o le dan un estilo diferente al texto.
En esta carrera tecnológica los europeos vamos a la zaga, ya que estos modelos exigen grandes inversiones inalcanzables por motivos presupuestarios. Kyutai, el primer laboratorio europeo de iniciativa privada dedicado a la IA ubicado en París, solo ha creado un modelo de traducción simultánea de francés a inglés. La alternativa, nos guste más o menos, es China: Alibaba ha desarrollado un modelo de traducción automática de código abierto, MarcoMT, que, a priori supera a ChatGPT, y que cualquiera puede coger, descargar, adaptar y utilizar de manera gratuita y local. Las empresas europeas, o dependen de las grandes tecnológicas americanas o utilizan estos modelos de código abierto.
Todo ello sin olvidarnos de la normativa europea, muy estricta para todo lo relacionado con la privacidad de los datos y con la competencia. Así, por ejemplo, los auriculares de Apple no pueden ser comercializados en Europa hasta que sean compatibles con otras marcas que no sean iPhone.
A pesar de lo expuesto, todavía queda mucho camino por recorrer. Aún hay errores, porque la IA no percibe el doble sentido de algunas frases; la excesiva velocidad en el habla hace que la herramienta no capte bien el mensaje; los traductores se ven obligados a revisar el texto utilizando sinónimos que se adaptan mejor a lo que quiere decir el hablante… sin olvidarnos de Elon Musk y su legión de ingenieros, empeñados en instalarnos un chip cerebral que evite acudir al diccionario.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





