
La ceremonia inaugural de los JJOO y su referencia a la última cena
Últimamente hay personas que se asombran por todo lo que acontece al mundo, y lo más lamentable es que a muchos ya ni siquiera les sorprende, puesto que han crecido junto a este declive e incluso hay quienes se han acostumbrado. Los noticiarios se centran en los diálogos vacíos y absurdos de una política dirigida por intereses supranacionales, ajenos a un pueblo dormido que padece una inmensidad de males causados por su ignorancia fruto de un exceso de información insignificante y de un carente sentido crítico , sin embargo las noticias que en su dia eran portada (asesinatos, violaciones grupales, suicidios de jóvenes e incluso atentados) se han ido normalizando.
El auge de individualismo exacerbado, seguido de una interpretación vulgar del “Carpe diem” han derivado en un hedonismo tóxico como estilo de vida de una sociedad espiritualmente vacía y basada únicamente en el materialismo.
Esto ha creado una sociedad desarraigada de principios y valores, llena de personas egocéntricas, quienes creen que el mundo gira alrededor de ellas. Esta visión antropocentrista se ha extrapolado también a la religión donde Dios también es de una forma u otra en función al individuo.
Corrompiendo por lo tanto las raíces de occidente y de nuestra civilización, provocando el desconocimiento sobre quienes somos y de dónde venimos.
Vivimos en una sociedad cuya religión son las modas y las autoridades religiosas que dirigen a los ciudadanos son los medios de comunicación.
Si tiramos algo más del hilo, nos damos cuenta de que los católicos son los más atacados en nuestra sociedad a pesar de que siguen siendo (por ahora) la religión con más creyentes de Europa.
Ese mismo relativismo moral del que hablábamos anteriormente se ha infiltrado dentro de la Iglesia católica ,de sus autoridades y en los feligreses cuyo deber es el de evangelizar siguiendo el camino indicado por la doctrina católica ,además de defender la Fe o como decía San Josemaría Escrivá de Balaguer: “tienes obligación de santificarte. –Tú también. – ¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? – A todos, sin excepción, dijo el Señor: “Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto””
Sin embargo, son muchos los feligreses que no siguen la doctrina, que pecan de idolatría, que van a misa por “cumplimiento”, e incluso por “postureo” creando así una falsa imagen de ellos mismos.
También son muchos los que se acomplejan a la hora de posicionarse a favor de la Iglesia Católica e incluso apoyan esas modas contrarias a la Iglesia Católica, por tal de que no los cataloguen como radicales.
Pero debemos preguntarnos ¿Acaso se puede ser Catolico sin seguir nuestra doctrina al cien por cien?¿Cogiendo únicamente lo que nos guste (o no desentone dentro de nuestra sociedad) y rechazando todo aquello que pueda señalarnos como católicos? ¿Por qué hay tanto miedo a ser señalados por tener principios en tiempos en los que nadie tiene?
Quizás todas esas dudas puedan ser despejadas buscando respuestas en la doctrina católica donde encontramos bastantes referencias acerca de la tibieza (considerada una enfermedad espiritual) entre ellas: San Barbastro decía “eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que se refieren al Señor; si buscas con cálculo o “cuquería” el modo de disminuir tus deberes; si no piensas más que en ti y en tu comodidad; si tus conversaciones son ociosas y vanas; si no aborreces el pecado venial; si obras por motivos humanos” , por otro lado Santo Tomas de Aquino definió a la tibieza como “una cierta tristeza, por la que el hombre se vuelve tardo para realizar actos espirituales a causa del esfuerzo que comportan” e incluso el Papa Francisco se refirió a ella de esta forma; “La tibieza, ¡hace tanto daño a la Iglesia!”.
Es por esto mismo, que en los tiempos que corren donde la crisis espiritual es la principal característica de nuestra sociedad no llevar a cabo la “tibieza” conlleva en todo momento y de “ipso facto” ser catalogado como radical.
Un concepto que deja de ser un adjetivo menospreciable por las siguientes razones: Cuando aprendemos que ello presupone la percepción por parte de los demás de Cristo en nuestro interior; también que lejos de provenir del “extremismo” como nos quieren hacer creer para mantenernos desarraigados y equidistantes, proviene realmente de la palabra raíz y junto a ella del amor a nuestras raíces ; por todas las referencias tanto bíblicas como doctrinales que nos incitan a serlo pues “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Lc 11,23).
La ausencia de radicales dentro de la iglesia es la principal causa de que la figura de Cristo sea tan atacada a nivel general, pues quienes se supone que le aman no lo defienden y a pesar de haber pasado más de dos mil años hay quienes le siguen negando incluso más de tres veces.
Es por ello que el adjetivo “radical” deja de ser una especie de insulto ,para convertirse en un piropo hacia aquellos pocos elegidos que están dispuestos a entregar sus vidas a Cristo.




