Una pequeña localidad ubicada casi en la punta sur de esta piel de toro celebraba la semana pasada su Feria, esa feria suspendida los dos años anteriores, y que siempre precede a la festividad de la Virgen del Carmen – pues las fiestas, según los modestos carteles anunciadores, son en su honor.
Entrañables resultan, para quien viene de lugar de ferias grandes, sobreorganizadas y hasta burocratizadas, esos fastos a escala mínima, en los que todo el pueblo se implica. Niños y mujeres van “arreglados”-cosa ya extraña de ver. Unas cuantas atracciones, bares engalanados con farolillos, muchos puestos, y una sola gran caseta municipal. Es el aire de las personas, vestidas de fiesta, no como espectadores de una curiosidad sino disfrutando ellos mismos del evento, lo que atestigua que se trata de una feria auténtica.
Se levantó un estrado provisional para la ceremonia de inauguración. Las primeras filas del público, en sillas de plástico al aire libre, estaban ocupadas por niñitas primorosas a un lado, y niñitos al otro, modelo de esmero en vestimenta y actitud, que sin duda tenían un papel en la fiesta. ¡Ah, sí!, eran “el cortejo infantil”. La ceremonia consistía en la “coronación de la reina de la fiesta”.
(Más años se cumplen, y más se estudia… pues más afecto despiertan estas cosas, estos ejemplos de células vivas que llevan en sí milenios de historia de la humanidad. Por más lejos que nos vayamos, en el tiempo y en el espacio, siempre hallaremos fiestas parecidas y coronaciones de “reinas”. Paganas o cristianas, van adheridas a los grupos humanos todos)
Miramos una hojita informativa. Se coronará a una Reina Juvenil, a una Reina Infantil y a un Rey Infantil. De ahí los cortejos, niños y jovencitas engalanadas – aunque todo el público en general también lo está. En el estrado actúan con diversos cantes y bailes.
Pero hé aquí que sube al estrado una figura política, el concejal del pueblo (éste es tan pequeño que no tiene alcalde propio, sólo un concejal en el Ayuntamiento que lo engloba) y empieza a hablar. Obviamente parecen palabras convencionales a las que no se les presta mucha atención, pero de repente…
-… y hubiéramos querido tener también un Rey Juvenil. Los tiempos van cambiado [su pronunciación va adquiriendo un tono de didactismo autoritario], así que esperemos, por favor, que el año que viene el concurso para elegir Rey Juvenil no quede desierto. A continuación, coronaremos a la Reina Juvenil, a la reina Infantil y al Rey Infantil…
Iba siendo raro que en pleno 2022 tuviera lugar un acto, de cualquier índole, que no hiriera el alma… Ni una simpática y entrañable feriecita de pueblo se salva. “Los tiempos van cambiando”, ¿quién lo decide? Déjalos que cambien solos, no los impongas tú, que esos cambios no los deciden “los tiempos” sino la voluntad de alguien que no ama lo popular. En medio de la puñalada trasera a lo que quedaba de las tradiciones milenarias, al menos suena una nota de alegría: el concurso ha quedado desierto. Aun en esta época que con tanto servilismo aplaude cualquier desafuero que las élites impongan, los jovencitos de esa localidad han tenido la suficiente virilidad para no querer presentarse a un concursito de “Rey de la Fiesta”.
Ya me parecían demasiadas coronaciones. Aparte de que, siendo las fiestas en honor a la Virgen del Carmen, lo idóneo sería coronar sólo a la Virgen, pero en fin, el residuo de paganismo mezclado con un poco de vanidad inocente que impulsa a elegir una “Reina” anual es algo inevitable, y más vale disfrutar de ello. Nunca viene mal saborear lo que compartimos con sumerios y asirios y egipcios; y con los celtas y los etruscos… Algo de la pura esencia de la raza humana se encuentra, queramos o no, lo entendamos o no, en eso de elegir cada año a la “Reina” de la fiesta. Que es siempre una mujer “en la flor de la edad”; y a veces hasta se le suma una “Reina Infantil”, una niña.
Ahora un tirano decide que hay que poner también a un Rey Juvenil y a otro Infantil. Aparte de que ese igualitarismo no puede ser más grotesco (puestos a eso, podían quejarse los mayores, e imponer una Reina Madurita y un Rey Anciano y un… no acabaríamos nunca. Y además, elegir rey es ya lo contrario del igualitarismo), pero el desafuero va más allá. Tanto valdría suprimir la ceremonia, eliminar esa figura.
La “Reina de la Fiesta” es siempre una mujer joven y radiante. No pregunten por qué, pero no puede ser de otra manera. Pensamos en la Estrella de la Ilusión, o en la Fallera Mayor (con la Infantil) de Valencia, o en…
Pero más allá de las fiestas, toda idea noble y abstracta se representa con la imagen de una mujer joven e idealizada. La Justicia con su balanza, compartiendo los ojos vendados con la Fe; y la Caridad, y la Libertad; y la Gramática y la Aritmética y la Astronomía y demás artes liberales; y conceptos como la Verdad (oportunamente desnuda), la Fortuna… todas las grandes ideas, al representarlas plásticamente, se les ha puesto forma, idealizada, de mujer.
El colmo es un fresco que pasa muy desapercibido, entre otras tantísimas pinturas en el techo de los enormes y abigarrados pasillos de los Museos Vaticanos, donde se ve nada menos que a una mujer con tiara y otros atributos pontificios; pero en ningún momento se confunde con nada “transgresor”; está clarísimo, por el aire inconfundible, solemne, eterno, de la que porta la tiara, que esto no es sino una alegoría del concepto del “Papado”. Las grandes ideas, conceptos, instituciones, se representan en forma de mujer.
Y de la Verdad y la Justicia y la Aritmética pasamos a algo humilde y risueño como “la Reina de la fiesta de un mini pueblo”. También tiene forma de mujer idealizada.
No pregunten por qué. El fondo arcano de nuestra condición humana no puede explicarse, se nos escapa. Pregunten más bien si tenemos derecho a destrozarla.





