Con el término therians, como ya saben, aludimos a personas, sobre todo adolescentes, que experimentan una profunda identificación espiritual, psicológica o emocional con un animal no humano (su «theriotipo«). A diferencia de los furries (animales con características humanas), no se trata de un hobby o disfraz, sino de una vivencia interna, aunque a menudo se exterioriza mediante máscaras, colas y movimientos a cuatro patas.
Como muchos otros extranjerismos, la palabra therian proviene del inglés therianthrope, derivado del griego therion (bestia en el libro del Apocalípsis) y anthropos (humano). Etimológicamente significa humano-bestia y con él se describe la transformación o conexión espiritual entre humanos y animales.
Un buen día nos enteramos que un adolescente se presenta en clase vestido como un perro, dice que él se siente perro atrapado en un cuerpo humano, que sus padres lo apoyan, el sistema educativo se plantea seriamente acogerlo como tal para no herir su sensibilidad, y se viraliza en las redes.
¿Es una moda pasajera? ¿Es un fenómeno de las redes sociales o estamos ante algo mucho más profundo? Me ha hecho pensar sobre ello un documental elaborado por el padre Manuel Talavera en youtube en el que reflexiona al respecto y sitúa su origen en el final de la segunda guerra mundial, cuando el ser humano quedó conmocionado ante las atrocidades cometidas en este conflicto. Es entonces, mirando al bosque, a la llanura, a la montaña, cuando Walt Disney produjo una serie de documentales entre 1948 y 1960 donde, con un fondo musical de película, los animales no eran vistos como criaturas de la naturaleza, sino como seres que experimentaban los mismos sentimientos que las personas humanas. El público reía con ellos, lloraba con ellos, la idea de que los animales son más “puros” se afianzó en el inconsciente de las masas.
Más tarde, el movimiento hippie buscó refugio en la tierra, armonía con la naturaleza y rechazo de las normas convencionales. Es en los setenta cuando el cantante Roberto Carlos, con un estribillo aparentemente inocente, cantó aquello de “yo quisiera ser civilizado como los animales”: el humano es el problema, el animal es la solución.
Entre los papeles desclasificados de la CÍA, el programa de control mental MK Ultra fue el primero que introdujo el LSD en las universidades de donde surgió el movimiento hippie, y de Walt Disney se sabe que perteneció a la Orden de Molay, una organización juvenil masónica cuyos valores y simbología están ampliamente documentados y que merece la pena analizar. Muchos crecimos entre dibujos animados donde los animales adoptaban roles humanos.
En los años 2000 podemos ver cómo se está introduciendo desde organismos oficiales la idea de que hay multitud de géneros, dejando atrás el binomio hombre mujer. La idea siempre es la misma: tú decides quién eres, independientemente de la Biología. En este contexto, la saga “Crepúsculo”, dirigida específicamente a los adolescentes, introdujo la relación afectiva entre humanos y no humanos (vampiros, licántropos…). La frontera entre especie y especie se vuelve difusa y hasta deseable de cruzar.
Si un humano puede nacer, desde el punto de vista del género, en uno equivocado, ¿por qué no puede ocurrir lo mismo desde el punto de vista de la especie? No hay Verdad absoluta, tú decides lo que eres. Si no hay Verdad, tampoco hay ley. Si no hay ley, tampoco hay legislador, y si no hay legislador, no hay Dios, o mejor, yo soy Dios. Esta es exactamente la promesa que le hace la serpiente a Eva en el Paraíso: “si coméis de este fruto, seréis como dioses”.
La pregunta que sigue es ¿y por qué ahora? Vivimos una época en la que los niños viven en entornos sobreprotegidos, donde el sufrimiento carece de sentido. Cuando llega el dolor, el niño se refugia en su habitación, y a través de la pantalla recupera la calma viendo animales adorables y libres, sin obligaciones, criaturas que no se frustran… ¿Y si yo fuera uno de ellos? Se produce así una huída que acaba en identidad, que se ve reforzada porque hay una comunidad que siente como él.
Si conocemos a algún joven que ha entrado en este movimiento, la solución no es despreciarlo ni burlarse de él. Seguramente ha pasado por un sufrimiento que no ha sabido superar. Los que creemos que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, tenemos el antídoto para este sin sentido.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Alberto Amador Tobaja, luego de explicar el fenómeno del humano/bestia y en consecuencia del «humano animal» nos deja la sensación de que «el animal humano sigue siendo el peor animal». Además, los jóvenes influenciados por la «acción psicológica perversa y pervertida del Siglo XXI resultan ingenuos y estúpidos «influencers» (influyentes) para una contracultura destructora de la humanidad.
Europa y España siguen cautivas de tanta estupidez y así el mundo sigue andando… ¡La guerra no es la única tragedia!
Felicito y saludo al autor por su esfuerzo esclarecedor.
Estoy completamente convencido; que si cualquiera de los que consideramos seres racionales se considera Mickey Mouse es que si cerebro necesita un reajuste muy serio. Rezo para que mis descendientes no alcen la patita y vayan meándose por las esquinas.