El pasado día siete de noviembre falleció mientras dormía en su casa de Sanlúcar de Barrameda la pintora sevillana Carmen Laffón de la Escosura. Carmen había nacido en 1934 y ha sido una pintora que ha estado agarrada a sus pinceles desde que con doce años comenzó a tomar clases de dibujo y pintura en la academia que tenía en su casa de la calle Ángeles el pintor Manuel González Santos.
No voy a contar ahora sobre Carmen lo que ya han contado mil veces en los últimos cuarenta años, pero sí voy a decir que Carmen, más allá de los tópicos que se han escrito sobre su pintura, ha sido, sin serlo, una de las pintoras de la llamada vanguardia española nacida después de 1939.
Carmen comenzó la carrera de Bellas Artes en la escuela de Sevilla en 1949, el mismo año en el que salen de ella los pintores del Grupo 49 y empiezan las exposiciones en el Club La Rábida, donde Carmen expone en alguna que otra colectiva llevada por el profesor Miguel Pérez Aguilera y su primera exposición en solitario en 1955, exposición precursora de su primera muestra en Madrid, en 1957 en la Sala El Prado del Ateneo madrileño, con una presentación realizada por el escritor Eduardo Llosent Marañón.
Las pinturas de aquellas dos exposiciones son paisajes, retratos y escenas figurativas de un estilo muy neo expresionista sesentero. Esos cuadros de Carmen son muy interesantes, es más a mí son los que más me gustan por la fuerza que muestran, muy alejada de la neblina del color de su obra desde que terminó la serie de la muñeca Marcelina y comenzó con la serie de paisajes y bodegones que tan famosa la han hecho.
A mí, ya digo la pintura de Carmen que me interesa es la de su primera época, pero ya sabemos que esto de pintar es una búsqueda constante, siempre inacabable y que a veces lleva a que al final volvamos al principio y eso de volver al principio Carmen lo estaba consiguiendo cuando se ha ido.
Ahora, con la marcha de Carmen me volvieron a la memoria los años de la galería La Pasarela, los posteriores de la de Juana de Aizpuru y toda aquella pequeña movida intelectual y artística desde mediados de los sesenta a principios de los ochenta, donde yo asistía, de vez en cuando, a ¨sesudas¨ reuniones en las que se pontificaba sobre lo que era o no vanguardista.
Pero volvamos a La Pasarela, aquella galería de arte de la calle San Fernando, 25 con la que Carmen colaboró activamente facilitando muchas exposiciones gracias a su magnífica relación con Juana Mordó, hasta el punto que la exposición que inauguró la galería sevillana el dos de enero de 1965 fue una colectiva de pintores de la Mordó presentados con un texto de Joaquín Romero Murube, el poeta y conservador de los Reales Alcázares. Para que luego digan que la Sevilla decimonónica estaba reñida con la modernidad y las vanguardias.
Romero Murube presentó la obra de Mompó, Canogar, Millares, Saura y Zobel, todos ellos colegas de Carmen y algunos muy amigos, como Fernando Zobel.

Con Juan Manuel Bonet y Zobel en París en 1977.
Cuento todo esto para dejar claro que Carmen Laffón puede que fuera muy tímida, cosa que ella misma reconocía, pero era una tímida muy bien relacionada que siempre tuvo la fortuna de estar en el lugar indicado desde el principio de su carrera y de vivir su juventud y madurez en unos años en los que, aunque pueda parecer lo contrario, todo era más factible que ahora en la era digital de los montajes expositivos y las performances.
A Carmen la conocí hace unos cincuenta y tres años gracias a nuestro común amigo Gerardo Delgado que nos tenía ¨recogidos¨ a un grupito en lo que había sido la academia El Taller, montada por Pepe Soto y por Carmen.
Gerardo por aquel entonces andaba liado con el arte cibernético y a pesar de ello era el más rendido admirador de Carmen y de su pintura, de la que ha organizado muchas exposiciones, incluida la itinerante por varios países en 2003 con la que se inauguró el Centro Cultural de España en Montevideo con la presencia de los dos artistas y amigos.
No me alargo más, porque los casi setenta años de carrera de Carmen Laffón no caben aquí y mis recuerdos del mundillo del arte sevillano tampoco. Descanse en paz Carmen, en la seguridad de que seguiremos viendo su pintura.
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