Una de las cuestiones más interesantes de abordar a la hora de emprender una tarea es el de la motivación, es decir, ese motor invisible que nos impulsa a realizar algo. Para no generalizar y poder aplicarlo a un campo concreto, me referiré a la motivación hacia el estudio a lo largo de la vida, y más concretamente en la etapa universitaria. La motivación académica es una de las facetas más estudiadas en la psicología educativa, ya que no se trata solo de «querer estudiar», sino de los procesos cognitivos y emocionales que nos empujan a hacerlo.
La vida universitaria suele venderse como una época de expansión intelectual y libertad social. Sin embargo, tras las puertas de las bibliotecas y las pantallas de los portátiles, se libra una batalla silenciosa que define el éxito académico y profesional: la gestión de la motivación. No es solo «tener ganas» de estudiar. En un entorno saturado de distracciones digitales y una presión competitiva creciente, la motivación se ha convertido en el recurso más valioso —y volátil— del estudiante moderno.
¿De dónde proviene la desmotivación en el alumnado?
La vida universitaria suele pintarse como una etapa de crecimiento y libertad, pero la realidad es que muchos estudiantes enfrentan un «viento en contra» constante. La desmotivación no suele ser el resultado de la pereza, sino de una acumulación de factores estructurales, académicos y personales.
Aquí detallo hechos y circunstancias que pesan en el ánimo del alumnado:
- Factores Académicos y Pedagógicos
A veces, el sistema educativo parece diseñado para evaluar la resistencia en lugar del aprendizaje.
- Brecha entre teoría y práctica: Sentir que lo que se estudia no tiene aplicación en el «mundo real» genera una sensación de pérdida de tiempo.
- Metodologías obsoletas: Clases magistrales de dos horas sin interacción o recursos desactualizados frente a un mundo digitalizado. Conozco alumnos que tras graduarse en la Universidad se matriculan en un grado superior de Formación Profesional Dual que les ayude a encontrar trabajo.
- Carga académica excesiva: El solapamiento de entregas de trabajos y exámenes crea un estado de supervivencia más que de estudio profundo. Los alumnos que regresan de sus Erasmus nos dicen que en el extranjero se estudia menos y se aprende más, porque se valoran las intervenciones en clase, los debates y la fluidez verbal más que en España (la universidad fue un foro de comunicación oral durante siglos).
- Falta de feedback: Recibir una calificación sin comentarios que expliquen el error impide el crecimiento y frustra al alumno.
- Factores Socioeconómicos y de Entorno
El estudiante no vive en una burbuja; lo que sucede fuera del aula impacta directamente en su rendimiento.
- Incertidumbre laboral: La pregunta de «¿habrá trabajo cuando termine?» puede minar las ganas de esforzarse hoy. 1964 fue el año en que nacieron más españoles, por lo que va a coincidir la jubilación de estos con los que ahora comienzan sus estudios.
- Dificultades económicas: Compaginar un trabajo precario con los estudios reduce el tiempo de descanso y la capacidad de concentración. Alumnos de los grupos de tarde que llegan cansados, trabajos nocturnos o con desplazamientos en fines de semana…
- Presión familiar: Expectativas muy altas o la sensación de que se está defraudando a los padres si no se obtienen notas excelentes.
- Factores Psicológicos e Individuales
La salud mental es, quizá, el factor más determinante en la actualidad: ansiedad y depresión.
- El «Síndrome del Impostor»: Creer que no se es lo suficientemente inteligente para estar ahí, a pesar de los éxitos previos. Complejo de inferioridad (origen, renta, viajes…)
- Aislamiento social: Especialmente en entornos de aprendizaje híbrido o remoto, la falta de comunidad con los pares genera soledad. La pandemia anuló vínculos humanos.
- Falta de propósito: Muchos alumnos eligen carreras por descarte o presión, y a mitad de camino descubren que no tienen una conexión emocional con la materia.
- Gestión Institucional
La burocracia universitaria también juega un papel relevante. ¿Cuántas veces escuchamos que sin cita previa no se atiende (el “vuelva usted mañana” post pandemia), no se contestan correos, no se descuelga en teléfono, no están los profesores en sus despachos en horas de tutoría…
Es fundamental entender que la motivación no es un estado fijo, sino un recurso que se agota si las circunstancias no son favorables. Identificar estos puntos es el primer paso para buscar soluciones, ya sea desde la autogestión o exigiendo cambios a la institución.
¿Por qué algunos estudiantes logran mantener el ritmo mientras otros naufragan? Esta es la pregunta a la que intentaré dar respuesta la próxima semana. Les espero.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Alberto Amador Tobaja se introduce en el motor invisible para todo viviente: «la motivación». Entender este fenómeno es superlativo.
Se trate del estudiante o de cualquier otra actividad, la motivación no es solo institucional o social, depende primordialmente de «vocación personal».
Quedando a la espera de la Parte II de su artículo, saludo a Alberto cordialmente.