Son tres conceptos que se confunden y se manipulan; basta que las fuerzas vivas, (políticos, afortunados de la fortuna y medios de comunicación) machaquen una y otra vez para reforzar sus conveniencias amoldando las mentes de conformistas y sectores propicios.
Se decía antaño que nos diferenciábamos de los animales porque éstos carecían de recuerdos, lo que se demostró un error, porque los irracionales sí conservan las incidencias que le suceden y que las utilizan para manejarse en sus vivencias. Es más, esta memoria es también genética por la sencilla razón que desde su nacimiento ya disponen de unas bases que le transmiten sus antepasados.
Hay, en las personas, dos tipos de memorias como es la sectorial, es decir que la tienen para los que les convienen, o aquellas que como papagayos repiten una y otra vez lo mismo, lo que comúnmente se les llama tradición.
En líneas generales la memoria es lo que conforman nuestra existencia, recordando las jugarretas de pequeño o lo que almorzamos ayer. Ni que decir tiene, que se encuadra de manera principal, las tareas de trabajo, de familia, de amigos, de diversión, etc., a la que cotidianamente estamos obligados. Hoy en día, con los medios informáticos con los que disponemos, la palabra memoria es más fiable en un ordenador que en una mente humana, porque a la persona le resulta, en muchas ocasiones, confundir un dato, mientras que el aparato es inapelable.
Ahora tenemos la memoria histórica que me parece un barbarismo de construcción como subí arriba y bajé abajo, porque la memoria es historia plasmada en documentos que nos recuerdan científicamente las vicisitudes de la vida. Y como cada uno cuenta la feria como le va, con sus costumbres, conveniencias, etc., me da la impresión de que esto sólo sirve para fomentar el odio, que muy poco necesita para su desarrollo.
En lo que concierne a la inteligencia, ésta sirve para discernir lo que el cerebro percibe y en actuar en forma de acciones y actuaciones. Pero cuando no ocurre, el uso de la inteligencia desaparece, formando la persona del grupo borreguil que se deja guiar por los caramelos que le ponen por delante.
Y si la inteligencia es un activo en exclusiva del ser racional, eso de la artificial, me parece una definición rimbombante, porque no hay máquina que piense por sí misma. Otra cosa es que la utilización de un sistema facilite soluciones que antes eran imposibles o complicadas. Haciendo un simil, pero por supuesto también en el ámbito de la técnica, antes se cosechaba a mano y herramientas rudimentarias, y en la actualidad el trabajo lo hace un tractor, pero a ningún tractor se le ocurre por su libre albedrio atender las tareas campesinas, lo que no quita que el tractor pudiera programarse, pero esto tiene que hacerlo una persona; la inteligencia natural.
Con esto de la memoria y la inteligencia nos introducimos en la conciencia, que es la forma moral de conducirse por la vida, y que su forma sana o manipulada nos da el calibre del humano. Porque se puede ser un empollón pero si se está falto de una conciencia generosa, poca substancia se les puede extraer.
En el principio de la década de los setenta, un señor que se enriqueció a costa de los trabajadores me tachó de pertenecer a los comunistas. Ni que decir tiene que era el mayor pecado, el mayor delito que se pudiera cometer. Todo era porque exigíamos el cumplimiento de un Decreto, cuya vulneración daba vía libre una posición fraudulenta. Acudí al Vicesecretario de Ordenación Social del recordado Vertical, que no le dio importancia, precisamente cuando la policía social vigilaba con escrupulosidad poco recomendable, cualquier movimiento obrero.
Sin tener que justificarme en nada, nunca, ni antes ni ahora, he pertenecido a organización política alguna, y no por falta de ganas, sino de fe. Por tanto todas mis actuaciones han ido dirigida a que prevalezca la justicia, la libertad y la igualdad (antes que la Constitución), así que mis opiniones y decisiones, acertadas o erróneas, siempre han sido libres.
Pero en este país hay señores, que deberán estar curtidos en materia legislativa, pero que ponen por encima de todo, el catecismo y los Torquemada en su versión moderna, para aplicar ese Memoria Sectorial a la que antes me refería, para que su óptica sea el objetivo de la manipulación.
Pues señores; desde que el mundo lo hicieron casi redondo la ley siempre ha existido y que consistía, en sus orígenes, en aplicar los intereses del poderoso, y en el que, o pasaba por el aro o desaparecía del mapa. Y así fueron desarrollando las leyes, aunque en países más desarrollados socialmente tomaron derroteros menos canallescos. Por tanto que nadie se espante de que se legisle de manera abstracta para que, según el juez de turno, disponga de manga ancha en sus inclinaciones e influencias.
En los años sesenta mi padre le preguntó a prestigioso abogado por una ley que no entendía. El acreditado profesional le dijo que hay leyes que se aprobaban para beneficiar a alguien en concreto, y aquello no tenía el más mínimo sentido. Por tanto el venir ahora con la presión a los jueces me parece fuera de lugar, por la sencilla razón de que siempre ocurrió así. Y teniendo en cuenta que los jueces son personas que han ganado unas oposiciones, nada les garantiza una neutralidad ni una honestidad, y son más de uno los que han cometido atropellos. Si todos somos iguales los jueces no son dioses y por tanto deberían ser juzgados por el pueblo y no por ellos mismos. Pero también las leyes hay que reducirlas en cantidad y en complicaciones, porque las actuales no sirven para encauzar una convivencia sino para aprisionar a unos y dar riendas sueltas al golferío.
Contaba Kruschev en sus memorias que en cierta ocasión a un ciudadano lo detuvieron por ir gritando: «¡Kruschev, idiota!”. Fue condenado a diez años de cárcel, tres por insultar al Jefe del Estado y siete por revelación de secretos. En España estamos ante un caso muy parecido, comenzando porque el Fiscal General del Estado, inconstitucionalmente e inmoralmente, lo nombran los Gobiernos, por lo que de manera automática queda como máximo Fiscal a las órdenes del Gobierno y no del Estado. A su vez el delito que se le atribuye es el de revelación de secreto, tapando sin el más mínimo escrúpulo el origen del problema, es decir es más grave el descubrir un acto delictivo, sea de la manera que sea, que el delito en si, con lo que los “dioses de la justicia” está protegiendo a la raíz del problema. ¡Eso no tiene calificativo!
Me parece que la revelación de secretos, como el de Fondos reservados o el silenciar muchas cosas deberían ser acotados a casos y tiempos muy concretos, para no zamparlos cuando a algún poderoso le convenga, ya sea político o juez.
Otro caso candente es el de la esposa del Presidente del Gobierno. Tampoco se ha enterado hasta ahora el juez de turno que eso de las recomendaciones las influencias, las comisiones es el pan de cada día en nuestra querida España. ¿En donde vive este magistrado? ¿O es que son herramientas para atacar cuando conviene? Ningún juez ni ningún fiscal ha sabido que la alcaldesa de Madrid, esposa de un Presidente de Gobierno vendió una serie de viviendas a un Fondo Buitre para dejar a los inquilinos en la calle. Tampoco les preocupa, al menos como personas honorables y con influencia casi celestial, que un señor como máximo representante de la Nación y su familia, puedan utilizar el dinero de los españoles en vicios y estafas, al ser un ser divino.
Personalmente puedo citar experiencias, donde un juez y una jueza, sentenciaron de manera caprichosa, y en uno de ellos el Tribunal de Justicia la amparó, aunque posteriormente, ¡que casualidad! la trasladaran a otro juzgado.
Esto demuestra que por los poros de sus conciencias, solo se destina el odio, y que desde su posición como puntal de un estado de derecho, lo que se pretende es constituirse sobre los demás poderes.
Otro caso, distinto pero relativamente reciente, es el otros señores que defienden a un periodista, que sin dudar de sus grandes conocimientos sobre la ciudad, se desmemorizó de algunas cosas y maleó y manipuló otras muchas al amparo de su “rotativo”, se eleva a los altares del sevillanismo, con homenajes y alabanzas de su labor.
Puede ser que así sea y sólo expulso mi envidia, pero este señor era seguido por esa casta del poder, comenzando por la Duquesa, la mayor latifundista de Europa, y la Sevilla de los señoritos, esa que Machado decía “sin sevillanos”. Con tanta sabiduría no contó como su padre, siendo concejal franquista construyó una mole de edificio frente a la Catedral, donde Juan de Talavera había propuesto la creación de una gran plaza para el mayor lucimiento del templo. No hizo la más mínima crítica ¡Qué casualidad!
También se cubrió de gloria con algunas frases como cuando se organizó el festival de cine, que el buen sevillano calificó al Ayuntamiento de “Casa de citas”, con la mayor perversidad del mundo, porque no lo organizaban los suyos.
Referente a la Expo 92 él y “su” periódico se jactaron de maldad. Comenzando por el posible nombramiento del arquitecto Bofill como comisario de la Muestra despreciándose a un sevillano. El ilustre periodista se le olvidó ¡pobre memoria! que los personajes que aparecen en el escudo de la ciudad son foráneos, y que Ramón Bonifáz, en algún monumento de la ciudad, era Paisano de Jacinto Pellón, al que tampoco se han preocupado los suyos por la ingente labor a favor de la exposición e incluso colaborando con el Alcalde. Pero este hombre no era de su “cuadrilla” y por eso se ha olvidado. Sin embargo el otro vino a romper unas cadenas para que el Santo Fernando pudiera limpiar de infieles, los cuales vivían tan tranquilos y desarrollando unas artes y una cultura, mientras que los dudosos seguidores de Cristo sólo tenían tiempo para usar las armas, y mandar a los que le estorbaban al fuego eterno.
Más adelante criticó (todo con carácter de campaña) el exceso número de plazas de vehículos cuando aquí eran escasos los que iban a venir. Respecto a los pases de temporada criticó su precio, y cuando se terminó el cupo previsto tampoco le pareció bien. Del Ave dijo que se acabó la Expo, se acabó el Ave, pero no tuvo la dignidad de rectificar, al fin y al cabo el daño ya estaba hecho.
Casi declaró monumento Nacional al puesto de calentitos de Juana la del Postigo, justificado nada más porque eran los consumidos por él. Este señor ignoraba que las calenterías de la Europa, Alameda, Encarnación, Regina eran tan buenos como los de Juana, pero claro era su círculo, era su ambiente, era la Sevilla tradicional, era la Sevilla de unos cuantos.
Que ahora y desde hace algún tiempo algunos señores quieran rendirle pleitesía; me parece muy bien, máxime cuando hablan en nombre de esos grupos que nos dominan, pero que no me digan que eso es amar a una ciudad y defenderla de sus contratiempos.
Por todo esto y mucho más defendemos que la inteligencia y la sabiduría no siempre van concorde con la memoria generalizada ni con la conciencia.





