El pasado sábado, 21 de junio, Sevilla se despertó con la noticia de que a la Macarena, tras una restauración que había durado tres días, le habían cambiado la cara. Esta restauración, como todas las que ha sufrido esta imagen, la realizó el taller de Arquillo, o el taller de los Arquillo, que antes eran los hermanos Arquillo Torres, Francisco y Joaquín y que ahora, tras el fallecimiento de Joaquin, supongo que será el taller de Francisco Arquillo y su hijo David Arquillo Avilés, y digo supongo porque no encuentro la dirección de este taller familiar, por lo que también supongo que el taller de restauración de los Arquillo no es otro que la Facultad de Bellas Artes, clase de restauración y un garaje o almacén también de esta facultad. Pero bueno, me voy a dejar de presentaciones y voy al meollo del asunto, a esa restauración que tiene cabreada a media Sevilla y a parte de la otra media. Lo de la dirección del taller de los Arquillo es motivo para otro artículo y ahí lo dejo, apuntado para otra ocasión.
Lo primero, hay que hacerse las siguientes preguntas:
¿Se puede hacer una restauración de una imagen en cuatro días? Creo que no.
¿Necesitaba la Macarena esa limpieza de cutis? Creo que no. La Macarena estuvo expuesta este año, en besamanos, del 24 de febrero al 20 de marzo y estaba perfecta.
¿Los Arquillo son los idóneos para seguir tocando a la Macarena? Puede que no.
¿ Por qué hago esta última pregunta? Muy sencillo, porque no me fio de lo que puede hacer sobre una imagen barroca Arquillo hijo, después de escribir un artículo sobre las analogías que él ve en las técnicas de medicina estética y la restauración de esculturas policromadas. Limpiar y restaurar una imagen policromada del S. XVII no es como hacerle una limpieza de cutis a tu vecina de enfrente para luego ponerle botox, pestañas postizas kilométricas y hacerle un micro injerto de cejas. Un taller de restauración de obras de arte no es una clínica de cirugía estética, ni un centro belleza. No me dedico a la restauración de obras de arte, pero soy pintora y ceramista y algo sé de lo que hablo. En mis 72 años de vida he visto muchas barbaridades cometidas en restauraciones, aunque en esta ocasión me ha sorprendido lo ejecutado sobre la Macarena por el niño de Francisco Arquillo Torres, catedrático jubilado que venía cuidando a la Macarena desde 1978 y haciéndolo muy bien. Digo que Francisco Arquillo venía cuidando a la Macarena, porque aunque él se ha echado a la espalda la metedura de pata que tiene a Sevilla cabreada, a buen seguro ha sido de su niño, ya que no se entiende como Arquillo padre que estaba en 1978 , según él, maravillado con que la Macarena conservara su policromía original, sin repintes , ni retoques, se adjudique la mamarrachada ejecutada sobre la imagen estos días, mamarrachada que ha alcanzado tal nivel que ha hecho correr por las redes el rumor de que la que apareció en la Basílica macarena, no era la Virgen de San Gil, sino una copia, ya que nadie da crédito a que el lifting que le cambió el rostro a la Macarena se hay podido revertir de la noche del sábado a la mañana del domingo.
En cualquier caso, bienvenida sea la reversión, y tampoco estaría nada mal que la junta de la Hermandad de la Macarena diera explicaciones y los hermanos que andaban por ahí pidiendo que le limpiaran la cara a la Virgen, pidan perdón y se dediquen a sus labores.






1 Comment
Toda la razón, una restauración no puede llegar a ser nunca una modificación de la obra inicial, a sido un atentado contra el patrimonio, de vergüenza.En Sevilla se ha hecho muchos destrozos a imágenes, pero se han topado con la MACARENA…