Una vez más Israel ha sufrido los ataques de Hamás, está vez de una virulencia extrema. Israel es un Estado soberano desde el 14 de mayo de 1948 y en estos setenta y cinco años transcurridos desde entonces viene soportando guerras intermitentes declaradas e iniciadas por los países musulmanes de su entorno, Egipto, Jordania, Siria, Libano e Irak y los posteriores acuerdos auspiciados por la ONU tras los combates, acuerdos en los que Israel siempre ha cedido los territorios conquistados en acciones de guerra defensiva y no robados como dice a gritos la desaforada izquierda española. Daba mucha vergüenza ver el otro día a la vicepresidenta del gobierno en funciones arengar a los suyos contra Israel.
La historia de la creación del Estado de Israel es la historia del rechazo a un pueblo históricamente machacado. Ese rechazo que siempre me dio mucho asco hoy me provoca unas náuseas superlativas. No me voy a extender aquí en contar la historia completa de los setenta y cinco años de ataques musulmanes a Israel que han venido sucediéndose desde que Ben Gurión proclamó la independencia del Estado de Israel – para eso ya tienen ustedes el buscador de Google – pero sí voy hablar sobre la más que indigna actitud de la izquierda española y europea contra Israel.
El antisemitismo moderno empezó en Francia en la izquierda obrera de mediados del siglo XIX que crea el tópico- leyenda del ricachón judío y explotador que se alimenta del obrero, el judío sin alma. La izquierda española y europea sigue en esto, más la primera que la segunda, pero siguen las dos y las dos persisten en su mantra del judío malo, malísimo y el palestino bondadoso cuya bondad le da derechos, en nombre de Alá, para atacar Israel y exigir que se deje atacar sin defenderse. Quien no crea lo que digo, para comprobar que es cierto, no tiene nada más que ver y escuchar los informativos y debates de todas las televisiones españolas dedicados con ahínco a difundir una historia contándola del revés.
Estos días daba grima escuchar a tertulianos, como Javier Aroca Alonso y a presentadores como Iñaki López, atacando a Israel, contando mentiras y diciendo estupideces como que, una cosa es Gaza y los palestinos y otra Hamás.
A pesar de todo, el otro día hubo un atisbo de esperanza en el anuncio de la Unión Europea de que cortaba las ayudas económicas a los palestinos. Este anuncio tardó medio día en cambiarse por el de que las ayudas se seguirán dando pero que vigilarán su uso. Es decir, que van a vigilar si los de Hamás van a comprar armas de fuego sofisticadas o tortas de aceite y caramelos. Perdonen la humorada, pero es que lo de la UE parece de cachondeo. ¿Antes del último ataque palestino no vigilaban a dónde iban esas ayudas? Sobre este asunto, José Borrell acaba de decir que no cree que esas ayudas vayan a manos de Hamás, pero que se puede investigar si están sirviendo para financiar al grupo terrorista o las reparte la ¨Autoridad Palestina¨, como si uno y otra en Gaza no fueran la misma cosa. Esas ayudas van a manos de terroristas musulmanes de la Organización para la Liberación de Palestina – da igual de qué facción sean – que mantienen una guerra contra Israel desde hace setenta y cinco años.
Con esas ayudas no sólo financian a sus grupos terroristas, también las usan para crear empresas de construcción de familiares de sus gerifaltes – de eso sabe mucho Mahmud Abás, el actual presidente de esa ¨Autoridad¨ que Borrell cita, y que fue el contable que organizó los fondos para la masacre de la Olimpiadas de Munich de 1972 – y para financiar su estupendo tren de vida fuera de la Franja de Gaza.
Mientras escribo esto me llega la noticia de la muerte de Maya Villalobo Sinvany, la hispano-israelí que hacía el servicio militar en la base israelí de Nahal Oz. Maya tenía 19 años y era sevillana, descanse en paz. Su muerte debería de servir para recordarle a Pepe Borrell y al resto de políticos europeos, que en Europa viven más de un millón de judíos, la mayoría en Francia, y que mientras esa cifra sigue bajando, sube la judeofobia que él y sus colegas propagan tergiversando la realidad y atacando a Israel, un Estado soberano que nunca ha atacado a nadie y lleva setenta y cinco años cediendo, defendiéndose y defendiéndonos a todos nosotros de la barbarie.





