De la moción de censura de VOX con don Ramón Tamames como candidato, lo mejor que se ha dicho en los medios de comunicación es que era inédita por el hecho de ser el candidato persona independiente. El resto de aseveraciones, epítetos y denominaciones que se le han dedicado a la moción y al candidato entran dentro del cumulo de mala educación política y de la otra que es norma en el país y en la Corte de los Milagros en la que ha convertido Pedro Sánchez a España y al Congreso de los Diputados, con la ayuda imprescindible del PP, ese partido político del que hace casi veinte años no se sabe si va o viene, aunque está bastante claro que con su actual líder va hacia un hoyo de difícil salida.
La moción y el discurso de don Ramón han sido despreciados por todos los grupos políticos y muy especialmente por el Gobierno y por el primer partido de la supuesta oposición, ese partido que ahora se hace propaganda por todos los medios como partido ganador de una moción calificada por su líder como esperpéntica e infantil. Lo del esperpento a Nuñez Feijóo le va mucho, el mismo, por lo arcaico, parece un personaje de «El Ruedo Ibérico», la trilogía que su paisano don Ramón María del Valle Inclán escribió sobre el final del absolutismo de Fernando VII, aquel nefasto monarca a quien Tamames citó, con mucho acierto, en su discurso asemejándolo con Pedro Sánchez. La realidad, aunque a ninguno, o casi, de los grupos políticos ni de los medios de comunicación les haya parecido bien el discurso de Tamames, es que ha sido un buen discurso, acertado y ameno, porque un discurso en el Congreso no tiene por qué aburrir a las ovejas.
En la moción Sánchez acusó a Tamames de no haber presentado un proyecto de gobierno, como si eso fuera necesario u obligatorio en una moción de censura. Sánchez iba a lo suyo, es decir, a lo de nadie, y para ello se vistió de azul eléctrico, se colocó el rosco de sus jefes en la solapa y estuvo toda la moción dedicado a darle palos al PP. Al candidato Tamames le dedicó cuatro o cinco sandeces, como la de nombrar a Blas Piñar y lo de decir que VOX quería retroceder cincuenta años, cuando él nos lleva constantemente ochenta y cuatro años atrás para como muy bien le dijo Tamames, tratar de conseguir que la juventud actual y futura se crea que la guerra civil del 36 la ganó la II República. Solo por escuchar estas palabras de Tamames en sede parlamentaria y en presencia de Sánchez ya mereció la pena esta moción. Ya era hora que alguien les dijera alto y a la cara que sus Leyes de Memoria Histórica y de Memoria Democrática son espurias.
Mientras Tamames hablaba, los de la bancada azul y sus traseras se reían; sabido es que la risa puede ser la defensa de los tontos y diputados risueños los tenemos a derecha e izquierda, nada más había que ver como se reía la señora Cuca Gamarra, tal vez por no llorar, al ver como Sánchez acusó al líder de su partido de no trabajar, de vago por no haber asistido a la moción.
Resumiendo, esta moción ha sido de todo menos inútil, esperpéntica e infantil como la ha denominado ayer el pateado Alberto Nuñez Feijóo tratando de disimular su inoperancia. La moción del candidato Tamames ha sido muy útil y ha dejado al descubierto las mentiras del gobierno de coalición en general, las de Sánchez en particular y el servilismo de quienes deberían estar ejerciendo la oposición y no lo hacen, ya sea por miedos inconfesables o por inoperancia y falta de respeto a sus afiliados y a su electores.





