Me parece que no entendéis bien lo que digo o que no os lo tomáis del todo en serio. Dije, y repito, que cada vez que les escuchéis denunciar algo o acusar a alguien, sabed que son ellos los que harán eso mismo. Se denuncian a sí mismos sin decirlo, pero luego pensáis que mienten. Y no es del todo verdad.
No mienten, se expresan con el lenguaje turbio de la falta absoluta de decencia… y yo lo llamo, tibia y benévolamente, «la impostura zurda».
¿Véis? Lo de la decencia es un buen ejemplo para explicar esto y lo recordaréis todos. Ese tal Sánchez le dijo a Rajoy en un debate electoral, cuando todavía era «don nadie» (ahora lo es aún más, pero tiene un Falcon y un BOE) que era “un indecente», y yo enseguida supe, porque mi traductor simultáneo experto en mezquinos y tiranuelos me informa, que el absoluto indecente era él.
Podéis repasar la lista completa de la amoralidad de esos tipos, desde referir en el Congreso que en Alemania un ministro dimitía por plagiar su tesis doctoral a subrayar con desparpajo que sus futuribles ministros serían cesados por tener cuentas off-shore o a jurar por sus santos muertos que no pactarían jamás con Bildu, ni con ERC, ni… ¡con Podemos! porque el 95% de los españoles (menos él, esto no lo dijo) no dormiríamos tranquilos. En todas las ocasiones yo supe de inmediato que era todo al revés.
Es muy fácil, creedme, y sólo se necesita un poco de práctica. Por eso desprecian tanto la lengua española, tan precisa y eficaz, porque con una lengua tan compleja, rica y hermosa, te quedas a los pies de los caballos y obligas a Carmen Calvo a reconstruir sus silogismos de gamba hueca, como cuando dijo aquello de «No, eso no lo ha dicho el presidente porque cuando lo dijo no era presidente…». Y todo así.
Pero es muy sencillo, es cuestión de invertir el lenguaje, como en Alicia en el País de las Maravillas: cuando ellos dicen «no» es porque están afirmando y ya luego ellos deciden si un sí significa sí o es un no, como Ábalos hablando de Barajas o Marlaska refiriéndose a la Guardia Civil. (Ejercicio para hacer en casa: «No es no» Y «Sólo sí es sí»… ¿recuerdan? Pues traduzcan, porque tienen auténtica obsesión.)
No, no me recuerden que lo de Marlaska es más grave porque viene de la judicatura, ¿qué tendrá que ver, si lo que prima en ellos es su infinita capacidad para la impostura? ¿Acaso no habéis oído nunca a un sindicalista cualquiera hablar con la seriedad del burro de algo y luego le vísteis hacer todo lo contrario, desde hincharse a centollos y percebes a robar miles de millones de una cooperativa socialista que construía viviendas?
La promotora se llamaba PSV, la constructora IGS, la aseguradora UNIAL y el sindicato la UGT. Varios altos cargos entraron en prisión y el sindicato tuvo que hipotecar íntegro su patrimonio (que le habíamos regalado enterito los españoles durante la transición), en un crédito ICO escandaloso para pagar sólo una mínima parte de lo estafado a 20.000 cooperativistas.
¿Y cómo se atreven a hablar todavía de la crisis del ladrillo, de los fondos-buitre, de los desahuciados, de los corruptos o de los especuladores? Pues muy fácil: por la impostura, porque son más falsos que un billete de 3 euros, porque carecen de pudor, de ética, de moral y de vergüenza. Y no hay más.
Ya sé que parece dificultoso y se os empantana demasiado, pero tal vez sea que he conocido un puñado suficiente de sátrapas y tiranías para avistarles el mecanismo y cogerles el tranquillo. Cuando uno entrena y dedica un tiempo a observarlos, enseguida se aprende a descifrar los tics que les delatan. Y en realidad, ni siquiera hace falta estar concentrados, porque a partir de un momento ya no es ocasional, sino que lo hacen siempre, por sistema. Y entonces eso ya no es mentir, sino un nuevo lenguaje que sólo te exige aceptación constante, sea lo que sea lo que enuncien, en un sentido u otro, qué más da.
Un petardo comunista, por ejemplo, me llamó una vez «niñato de mierda» en mitad de un pasillo. Le respondí su afrenta llamándole un poco de todo, con el ‘animus retorquendi’ que recoge la doctrina penal y que permite devolver lo que recibes.
El impostor tuvo la desfachatez de denunciarme ante los tribunales y pagué con gusto los 200 euros a los que me condenó un juez (compañero de colegio, por cierto), porque yo a él no le denuncié. Es decir, que el agresor y su impostura se presentaron aquel día en el juzgado con la cabeza gacha y el gesto lacrimoso ante Su Señoría. Pagué los 200 euros, ya digo, con sumo gusto y no tuvo la deferencia ni de devolverme una cantidad superior a eso que yo le había prestado antes por pena, ya que su mujer, feminista de postín, le quitaba la tarjeta porque opinaba que su marido derrochaba el dinero. Me reservo ahora lo que contaba que ella le hacía cuando se enfadaba y le echaba de casa… Todo así de ruin, ese femicinismo atroz.
Pero cojan mejor el escándalo impostado cuando denunciaban que Vox no es un partido constitucional porque propugna acabar con el despilfarrador estado de las autonomías. Pues vean la jugada: resulta que quienes desean acabar con las autonomías son el Gobierno del PSOE y Podemos más los separatistas, quienes llaman con el eufemismo de «armonización fiscal» a secuestrar la competencia de cada comunidad para imponerles la recaudación en el tramo que les corresponde. Un 155 por las bravas y de capricho.
¿Lo ven? Traduzcan bien lo que ellos dicen y lo que les digo. Cada vez que pronuncian una palabra no mienten, sólo anuncian lo que van a hacer, sólo que lo dicen al revés. O simplemente como les sale de las narices. Eso es todo y no hay más. Se les entiende divinamente. Me parece que llevan 80 decretos en 2 años. Ni los Somoza en Nicaragua habrían aspirado a tanto.
He dicho.





