Cuando los pensionistas despierten los políticos temblarán. Así podríamos parafrasear aquella profecía de Alain Peyrefitte referida a China, allá por los años setenta del pasado siglo.
Hay 9,5 millones de pensionistas en España y su número crece cada día a buen ritmo mientras la población total está estabilizada o decreciendo. Además, los pensionistas votan en mayor porcentaje que el resto de ciudadanos. No cabe duda de que representan una fuerza electoral decisiva, como muy bien saben los partidos políticos que les cortejan con esmero en cada campaña. Si se vieran movilizados por un objetivo claro y compartido sin fisuras, todos los políticos claudicarían ante sus exigencias.
La inexcusable revisión del sistema de pensiones –ya nadie duda de su insostenibilidad en los términos actuales- parece la situación más propicia para esa movilización. De hecho, ya se está produciendo en muchos puntos de España y se manifiesta en una enorme variedad de protestas y proclamas en la calle y en las redes sociales. La reivindicación es simple: actualización de las pensiones al menos con el IPC y aumentos superiores para las más bajas; es de justicia. Sencillo y con una aterradora capacidad movilizadora.
Soy pensionista, sufro como los demás el 0,25 % de tope de incremento anual de la pensión y siento la “injusticia” de haber estado cotizando más de 40 años para ver ahora como se va deteriorando el poder adquisitivo de la pensión. Me gustaría que todo fuese tan sencillo como parece a primera vista, pero la realidad es más compleja. Como vienen señalando los expertos que asesoran al Pacto de Toledo, las tendencias demográficas y los niveles salariales que sustentan la recaudación, el ritmo de crecimiento del número de pensionistas y del importe de la pensión media, y la elevada participación de las pensiones en el gasto público –superior al 40% y acercándose al 60% en pocos años- hacen insostenible el sistema en su configuración actual. El Estado está ya otorgándole cuantiosos préstamos -futuros impuestos- para cubrir el déficit y parece inevitable abordar fuertes ajustes para frenar el imparable crecimiento de las prestaciones antes de que ese déficit se desboque.
Si la movilización general de los pensionistas culmina con pleno éxito se corre el riesgo de que la reforma de las pensiones se frustre una vez más y que la apelación a los impuestos sea de tal calibre que aniquile cualquier posibilidad de crecimiento económico y de empleo, bases últimas del sostenimiento del estado de bienestar y especialmente de las pensiones. Por tanto, el propio interés de los pensionistas reclama mesura en las reivindicaciones. Deberíamos reflexionar sobre que es más conveniente: el mantenimiento a ultranza del sistema actual a corto plazo o el saneamiento del sistema económico, fiscal y social que propicie un crecimiento armónico, mayor y mejor empleo, mejora de la recaudación fiscal por ampliación de la base de contribuyentes y reducción del fraude encubierto, y reducción del gasto público no esencial, es decir, burocracias superpuestas y gastos y subvenciones superfluas.
Esto es lo que deberíamos exigir a los partidos políticos, que tengan la valentía de afrontar los problemas en su raíz, explicarlos con sinceridad y repartir equitativamente los sacrificios necesarios para que haya dignidad hoy en las pensiones y en otros ámbitos del bienestar social y oportunidades mañana para nuestros nietos a los que no podemos dejar una sociedad hipotecada hasta los tuétanos o sumida en un marasmo económico y social por no enfrentar responsablemente los desequilibrios actuales. La justicia nos redime pero la solidaridad nos enaltece. Nada hay más gratificante ni más profundamente humano que la solidaridad, especialmente con las futuras generaciones.






3 Comments
Estimado Emilio, la premisa de la que partes no es exacta. El poder adquisitivo de los pensionistas se mantenido en los últimos años, es más ha crecido un exiguo 0.3%. Son datos no hay más que comparar crecimiento porcentual IPC con crecimiento de las pensiones.
Es más los españoles han sido tan generosos con sus pensionistas que recordaras en el pacto de Toledo había la previsión de ajustas las pensiones al IPC fuera positivo o negativo, y en los años en que la Inflación ha sido negativa, que los ha habido, se llego al acuerdo de no bajar las pensiones en igual porcentaje.
Pero voy a más las pensiones en España cubren un porcentaje significativamente mayor del sueldo que se venia cobrando antes de jubilarse que en la mayoría, por no decir todos los países de nuestro entorno. España es mucho más generosa con sus jubilados que el resto de Europa.
Es más están las pensiones no contributivas, la de aquellos que o no han cotizado nunca o no lo han hecho suficientemente para tener derecho a una pensión y sin embargo se les paga.
Por no hablar de los complementos a mínimos que aseguran que el pensionista que no cotizo lo bastante y no le llegaría para cobrar la mínima se le asegure este mínimo.
Y tendrás que reconocerme que junto a situaciones de verdadera necesidad estos supuestos esconden muestras de insolidaridad de aquellos que pudiendo NO cotizaron o no cotizaron por lo que debían en la seguridad de que el resto de los españoles no los dejaría desamparados con lo que han tenido un doble beneficio lo que no pagaron en su momento y lo que están cobrando ahora sin tener derecho.
Por último no nos olvidemos que en los 9 años de crisis que llevamos MUCHOS trabajadores han tenido bajadas reales de sueldo y de ello no se han salvado ni los funcionarios, con lo que han sufrido una disminución de ingresos que NO han sufrido los jubilados.
Por todo ello antes de decir las verdades del barquero a los demás convendría que los jubilados se las dijeran entre si, y eso lo dice uno que con 55 años ve más cerca el momento de su jubilación y demagógicamente me podría acoger a los postulados de tu artículo y el que venga detrás que arree.
Un abrazo
En el artículo existen varios datos inexactos, por lo pronto las pensiones NO han perdido poder adquisitivo, lo han mantenido, es más lo han incrementado un 0.3% mientras el resto de los trabajadores han visto reducidos sus sueldos durante estos años de un 5 a un 10% y eso sin contar con la inflación.
Por ello no se puede pretender que los pensionistas sean unos privilegiados y sus condiciones vayan mejor que el resto cuando dependen de los pagos de los trabajadores para cobrar sus pensiones.
Por otro lado antes tendrían que decirse las verdades entre ellos y asumir que España que más paga en relación a lo que se venía cobrando de trabajador. Además están las pensiones NO contributivas y los complementos a mínimos por las que cobran aquellos que no cotizaron o no lo hicieron durante el tiempo o cantidad debida, una muestra de insolidaridad por aquellos que lo hicieron de manera consciente pues se beneficiaron del ahorro de no pagar y ahora cobran de la solidaridad de todos.
Por eso lo que tendrían en muchos casos el plantearse dejar de ser clases pasivas y buscar la forma de aportar crecimiento y riqueza a la sociedad a la que pertenecen facilitando la creación y mantenimiento del empleo actual y mejorar sus condiciones para así garantizar de su paso el cobro de sus pensiones presentes y futuras.
Gracias por los comentarios, Joaquín.
No era mi intención analizar en profundidad la problemática del sistema público de pensiones, imposible por su complejidad en un corto artículo. Solamente pretendía señalar el peligro de tratar un tema tan trascendental con la superficialidad y parcialidad con que, desgraciadamente, se está tratando ya en las redes sociales que atemorizan a los pensionistas y les incitan y jalean para que se movilicen con eslóganes simples y focalizándose en un único objetivo a corto plazo: aumentar las pensiones que cada uno cobra a cualquier coste.
Especialmente preocupante me parece que se esté convirtiendo el tema en motivo de refriega política entre los partidos, en lugar de buscar con realismo y voluntad constructiva una reforma de largo alcance que garantice de verdad y no de forma retórica la supervivencia del sistema sin crear un caos económico y financiero inmanejable. Soy consciente de que la política partidista funciona fundamentalmente a impulso de los diferentes grupos de presión con influencia en votos, pero en temas de tanto calado como la reforma del sistema de pensiones me parece que sería una tragedia que predominaran los cálculos electoralistas sobre el interés general a largo plazo.
Así de grave me parece la situación y, por eso, invitaba a los pensionistas a una reflexión serena para que no se dejen enredar en una reivindicación unidireccional centrada en su exclusivo interés presente y que no malgasten su imponente fuerza electoral en un griterío que no puede acabar en mejores pensiones -salvo quizás a cortísimo plazo- sino en mayores impuestos, déficit, inestabilidad económica e inflación, siendo estos dos últimos los verdaderos enemigos de los pensionistas. En mi opinión, más vale utilizar esa fuerza para exigir reformas en profundidad -menor gasto público prescindible, mayor presión fiscal sobre las bolsas de fraude o de elusión “semilegal” de impuestos, limpiar el sistema de pensiones de las sangrías no contributivas, comprometer aportaciones razonables y estables del Estado -que aseguren la sostenibilidad a largo plazo de las pensiones y para mostrar la generosidad de los pensionistas actuales –aceptando solidarios recortes, si son inevitables- con las generaciones futuras y con los trabajadores actuales que son los que soportan y pagan nuestras pensiones.
Emilio