El inquilino del Palacio de las Marismillas presumía ayer, antes de emprender la ruta de sus vacaciones, de ser «el único gobierno del mundo con cuatro mujeres vicepresidentas», pero yo casi diría que es quizá uno de los pocos gobiernos del globo que tenga cuatro vicepresidencias; y, aún peor, es uno de los pocos que tiene tal cantidad de ministerios.
En todo caso, les adelanto, estoy en condiciones de asegurar que es el único gobierno no del mundo, sino de la galaxia (al menos hasta donde sabemos) con 4 mujeres vicepresidentas, 22 ministerios, que sume la peor gestión sanitaria y económica de todos los planetas y que además esté presidido por su sanchidad. Y con el único quiero decir el único; que no hay otro, vaya.
Ya metidos a ponerse hiperbólico y en majaderías, Sánchez podría presumir de ser el único gobierno del universo que tiene a José Luis Ábalos como ministro, lo que por su exclusiva unicidad, tiene un mérito tremendo; o a un astronauta tocándose la flauta, que eso es también un record intergaláctico por razones cuasi obvias, aunque no se lo reconozcan; o a un ministro que diga “proponido”; o a uno de Universidades que debe ser el único, del hemisferio norte al menos, que fusila en su ignara fantasía a los más grandes escritores patrios, igual que el mismo Sánchez convirtió a Machado en soriano de nacencia y cuna o el hasta ayer vicepresidente Iglesias citaba la obra de Kant como «Ética de la razón pura», acreditando de ese modo que Kant no estuvo acertado al titular su obra como «Crítica de la razón pura».
A mí, la foto de Sánchez en la escalinata de la Moncloa, con las cuatro vicepresidentas coreografiadas a su alrededor para no robarle plano al rey-sol, me pareció un ensayo que sólo pretendía desmentir que se hubiese ido a Doñana (llegará más tarde y como «secreto de Estado», supongo) y me recordó de inmediato a Muammar-El-Gadafi (y a su émulo humorístico Sacha Baron Cohen en la película «El dictador»), quien se hacía acompañar en sus viajes por el mundo de un séquito de mujeres en uniforme de campaña a modo de escolta que era conocido como «La guardia amazónica».

Aquel dislate, que al tirano islamista le hubiera permitido presumir, como hace Pedro Sánchez, de ser el único gobierno del mundo con una escolta sólo de mujeres, acabó ante el Tribunal Penal Internacional cuando un psicólogo de Bengasi, Sehram Sergewa, elaboró un informe inculpatorio que reflejaba que las 400 bellas ‘panteras’ que componían aquella tropa habían sido violadas una a una por el propio líder libio y obligadas a seguir castas el resto del tiempo, además de cepillarse diariamente, tal era su voracidad sexual, a niños, embajadores y miembros de su propio gobierno.
Quiero decir con ello, por si no se han dado cuenta, que reunir más mujeres que hombres o más hombres que mujeres en un gobierno o en cualquier otro colectivo, no es ningún logro y carece de significado por sí mismo, pero será que yo me creo lo de la igualdad y no lo de las paridades que ahora Pedro espanta con el rabo.
Ya ocurrió con ocasión del nombramiento de la primera mujer directora de la Guardia Civil, María Gámez, que las feministas celebraron por el mismo hecho de ser mujer y luego se supo que le salpicaba el escándalo de las subvenciones fraudulentas de Isofotón, fue denunciada por prevaricar en el cese de Pérez de los Cobos y jaleó y participó en las manifestaciones del 8-M del año pasado.
O sea, que a efectos de un Roldán en calzoncillos esnifando cocaína rodeado de prostitutas y fugándose a Laos con el dinero de los huérfanos, lo mismo habría dado que se llamara Luis que Luisa y no se celebra el sexo con el que se accede a un cargo, que ahí tienen a Marlaska, que no es una cosa ni la otra y se merienda los derechos fundamentales de la Constitución Española con parecido furor y voracidad depredadora a la de Gadafi con la entrepierna.
A las feministas de esta clase les ocurre algo similar a lo de los ecologistas, que se declaran amantes de todas las especies animales menos de la suya, a la que odian y denostan sin desmayo. Y luego, cuando un virus, una serpiente o un toro de lidia se cepillan a tu abuelo, a tu prima de turista en minifalda o a un torero, vas y lo celebras.
Es difícil ser más gilipollas que presumir de que todos los miembros de mi «Consejo de Ministros» (sic) son ministras o de tener cuatro mujeres de vicepresidentas cuando una de ellas sostiene que el dinero público no es de nadie, la otra pide el comodín y ayuda para explicar lo que es un ERTE y suma ya casi seis millones de parados, la otra no cesa en sus intentos de engañar a la UE y la cuarta estuvo trabajando en una empresa que se fundió durante décadas los más de 80 millones en subvenciones que recibía de la Junta de Andalucía a mayor gloria del PSOE más corrupto de los tiempos modernos.
Pues nada, a celebrarlo todas en el Coto de Doñana y que brinden juntos por Gadafi.
He dicho.





