Las líneas que siguen, más que un artículo de opinión, constituyen un panegírico, un elogio y un acto debido de agradecimiento sincero a un hombre.
Muy a menudo nos decimos a nosotros mismos ante situaciones que desbordan lo personal o lo familiar, que afectan a la colectividad, a nuestro país o quizás tan sólo a nuestro ámbito laboral, por poner un ejemplo, ¿y qué voy a hacer yo?, ¿qué puede hacer una sola persona para alterar esta o la otra situación? Normalmente nos contestamos: nada. Así que mejor no hacer nada y no alterar mi tranquilidad ni buscarme más problemas de los que ya tengo si, total, al fin y al cabo no voy a poder cambiar nada…
Ese es el comportamiento más usual en nuestra sociedad adormecida, acomodaticia, anestesiada.
Por eso, cuando nos encontramos con hombres como el que constituye el motivo de estas líneas no podemos por menos que mostrar nuestro agradecimiento y profunda admiración.
Este domingo, día ocho de octubre, se celebró en Barcelona la manifestación, convocada por la Asociación Sociedad Civil Catalana, para hacer patente la oposición de una gran cantidad de españoles contra esa posible ley de amnistía que supuestamente estaría negociando el felón Sánchez con el huido delincuente Puigdemont, a fin de que aquel que huyó de España cobardemente camuflado y escondido en un maletero (eso sí, custodiado por fieles adeptos de la causa indepe pertenecientes a los Mossos d’ Esquadra) vuelva bajo palio y con alfombra roja. Y no sólo él.
A pesar de la asistencia masiva a esa convocatoria, mucha más gente de las diversas regiones españolas hubieran deseado estar en esa manifestación pero, por diversas razones, económicas, familiares o personales, no pudieron hacerlo.
En nuestra ciudad había también una gran cantidad de personas deseando gritar bien alto en las calles que no se puede negociar con la igualdad entre los españoles como moneda de cambio, que no se puede favorecer a los delincuentes en contra de la ley y la Constitución, que Cataluña es España y que, en definitiva, no se puede premiar a los que atentaron gravemente contra la Nación promoviendo un Golpe de Estado y que, sin duda, lo volverán a intentar.
Esos sevillanos estaban huérfanos de una iniciativa política o civil que los sacara a la calle para poder vocear su protesta.
Mas si la convocatoria hubiera partido del PP o de VOX (el PSOE está de antemano descartado, colaborador necesario de los golpistas merced al Caudillo Sánchez) seguramente solo hubieran acudido los adeptos y simpatizantes de estas formaciones políticas. ¿Y la Sociedad Civil?
En esta mi amada pero anquilosada Sevilla de los Ateneos, los Casinos, las omnipresentes y poderosas Hermandades, las «fuerzas vivas» de esta nuestra aún provinciana aunque pretendidamente cosmopolita Sevilla, ninguna de esas «élites» locales cosmopaletas, tuvo la grandeza de espiritu ni el coraje de erigirse en convocante de una manifestación, sucursal de la principal, la de Barcelona, para que los sevillanos pudieran gritar alto y fuerte contra los que pretenden acabar con España tal y como la conocemos.
Y he aquí que una modesta Asociación Cultural Civil, dotada con poquísimos medios (como decía alguien en Twitter, perdón, X, «sin siquiera tener una megafonía en condiciones») pero con inmensas ganas de luchar por nuestra Patria, se puso manos a la obra para hacer lo que muchos otros no quisieron o no se atrevieron a hacer: convocar una manifestación de la sociedad civil sevillana en apoyo de la convocada en Barcelona. Sin plantearse si acudirían tan solo cincuenta o cien personas, porque lo importante era la voluntad de que Sevilla no quedara en silencio este ocho de Octubre, que los sevillanos no dejarán solos a nuestros compatriotas, a nuestros hermanos catalanes que se sienten españoles.
Esa Asociación cultural civil sin ánimo de lucro no es otra que el Club de Debate Melchor de Jovellanos, que pese a sus escasos medios, es uno de los motores fundamentales de la vida cultural de Sevilla, proponiendo en su sede, el centro cultural «La Revuelta», debates que no se plantean en ningún otro foro o presentaciones de libros vetados en muchos otros.
Pero ese Club de Debate no es un ente abstracto, sino que se materializa en una sola persona, el factótum de toda su incansable y fructífera actividad, el protagonista de estas líneas: Juan María del Pino, D. Juan María del Pino, «militar retirado, de Osuna y católico», como reza su perfil en X, sin el cual no existiría ni el club de debate, ni La Revuelta ni, y ese es el motivo de este humilde agradecimiento, el que cinco mil personas se pudieran congregar ayer en el centro de nuestra ciudad para expresar su repulsa ante la infame negociación con los delincuentes y a favor de la sagrada Unidad de España.
El éxito de la convocatoria, que sorprendió a los propios asistentes (aunque no sé yo si al convocante, dotado como está de una fe inquebrantable en los españoles, que ya es tener en los tiempos que corren), fue tal que la manifestación de Sevilla fue prácticamente la única de las convocadas en todas las provincias españolas que, aparte la de Barcelona, ha aparecido en los medios de comunicación y en las televisiones (todas ellas apesebradas del dinero político y que apenas concedieron un minuto a esta noticia).
Todavía ayer tarde, después del inesperado para muchos éxito de la convocatoria de Juan María, le decía yo, que me honro con su amistad: «Si tú no hubieras lanzado la iniciativa nada de esto hubiera pasado». Y él me contestó: «Cosas de la jubilación, Pepe», refugiándose en una modestia henchida, lo sé, de orgullo por la obra bien hecha.
Por el deber cumplido.

Sede del Club de Debate Gaspar de Jovellanos, repetidamente atacada por grupos radicales de izquierda
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2 Comments
Mi compañero y amigo,hombre de HONOR español istmo siempre dispuesto a la defensa de España y a sus gentes,un abrazo para Juan necesitamos muchos como tu.
Te felicito por tu iniciativa. Un abrazo