La Feria Encendida
BOCA PRESTADA
“Porque todo es igual y tu lo sabes, has llegado a tu casa…”
Recurro a Rosales, un poeta del que algún día te hablaré cuando haya sitio en tu cabeza para otras cosas menos ligeras que las que la ocupan ahora. A punto de cumplir quince abriles, has vivido esta última feria de una forma tan distinta a las anteriores que quizás sea la primera. Atrás dejaste otras en las que has disfrutado junto a mí, y más tarde con tus amigos, de lo externo, del ruido infernal de las atracciones. Este año me he dado cuenta de que no has vuelto a casa con ningún cachivache obtenido en perseverante lid contra unas tramposas dianas. Mecheros, linternas, muñecos, juguetes…baratijas que esta vez no he visto junto a tu ropa mientras dormías entrada la mañana. Premios de interés fugaz; material fungible que apenas sucedido el instante mágico de la entrega y nada más, quedarán para siempre dormidos en el olvido. Esta vez estoy seguro de que no has pisado aquel infierno de resplandor y ruido. Ahora sé que has estado por junto tus amigos de la edad nueva, convocados por la sangre a la ceremonia inaugural de esa antigua danza de la atracción ajena. Han rozado tus labios -tal vez como jamás antes- el sol salado de un licor que quizás no hayas disfrutado más que como una muestra de valor ante los otros. Y has cruzado tus ojos con los de alguna mujer tan nueva como tú; los has mirado fugazmente como nunca antes los tuyos los habían visto. Has sentido en tus mejillas un tibio resplandor en ese instante instigado por el vino fresco en tus venas de potro. El resto de los días ha sido volver a la ciudad soñada, una y otra vez, al encuentro de aquellos ojos, porque más que una mirada ha sido una llamada, un grito mudo que te buscará mucho tiempo. Nunca antes habías bailado y ha sido ella la que ha reducido tu torpeza, como si tus pies tartamudearan ante la belleza vestida con olas. Aquel sol nuevo y frío, el mismo que te ha infundido gallardía ante la timidez, ha dejado que tus manos rocen el cuerpo prendido en llamas de colores que giraba ante ti, por la gracia hipnótica de una música reiterada y ajena, dejando al final tu rostro tan cerca del suyo que solo la distancia de un beso os ha separado. Todo esto lo sé porque yo también lo viví, hace ya tanto tiempo que ha hecho falta que tú llegaras a la edad de mi recuerdo. Como dijo el poeta del que antes te hablé, vivir es volver y morir es borrarse de sí mismo; y viéndote me has hecho volver. Vivir de nuevo en La Casa, la caseta, Encendida.





2 Comments
Grandioso artículo que nos hace revivir recuerdos y evoca lo que nos hubiera gustado tanto vivir. Gracias, don Eusebio.
Muchas gracias, don Alberto. Quedo honrado por su comentario.