El anuncio de dimisión del primer ministro italiano, el tecnócrata Mario Draghi, aboca de manera irremisible a una convocatoria electoral a un país fuertemente marcado por la inestabilidad y el carácter efímero de sus sucesivos gobiernos.
Tal y como señalan numerosas encuestas, los Hermanos de Italia de Meloni lideran la intención de voto, lo que explica que la izquierda, y en concreto el Movimiento Cinco Estrellas (que siempre ha jugado la carta antisistema) hayan apoyado de manera incoherente el gobierno liderado por un representante de las altas finanzas a pesar de que en su día se opusieron tajantemente a otro gobierno tecnócrata, en aquella ocasión liderado por Monti.
En contraste con los demás líderes políticos, Meloni se ha mantenido siempre coherente, siendo la suya la única formación política que se negó a apoyar el gobierno de Draghi, algo que obedece a dos razones fundamentales: en primer lugar, porque prometió no gobernar con la izquierda y el Movimiento Cinco Estrellas (el Podemos italiano), algo que cumplió a diferencia del oportunista Salvini, y en segundo lugar porque si todos los partidos apoyan al primer ministro, no habría oposición, algo consustancial a una democracia.
Por mucho que haya paralelismos entre los Ejecutivos de Draghi y Monti, hay diferencias bastante notables, destacando básicamente dos: que el gobierno de Monti era exclusivamente técnico mientras que el del expresidente del Banco Central Europeo es mixto e integra tanto a técnicos como a políticos de todos los partidos. En segundo lugar (y más importante aún), es que Monti se encontró una situación económica infinitamente peor (heredada de Berlusconi) en la que no había dinero y sólo podía recortar, mientras que como consecuencia de la pandemia, a Draghi le ha correspondido repartir los fondos de la Unión Europea, situación que explica que (de manera injusta) pese a salvar al país del colapso y el rescate total hoy Monti sea junto a Renzi uno de los primeros ministros más impopulares, mientras que los populistas de un signo y otro se han subido al carro ganador de Draghi, algo que ha hecho el Movimiento Cinco Estrellas a cambio de que aceptasen algunas de sus condiciones de política social y la Liga de Salvini en aras de restarle votos al centro-derecha de Berlusconi para erigirse como el voto útil de la derecha moderada e institucional en un intento de diferenciarse de Meloni.
En este contexto, cabe recordar la elocuente intervención de Meloni como estrella invitada en el mitin de VOX en Marbella con motivo de las pasadas elecciones autonómicas, con un tono tranquilo y moderado que denota seriedad lejos de la teatralidad de Salvini, que incluso llegó a sacar de manera oportunista un rosario en un mitin para reivindicar las raíces cristianas de Italia cuando él ni siquiera es practicante.
En su intervención, la política italiana incluso eclipsó a Abascal, ya que pese a las numerosas semejanzas ideológicas entre VOX y Fratelli d´Italia, ambos líderes presentan diferencias personales: Abascal es un hombre de acción con una valiente trayectoria de lucha contra ETA mientras que Meloni presenta una mayor talla intelectual (habiendo leído a Chesterton, Scruton y Tolkien), con un discurso muy elaborado de gran profundidad y una gran oratoria. En definitiva, alguien que no da mítines sino discursos políticos.
Algo que me llamó poderosamente la atención del discurso de Meloni y que la diferencia de VOX radica en que es incluso más valiente porque la (a mi juicio) errática transversalidad con la que VOX trata de presentarse a raíz de su ascenso como una alternativa social y patriótica “ni de izquierdas ni de derechas” contrasta con la claridad de Meloni, alejada de toda equidistancia al proclamarse abiertamente de derecha, lo cual no ha sido óbice para que consiga los mismos propósitos que VOX se marca al aspirar a capitalizar el voto obrero descontento con la izquierda al verse perjudicado por los efectos de la inmigración masiva, la desindustrialización y la deslocalización. En este sentido, el partido de Meloni ha sido el más votado en las municipales italianas en el barrio más pobre de Roma, que tradicionalmente votó a los comunistas y en el que en 2018 arrasó el Movimiento Cinco Estrellas, mientras que la izquierda se ha alzado con la victoria en las zonas más pudientes de la capital.
No creo que ninguno de los votantes de VOX crea que su partido es de centro o de izquierdas porque son perfectamente conscientes de que es de derecha, de igual modo que muchas personas de derechas votaron a opciones de centro-izquierda como UPyD o Ciudadanos en Cataluña por su firme defensa de la unidad nacional, porque hay cuestiones que son transversales y si el gobierno de coalición PSOE-Podemos es la izquierda, VOX es la derecha porque está en la orilla contraria de sus políticas de saqueo fiscal, destrucción de la familia, blanqueamiento de ETA e imposición por ley de una versión de la Historia.
Me remito a las palabras que pronunció el propio Abascal en 2015 cuando (muy acertadamente) dijo, que por la vía de renunciar al nombre se había renunciado a muchas de las ideas de la derecha, algo que se adecúa a la perfección a la realidad y no hay más que remitirse a la historia del PP desde Aznar, cuando se presentaban como centro y trataban de parecerse a la izquierda, de modo que para diferenciarse, la izquierda se radicalizaba, consiguiéndose lo que a todas luces es una anomalía política: que no haya derecha, limitándose el debate político a dos versiones de la izquierda, porque lo que se entendía como derecha no era más que la izquierda de ayer, siendo el PP un PSOE descafeinado, y cuando VOX renuncia a esa etiqueta que parece que nadie quiere, arria una bandera en la batalla de las ideas, sobre todo cuando llamaron al PP “derechita cobarde”, porque implicaba que había entonces una derecha valiente y sin complejos, y si esa no es VOX, ¿quién la representa?
Otra diferencia notable que pude apreciar en el discurso de Meloni es que hace bandera de la defensa de la vida, la familia y los valores cristianos, en definitiva, de la restauración de los valores tradicionales, que desafortunadamente en España no mueven el voto ni del 1 % del electorado, razón por la que VOX no hace bandera principal de ello y lo deja en un discreto segundo plano, motivo por el que ha aparecido una plataforma con la urgente misión de dar la batalla pre-política como NEOS, liderada por mi admirado Mayor Oreja.
Los hacedores de presidentes temen que una líder con convicciones claras, que desata pasiones en el auditorio cuando habla y que rezuma integridad como Meloni pueda llegar al gobierno y conseguir que un Ejecutivo de Europa Occidental sea el reflejo de una alternativa al NOM, que de la mano de las élites globalistas, instituciones supranacionales y millonarios sin escrúpulos como Soros trata de destruir la familia, la Nación y la religión para crear un nuevo hombre desarraigado y relativista que se mueva únicamente por el lucro y el placer para hacer de él una pieza más del mercado en un mundo sin fronteras y sin identidad que ellos pretenden convertir en su empresa por medio de esa nueva forma de comunismo llamada globalismo.
En su intento de alejar del gobierno a una conservadora coherente como Meloni, tratan de demonizarla y presentarla como fascista en el peor de los casos y postfascista en el mejor de ellos. No importa que ella haya dicho abiertamente que en su partido no hay sitio para los nostálgicos del fascismo, los racistas y los antisemitas, sobre todo, cuando ella es claramente pro-israelí, algo que contrasta drásticamente con las leyes antisemitas dictadas por Mussolini en 1938 al dictado de la Alemania Nazi.
No parece importarles que ella nació en 1977, más de tres décadas después de la caída del fascismo, y por mucho que fuese militante del Movimiento Social Italiano, ella pertenecía mucho después de que éste se hubiese moderado de la mano de Giorgio Almirante al aceptar el sistema democrático, algo que fue reconocido a nivel nacional cuando incluso representantes del Partido Liberal y el Partido Socialista acudieron al congreso de su partido, y en este mismo sentido, ella pertenecía a la refundada Alianza Nacional de Gianfranco Fini cuando éste calificó al fascismo como el mal absoluto, lo que originó que los postfascistas liderados por Alessandra Mussolini (nieta del dictador) abandonaran el partido y crearan una nueva formación (Acción Social) para reivindicar el legado de su abuelo. No obstante, tal y como dice muy atinadamente la propia Meloni, pese a su inequívoca condena al fascismo, Fini siguió siendo fascista a ojos de la izquierda y sólo dejó de serlo cuando se sumó a la moción de censura contra Berlusconi, poniéndose del lado de la izquierda.
Atendiendo a lo dicho anteriormente, España e Italia guardan enormes semejanzas con una izquierda sectaria que arroja fuera de la legalidad a quienes no piensan como ellos, y los descalificativos que arrojan hoy contra VOX los lanzaban antes no sólo contra el PP sino contra una formación más centrista como Ciudadanos. No hay más que recordar cómo Pedro Sánchez llegó a decir en 2017 que Ciudadanos era “el VOX de la política española” a pesar de que los naranjas sostenían en aquel momento un gobierno del PSOE en Andalucía, o por citar otro ejemplo, a Teresa Rodríguez llamando al líder de Ciudadanos “Albert Primo de Rivera”, descalificativos similares a los que se han oído incluso contra la formación liderada por una ex militante del PSOE como era el caso de UPyD.
Meloni ha afirmado abiertamente que en el ADN de su partido está el rechazo de toda dictadura, algo que es coherente con sus actos, ya que en el Parlamento Europeo votaron en 2019 a favor de una resolución que condenaba por igual el nazismo, el fascismo y el comunismo, algo a lo que el Partido Democrático (el PSOE italiano) se negó porque tiene en su seno al viejo Partido Comunista, antaño fuertemente sovietizado, mientras que Fratelli d´Italia tiene entre sus fundadores no sólo a personas procedentes del MSI y AN sino a Rosetto, que procede de la Democracia Cristiana (un partido de largo historial antifascista) o a Cossiga, un liberal-conservador que viene de Forza Italia y es hijo de un presidente democratacristiano, algo que no es una excepción en el partido de Meloni cuando ella misma ha reivindicado los valores de la Constitución como los propios de aquellos que lucharon contra el fascismo, porque su partido es la casa común de la derecha democrática y sin complejos y aquellos que tienen la indecencia de tacharla de fascista, no hacen más que blanquear a los verdaderos neofascistas, representados por Fuorza Nuova y Casa Pound, que rechazan a Meloni y no la consideran uno de los suyos.





