La política hace mucho tiempo que para muchos es un tablero de ajedrez donde mover sus piezas sin importar que peones, o Reyes, caigan durante el juego, pues el único objetivo es ganar, ganar siempre.
Un juego para especuladores con una ambición sin medida y sin ningún principio ni escrúpulo.
Donde el antiguo dilema entre ética y política definitivamente desapareció y perdió la ética.
Un juego para gente sin apenas lecturas en su mochila pero si muchas series de televisión norteamericanas. También para imitadores del protagonista de “House of Cards” a tiempo completo (no en vano el asesor máximo del Presidente Sánchez es un reconocido experto en Frank Urderwood y sus, digamos eufemísticamente, “originales” tácticas para conseguir sus fines que ya escribió en Marzo del año 2016 una ficticia conversación entre este y …Pablo Iglesias donde el primero le decía al líder podemita: “…No te limites entonces a un sólo estilo. Practica. Cuídate de todo y de todos. Evoluciona. El mayor enemigo hoy de Pablo Iglesias es sólo Pablo Iglesias. No te obsesiones con los cargos, hiciste mal anunciando tu deseo por ser vicepresidente. Yo nunca lo hice, desarrollé una estrategia para que el cargo fuera hacia mí. Con el reclamo de un Gobierno equitativo bastaba. Debes ser generoso públicamente hasta el final. Aún si consigues superar al PSOE en unas nuevas elecciones, debes facilitar ese acuerdo. Lo importante es que llegues ahora al Gobierno. Hoy todos te aplauden hasta que llegue el día en que el viento cambia de dirección. Y debes estar para entonces en tu despacho en Moncloa…).
Dicho y hecho.

En la famosa película de 1949 dirigida por Robert Rossen (el magnífico director de esa otra obra maestra, “El Buscavidas”) “All The King,s Men” (“Todos los hombres del Rey” o “El político”, en España, “Decepción“ en Argentina, por ejemplo), ganadora de tres Oscars, uno de ellos a mejor película, se mostraba el tránsito de un político honrado y pegado a las necesidades de sus vecinos a político populista, corrupto y amoral con un pepito grillo al lado que ejercía de voz de la conciencia perdida. La sinopsis de la película dice lo siguiente “tras ser elegido gobernador, olvidando sus principios, lo primero que hace es apoderarse de la prensa y la radio. Convertido en un ser corrupto hará cuanto esté en su mano para permanecer en el poder…”, ¿les suena de algo?….
En nuestro presente político tenemos a una persona que no ha tenido que hacer ese tránsito. Ya nació al mundo de la política sin moral ni ideales, sin más afán de servicio que a sí mismo y sus intereses, con una ambición desmedida y un único objetivo: llegar al poder y utilizarlo en su beneficio. En este caso, además, sin ningún pepito grillo a su lado, porque todos sus compañeros de viaje comparten la misma falta de principios. Por eso es tan grave la situación.
A quien nada ni nadie le importa más que si mismo, es capaz de todo. Esa es su fuerza. También su tremendo peligro. Y ese es el caso de Sánchez.
La cuestión estribaba en cómo convencer a tanta gente durante tanto tiempo de lo contrario. Aunque fuera evidente y palmaria la verdad.
Todos los regímenes totalitarios que en el mundo han sido, nacieron porque sus promotores supieron aprovechar situaciones excepcionales y dramáticas para llegar a cabo sus planes. Que mejor que una pandemia que aniquila a decenas de miles de personas y no se puede controlar. El miedo es un eficaz adormecedor de conciencias. Anula la voluntad. Y convierte a la masa en presa fácil de consignas y ordenes que le eviten tener que pensar en algo más que en salvarse.
En una sociedad de gente presta a ser manejada, con una población cada vez con menos criterio propio y orgullosa de su desconocimiento y su incultura esto era fácil de lograr (como escuchaba hace poco al comunicador Jesús Quintero, hoy en día la gente no solo no se avergüenza de decir que no ha leído un solo libro en toda su vida, sino que lo proclaman ufanos como un timbre de gloria…), bastaba con no tener escrúpulos en utilizar los medios de comunicación al servicio de sus fines. Y que estos medios de comunicación se dejaran manejar (y esto es fácil cuando se tiene el poder sobre las subvenciones y prebendas a esos medios).

En cuanto a la justicia, la muerte de la separación de poderes es ya un hecho que se viene gestando hace años y que este Gobierno, en aras de su pretensión de cambiar el régimen (“crisis constituyente” según el propio ministro de justicia) ha llevado a su máxima expresión: con la Fiscalía del Estado comandada por una comisaria política y la Abogacía del Estado convertida en Abogacía del Gobierno, con un Consejo General del Poder Judicial dependiente de los partidos políticos y, en fin, unos jueces que son presionados de mil formas distintas en su función jurisdiccional cuando de juzgar acciones del Gobierno o del partido que lo sustenta se trata….
Con un Gobierno que domina el ejecutivo, el legislativo y el judicial, que no tiene inconveniente alguno en depurar a miembros de las fuerzas de seguridad del Estado cuando le son incómodos ni en mentir descaradamente casi a cada segundo sin que luego, cuando es evidente que ha mentido, se moleste en rectificar ni, por supuesto, admitir responsabilidades y que, además, tiene el control casi exclusivo de los medios de manipulación (que no de información) masivos, creando una sociedad aborregada e indolente, estamos a un paso del totalitarismo comunista.
¿Será posible cambiar el signo de los tiempos en esta situación?. ¿Con un Gobierno que tampoco tiene inconveniente alguno en pactar y hacer concesiones inconfesables a los quieren destruir España y los cómplices de los que asesinaron a defensores de la unidad de España durante años, lo cual les hace tener mucho más fácil conseguir mayorías en el Congreso?.
Una vez más, la ausencia de escrúpulos, de principios morales y de una idea de Estado pone mucho más fácil las cosas a los que intentan seguir en el poder.
España está ante su momento más grave desde la guerra civil, con la gran diferencia en contra de que, en el momento presente, la sociedad en general es mucho más acomodaticia y pasiva. Está mucho más adocenada y los ciudadanos mucho menos prestos a perder su bienestar ni a jugársela por una cuestión de defensa de su libertad o de la unidad de España.
Esa es la encrucijada.





