En estos días hemos tenido noticia de que Macarena Olona (en el pasado, ídolo de masas) concurre a los comicios en una maniobra oportunista que busca ocupar el espacio centrista que Ciudadanos deja vacante, pues el partido naranja ha decidido no concurrir a los comicios al estar en vías de extinción, de modo que Olona trata de presentarse como el nuevo partido bisagra en un intento de pescar en río revuelto.
Olona desconcierta a propios y extraños al convertirse en una parodia de sí misma tras dar una pirueta ideológica tan sólo propia de Jorge Verstrynge, ya que ha apoyado el aborto, ha abogado por incrementar la indemnización por despido y el salario mínimo, ha manifestado tener un “corazón rojo” y ha hecho bandera del “escudo social”, tratando desesperadamente de conseguir entrar en la coalición de Yolanda Díaz, además de abogar por legalizar la prostitución, publicar un vídeo en el que aparecía morreándose con una chica en el Día de la Visibilidad Lésbica, así como manifestar que no descartaba investir a Pedro Sánchez si de sus hipotéticos escaños dependía.
Por mucho que los movimientos de la exrepresentante de VOX parezcan carecer de sentido alguno, la líder de Caminando Juntos no da puntada sin hilo, y cada paso tiene un claro propósito, ya que es consciente de que puede recoger más votos en la izquierda que en la derecha, por lo que ha virado drásticamente en sus posiciones en una jugada muy arriesgada en la que tiene mucho que perder y poco que ganar, pues el electorado de VOX la ve como una traidora y el votante de izquierdas no cree en la sinceridad de sus posiciones, ya que viene de VOX (donde ha sido un peso pesado), lo que la retrata (con toda razón) como una virtuosa del oportunismo.
En el caso de VOX, como es sabido, coexisten tres sectores diferentes: uno liberal-conservador, otro democratacristiano y un tercero de corte nacionalista identitario, y es este último bloque el que ha ido ganando posiciones en los últimos tiempos.
En línea con lo anterior, la salida de VOX de Olona y los constantes ataques a su antigua formación política sirvieron para menear el avispero del descontento de una organización interna sumamente rígida y jerarquizada, de modo que, para frenar dicha situación, fue cesado Ortega Smith y su mano derecha Tomás Fernández en Septiembre de 2023, siendo sustituido por Ignacio Garriga como secretario general del partido, un nombramiento acertado, ya que permitiría garantizar el equilibrio interno, dando lugar a un partido algo menos identitario y más conservador, es decir, menos similar a Le Pen y más a Meloni (a quien he señalado en repetidas ocasiones como el faro que debe iluminar a la derecha en España), pero el problema radica en que Buxadé tiene una enorme influencia sobre Garriga, por lo que dichos cambios se saldaron como una victoria del portavoz de VOX en el Parlamento Europeo, pues de haber sido nombrado secretario general habría suscitado el rechazo de un sector, por lo que en su lugar logró imponer a una figura de consenso afín a él.
Una vez puestos en antecedentes, cabe señalar que la confección de las listas electorales del partido de Abascal para las próximas elecciones generales apuntalan la deriva buxadiana del partido, pues han sido purgados destacados representantes liberales del mismo como Víctor Sánchez del Real y Rubén Manso, según publica Alvise Pérez, como consecuencia de sus críticas en un grupo privado de WhatsApp a los resultados de Madrid en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, del mismo modo que se ha enseñado la puerta de salida a otra figura muy querida del partido como Mireia Borrás, mientras que de manera incomprensible han mantenido a alguien muy criticado por un sector de las bases del propio partido como Steegmann. Atendiendo a los hechos, todo apunta a que estos diputados de tendencia liberal no han sido depurados por su ideología sino por otros motivos, que denotan la ausencia de democracia interna, no exclusiva de VOX, sino extensiva a los principales partidos, pero que desde luego redundan en que VOX se acerca más a la vía lepenista, abrazando un estatismo cada vez más fuerte en forma de nacionalismo populista, que propugna cargarse las subvenciones que no les gusta y dejar de apoyar sólo a los sectores que no les da votos, es decir, una IU de derechas.
Es triste que se haya prescindido del capital humano de Víctor Sánchez del Real y Rubén Manso. El primero era uno de los diputados más preparados y uno de los mejores oradores con los que VOX contaba, además del artífice de la campaña de las elecciones andaluzas, que supuso que VOX entrara por primera vez en las instituciones con nada menos que doce escaños, toda una proeza, y Rubén Manso, ha sido el artífice del programa económico de VOX, un programa eminentemente liberal que, en palabras de un periodista de esa tendencia afín al PP como Eduardo Inda, es “casi libertario y hace que el PP parezca socialdemócrata”. No le falta razón, ya que figuras como Espinosa de los Monteros o el propio Rubén Manso (por citar sólo dos ejemplos), son mucho más liberales que Ayuso.
En este contexto, una figura tan valiosa que aporta mucho a VOX como Espinosa de los Monteros está en un segundo plano cuando es un buen parlamentario que proyecta una actitud moderada en cuestiones tan sensibles como la inmigración ilegal, dando un debate sin complejos lejos de la imagen extremista que otros imprimen a la formación dando el relato a la izquierda. Sin embargo, se encuentra relegado en un segundo plano, siendo excluido del Comité Político que lidera Buxadé, cuyo vicepresidente Víctor González fue sustituido también en Septiembre en un nuevo retroceso del liberalismo en las tesis del partido.
El caso concreto de Steegmann, es entendible que pueda ser motivo de enfado en una parte de los votantes del partido, pero como ha dicho acertadamente Isaac Parejo, sería una incongruencia no votar a VOX por la postura personal de alguien sin poder interno, facilitando que un partido que ha impuesto el pasaporte Co-Vid como el PP obtenga mayoría absoluta.
Es evidente que Buxadé trata de convertir VOX en su versión de la Falange, siendo una figura que en sus propias declaraciones (en no pocos casos calcadas de Podemos) divide al partido en lugar de garantizar la unidad y el equilibrio de personas diferentes que militan bajo unas mismas siglas (como su cargo requiere), y prueba de ello son sus manifestaciones en Twitter el 24 de Diciembre de 2019, cuando dijo literalmente: “Que los doctores liberales en economía liberal clamen contra quienes quieren proteger el empleo de los españoles no deja de ser previsible”.
Lo he dicho en varias ocasiones y lo vuelvo a repetir porque ahora que cobra más sentido que nunca: soy votante de VOX desde el nacimiento del partido en 2014, y lo ha votado cuando tan sólo tenía 50.000 votos en toda España, y no porque yo defienda las ideas de VOX sino porque, por el contrario, era VOX quien defendía mis ideas, y creo que se equivocan si tratan de emular el modelo de Le Pen en Francia, ya que España no es equiparable al país galo, siendo dos realidades políticas muy diferentes, pues Francia es una sociedad muy estatista en la que se dice que el primer empresario privado es el Estado, y prueba de ello es que la Renault es 100 % pública, mientras que en España la derecha es mucho más liberal, y si se adoptan (desde postulados nacionalistas) los planteamientos económicos de la izquierda, se pierde una parte importante de votantes, lo que haría que la influencia política de VOX se vea menguada, ya que uno de cada cuatro votantes del partido (el 25 %) se proclaman liberales, y si se tiende hacia un excesivo proteccionismo, éstos se refugiarán en el PP como mal menor porque sus tesis les parezcan más realistas que las del populismo económico.
No tiene sentido que se trate de imitar las fórmulas de partidos como Falange Española, esos podemitas de camisa azul que en el mejor de los casos han conseguido 20.000 votos, debiendo garantizarse el equilibrio interno, ya que como dijo mi admirada Meloni, un conservador es el punto de encuentro entre sensibilidades antagónicas de la derecha como un liberal y un identitario, por lo que VOX debe mantener (a mi juicio) la fórmula que tan buenos resultados le ha dado, que es combinar el liberalismo económico con la firmeza contra la inmigración ilegal y el proteccionismo comercial frente a la competencia desleal de países como China, que se benefician de la apertura de los mercados internacionales para luego imponer aranceles al resto.
Por mi parte, soy consciente de que no se puede aspirar a coincidir con la totalidad del ideario o el programa de un partido (pues estaríamos ante una organización unipersonal), pero sí en los puntos más importantes, motivo por el que seguiré votando a VOX, ya que, entre otras razones, continúa representando el programa económico más liberal del arco parlamentario (aunque hayan podado algunos aspectos del mismo).
La otra opción es el PP, que se ha convertido en el nuevo Ciudadanos, pues votar al partido que lidera Feijóo es un verdadero deporte de riesgo porque no se sabe dónde va a acabar el voto que se deposita: puede que pacte con VOX como han hecho en la Comunidad Valenciana y en Baleares, aunque en Cantabria han preferido no pactar con ellos, y además, de manera incomprensible, ya que los líderes del partido de Abascal en la región vienen del PP, abogando en su lugar por ir de la mano de Revilla, ese Jesús Gil de pasado falangista que se paseaba por las tertulias progres dando lecciones de moral, y que ahora, pone como condición para pactar con el PP que no se abran comisiones de investigación parlamentarias sobre los casos de corrupción que afectan a su gobierno.
En Barcelona, hemos podido ver cómo el PP le ha dado gratis la alcaldía a los socialistas y a Colau y en Extremadura, estamos asistiendo al espectáculo más dantesco de todos, ya que la líder popular María Guardiola actúa con mentalidad de mayoría absoluta sin haber sido siquiera la fuerza más votada, insultando a un partido cuyos votos quiere, y además gratis. Si según sus palabras, es un partido que “niega la violencia machista y criminaliza a los inmigrantes”, ¿no le parecería una indignidad ser apoyado por ellos? ¿no es como cuando Sánchez se sirve de los votos de Bildu? La líder del PP extremeño hace el mismo discurso que Irene Montero, evidenciando que los dirigentes del PP se parecen más al PSOE y sus votantes, más a VOX, lo que contribuye a dejar en mal lugar a su propio partido porque, ¿bajo qué criterio el PP considera que VOX es peligroso y por eso no puede entrar en el gobierno en Extremadura, pero sí puede hacer lo propio en Castilla y León, la Comunidad Valenciana y Baleares? o ¿acaso sus propios compañeros de partido comparten gobierno con peligrosos extremistas?
Esta actitud puede ser la que Feijóo manifieste una vez pasado el 23 de Julio si tiene opciones que no pasen por pactar con VOX, ya que en reiteradas ocasiones ha manifestado más afinidad con el PNV que con el partido que tiene como fundadores a personas como Abascal y Ortega Lara, que militaron bajo las siglas de su partido en aquellos lugares en las que defenderlas suponía jugarse la vida. En este sentido, como señaló Elentir, Feijóo manifestó coincidir con el PNV en las políticas económicas, sociales e industriales, mientras que sólo manifestó discrepancias con VOX porque se opone a las autonomías y se muestra crítico con el diseño de la actual Unión Europea, cuando VOX es el partido que ha sentado en el banquillo a los golpistas que atentaron contra la Constitución en Cataluña mientras que el PNV ni siquiera apoyó en su día la Carta Magna, pidiendo la abstención en el referéndum constitucional, además de ser un partido nacionalista que ha actuado como socio interesado de ETA, jugando al “poli bueno, poli malo” en una dinámica mutuamente beneficiosa al estar ambos dentro del universo nacionalista, pues cuando ETA estaba más fuerte, el PNV se moderaba, y cuando estaba más débil, se radicalizaban, algo que ilustra la tan abyecta como recordada frase de Arzalluz: “Unos agitan el árbol y otros recogen las nueces”.
Es legítimo votar al PP, pero quienes quieran combatir la ingeniería social de la izquierda y las imposiciones del sanchismo, ya no tienen excusas para votar a un partido que manifiesta todo lo contrario: nos decían que derogarían la Ley del Aborto de Zapatero y la dejaron intacta. Antes nos decían que el aborto no era un derecho sino un drama, y ahora nos dicen que es un derecho, pero no un derecho fundamental, igual que nos decían que ilegalizarían a Bildu y los expulsarían de las instituciones democráticas y ahora dicen que únicamente no pactarían con ellos. Esto es el PP y no ha dejado de serlo nunca, esa pseudo-derecha de hoy no es más que la izquierda de ayer, y no es casual que Feijóo apele al voto de la socialdemocracia, la izquierda moderada y el socialismo templado, en definitiva, al PSOE anterior a Sánchez, ya que el PP que muchos añoran no va a volver y se ha convertido en un espejismo, de modo que, si alguien quiere que la derecha gobierne según sus ideas y no siguiendo los dictados de la izquierda, sólo tiene una opción.





