Katyn, un nombre que principalmente es conocido por ser el lugar de uno de los miles de crímenes del comunismo, bajo la bandera roja con la hoz y el martillo que, a juzgar por sus 100 millones de muertos más bien debiera ser de la «coz y el gatillo». Creo que es absurdo entrar en el debate de las cifras. A quién pretende blanquear el comunismo afirmando que no fueron 100 sino 60 millones o que en el Holodomor ucraniano Stalin no asesinó 6 sino «solo» tres millones… He escrito 100 millones de muertos (desde 1917 hasta hoy, en todos los países con regímenes comunistas en el poder) pero hay quienes discuten esta cifra, aumentándola o reduciéndola. En realidad, nunca sabremos con exactitud la cifra real de víctimas del comunismo, pues si algo tiene el totalitarismo es que manipula la realidad para acomodarla a su metafísica y lo hace tantas veces como sea necesario. Pablo Iglesias ayer transformaba a los agredidos de VOX en agresores y ello a pesar de las imágenes, videos e informes policiales. Para el totalitario la realidad es contingente si se controlan los medios de comunicación y se dicta a los narradores comprometidos o subyugados lo que hoy se llama «relato» (que es lo que al fin y al cabo leerán los historiadores del futuro).
Con las masacres de Katyn sucedió algo parecido. Durante muchos años estos crímenes del comunismo soviético fueron atribuidos a los nazis. Y dicha atribución fue promovida precisamente por los propios comunistas, una vez Alemania fue derrotada.
Resumidamente, la tragedia se gestó de la siguiente manera: Polonia había sido invadida simultáneamente por nazis y comunistas en 1939 en virtud de su «Pacto Ribbentropp-Molov» que, sin ninguna duda, despejó el camino para que Alemania iniciara la Segunda Guerra Mundial. El pacto incluye un protocolo adicional secreto que regulaba el reparto de los territorios conquistados por ambos países y las zonas de influencia que serían controladas por nazis o comunistas. Una versión en español del pacto incluido el protocolo secreto puede encontrarse aquí: Tratado de No Agresión entre Alemania y la URSS
Es difícil saber qué habría ocurrido sin la existencia de dicho Pacto y Protocolo Secreto. Muy probablemente la guerra habría comenzado, pero no habría sido en septiembre de 1939. Y en el caso de haberse retrasado, Inglaterra habría tenido tiempo para rearmarse… En todo caso se trata de especulaciones que no aportan nada a lo que realmente sucedió.
Lo cierto es que Polonia fue atacada «en pinza». Alemania empezó la invasión por el sudoeste (1 de septiembre) y la URSS lo hizo 15 días después por el este (17 de septiembre). Dos monstruos totalitarios atacando simultánea y coordinadamente un gran país, históricamente muy hostigado por sus expansivos vecinos: recordemos que de 1918 a 1921 hubo una guerra ruso polaca que terminó con el Tratado de Riga, tras la victoria polaca frente a los ejércitos bolcheviques de Lenin en la batalla de Varsovia.
Este ataque combinado nazi-soviético supuso la rápida derrota de Polonia y el reparto de su territorio entre nazis y comunistas. Esta ignominia histórica del comunismo se olvida sistemáticamente cuando se estudia la Segunda Guerra Mundial, pero lo cierto es que nazis y comunistas fueron aliados «de facto» desde agosto de 1939 hasta junio de 1941. Esto quiere decir que durante dos años y un mes, nazis y comunistas estuvieron en el mismo bando. La Segunda Guerra Mundial duró en Europa 6 años y 9 meses. Eso totaliza 81 meses de guerra, de los cuales 25 meses fueron de alianza nazi-soviética. O sea, durante el 31% de la duración del conflicto (¡casi un tercio!), los nazis y comunistas estuvieron en el mismo bando y en numerosas ocasiones colaboraron estrechamente, bien por acción (reparto de territorios conquistados, envío de refugiados alemanes de la URSS a Alemania para ser ejecutados allí, etc) o por omisión.
Katyn es uno de tantos ejemplos del horror comunista. En 1940, unos 22.000 militares y civiles polacos que eran prisioneros de los soviéticos tras la caída de Varsovia y la derrota del ejército polaco, fueron asesinados en masa en las fosas de Katyn, Kharkov, Smolensk, Kalinin, Moscú y otras localizaciones. Lean el artículo adjunto para conocer algo mejor aquella masacre comunista. Una masacre que muy bien podría ser calificada de «genocidio» si la URSS no se hubiera negado en 1948 a que en la tipificación del crimen de «genocidio» se incluyera también el asesinato sistemático de población por razones ‘ideológicas o políticas’. Stalin sabía muy bien por qué excluía a ese grupo.
Por toda esta acumulación de infamia y crímenes sistemáticos, en 2019, el Parlamento Europeo aprobó una Resolución que equipara a nazismo y a comunismo bajo el mínimo común denominador de los totalitarismos (ver Resolución: Resolución del Parlamento Europeo sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa). Si la esvástica está justamente proscrita en cualquier democracia, la hoz y el martillo también debiera serlo. Que el comunismo coyunturalmente y oportunísticamente combatiera al nazismo desde junio de 1940 a mayo de 1945 no puede lavar su previa alianza con Hitler y, sobre todo, sus millones de crímenes anteriores y posteriores al maremoto nazi.





