Hay una anécdota que Jorge Verstrynge, hoy apóstol de la extrema-izquierda, cuenta en sus memorias, relativa a su etapa como secretario general de Alianza Popular y, por ende, mano derecha de Fraga. Dicha anécdota tuvo lugar en vísperas de la aprobación de la Ley del Aborto, cuando Fraga recibió una llamada telefónica del entonces presidente de la Conferencia Episcopal, Gabino Díaz Merchán, adscrito al ala progresista del episcopado y mano derecha de Tarancón. Éste le pidió al líder de la derecha, ante su propia perplejidad, que “no fuese muy contundente” contra el texto que iba a aprobarse, a lo que Don Manuel le respondió de manera lógica pero no exenta de asombro que, por muy duro que fuese, no lo sería más que lo que afirmaba la propia Doctrina de la Iglesia.
¿A qué se debía la sorprendente llamada del líder de los obispos? A razones no precisamente doctrinales, sino mucho más terrenales y espurias, ya que la Iglesia tenía problemas de financiación, dependiendo de la negociación con el entonces gobierno socialista.
Pese a que el Ejecutivo de Felipe González respetó la letra de los Acuerdos con la Santa Sede, tensó en no pocos casos la cuerda, yendo contra el espíritu del mismo, y un ejemplo de ello fue el nombramiento del ateo y anticlerical declarado Gonzalo Puente Ojea como embajador en el Vaticano. No obstante, la sangre nunca llegó al río.
A las necesidades de financiación, agravadas por la falta de vocaciones, se sumaban los complejos de la Iglesia por su pasada vinculación al Franquismo, que no fue una opción política sino de supervivencia de la fe, pues la izquierda perpetró en la década de 1930 el mayor genocidio de la Historia contra los católicos, con 7000 sacerdotes y 13 obispos, a lo que se suma una abultada como indeterminada cifra de personas asesinadas por su fe.
El propio Díaz Merchán, que llamó a Fraga, había dicho en vísperas de las generales de 1982, en las que arrasó el PSOE, que “la derecha tiene aspectos incompatibles con la sensibilidad cristiana”. Es cuanto menos chirriante que lanzase una crítica indirecta contra AP que favoreció a la izquierda en un momento en el que Felipe González llevaba en su programa electoral la aprobación de una Ley del Aborto que atentaba contra lo más básico de esa sensibilidad cristiana a la que apelaba: la vida del más indefenso, la del ser humano no nacido en el vientre de su propia madre.
Ya en la Transición, la Conferencia Episcopal por medio de su secretario general, Gil Tamayo, no sólo no apoyó, sino que desautorizó a la Democracia Cristiana, evitando que emergiera una fuerza pujante de dicha naturaleza como en Italia. En este sentido, el propio Gil Tamayo llegó a decir que a las elecciones se presentaban opciones con la etiqueta cristiana pero que no contaban con el apoyo de la Iglesia. Ello digo lugar a que la Democracia Cristiana fuese fagocitada por UCD, que integraba en sus filas a un potente sector socialdemócrata que acabó en el PSOE, el cual estaba liderado por Fernández Ordóñez, que bajo un Ejecutivo centrista impulsó una Ley del Divorcio que vulneraba la propia separación Iglesia-Estado al instaurar un sistema de matrimonio civil obligatorio y matrimonio religioso subsidiario. Cabe añadir que el propio anuncio de dicha ley por parte de Fernández Ordóñez se hizo desde una proclama que no podía ser más anticlerical al afirmar que, con dicho texto, se pretendía “acabar con la excesiva influencia de la Iglesia en España”.
Otra anécdota que no deja de ser reveladora es que cuando el centrista Pérez-Llorca incluyó en la Constitución una referencia expresa a la Iglesia Católica, Tarancón le presionó sin éxito para que la suprimiera. Dicha enmienda contó, de manera que a muchos puede sorprender, con el apoyo de los comunistas, de hecho, el propio Carrillo llegó a decir públicamente que “La Iglesia Católica en España no tiene parangón con otras confesiones igualmente respetables”. En efecto, la oposición a dicha inclusión vino del propio partido al que pertenecía su proponente, es decir, de los sectores liberales y socialdemócratas de UCD, el partido al que la Conferencia Episcopal había apoyado.
Con estas credenciales, no es de extrañar que, en su primera visita a España, Juan Pablo II reprendiese a Tarancón por el retroceso que había sufrido el catolicismo bajo su batuta.
En las recientes elecciones andaluzas, los obispos andaluces emitieron un comunicado que presenta tanto luces como sombras, pero que en el lado positivo de la balanza arroja una mayor claridad moral en torno a los criterios que los creyentes deben tener presente en su conciencia a la hora de depositar el voto.
Desde el programa “Concilio de la Santa Cruz”, que cuenta con la presencia de José Andrés Calderón, el líder del Rosario en Ferraz, que es una persona respetable y coherente que vive con firmeza su fe, fueron desgranados cada uno de los puntos. En este caso, iré un paso más allá al tratar, humildemente, de interpretar qué partido reunía mejor cada uno de dichos puntos:
- El rechazo de la polarización: Si bien es cierto que las formas de VOX son, salvando las distancias, similares a las de Trump y contribuyen a polarizar, como dijo en su día Espinosa de los Monteros, la polarización no nació con VOX sino con Podemos, garantizando VOX que haya un cierto equilibrio al evitar que sea sólo contra un lado del espectro político, naciendo como una reacción contra las personas que eran señaladas por llevar la bandera nacional, por ser católicos o aficionados a la tauromaquia.
Como señaló el propio José Andrés Calderón, el mayor polarizador de la Historia fue Jesucristo, que dijo “Yo he venido a unir al mundo, pero también a dividirlo, porque tiene que haber un juicio para los buenos y otros para los que no lo son”. En efecto, su mensaje dividió a la sociedad del momento, pues muchos creyeron en él y lo siguieron y otros muchos lo rechazaron e hicieron que fuese condenado a muerte.
Lo que diga la mayoría no siempre es la verdad, pues la democracia es un medio para regular la convivencia y se basa en la regla de la mayoría. No obstante, lo más importante es aquello que está en el núcleo más profundo de las enseñanzas de Jesucristo: el amor al prójimo, es decir, odiar el pecado y amar al pecador, sin juzgarle ni condenarle.
Vaya por delante que, aunque comparta buena parte de sus ideas, no me gustan las formas de VOX. Creo que la lucha debe ser de ideas y no de personas, debiéndose entender las motivaciones de las personas que están en nuestras antípodas ideológicas, sin que se produzcan señalamientos de uno u otro lado, debiéndose recuperar el espíritu de la Transición, ya que en 1977 se unieron en unas Cortes personas con familiares asesinados por uno u otro bando que debatían desde la tolerancia y el respeto. Los ejemplos son abundantes: Calvo-Sotelo con la Pasionaria, que había amenazado en las Cortes a su tío (“Has hablado por última vez”) o Fraga y Carrillo hablando de manera civilizada en el programa “59 minutos” sobre memoria histórica.
En torno a las formas, se puede apreciar que alude al PP como mejor opción, mostrando Moreno, más allá de lo que políticamente se le pueda criticar, una manera de proceder siempre educada y respetuosa con el adversario. Por ello, el perfil ideal debería ser el de alguien con valores profundos que no abdique de sus convicciones pero que tenga formas moderadas, y un ejemplo de ello es un perfecto caballero como Mayor Oreja.
- El comunicado alude a la defensa de la libertad religiosa, de enseñanza, la garantía de la objeción de conciencia y el rechazo a la eutanasia, que es algo que tanto PP como VOX cumplen, sólo que, en el caso del PP, pese a votar en contra de esta práctica, a diferencia de VOX, no se ha comprometido a derogarla, en consonancia con su trayectoria histórica de consolidar por inanición toda la legislación ideológica de la izquierda.
En el caso del rechazo al aborto y la defensa familia tradicional, sólo VOX lo cumple, ya que el propio Moreno, en línea con esa versión pija del PSOE que era Ciudadanos, no dudó en burlar las condiciones de VOX y crear la Consejería de Familias.
- También se alude a la inmigración, cuestión a la que se le da mucho peso en aras de crear un muro infranqueable con VOX, que ha hecho de ésta su principal bandera. No obstante, pese a hablar de la acogida de los inmigrantes, en línea con León XIV y en contraste con su predecesor Francisco, se reconoce el derecho de los Estados a regular los flujos migratorios, por lo que, en este aspecto, también están en consonancia con el PP.
- Cuando se habla de la ayuda a los más vulnerables, es decir, jóvenes, ancianos, enfermos, desempleados y personas con empleos precarios, se podría concluir que en materia de políticas sociales estarían en línea con el PSOE, ya que las candidaturas más a la izquierda, como es el caso de los comunistas de Por Andalucía y Adelante Andalucía, sostienen políticas asistencialistas que son 100 % públicas, mientras que la Doctrina Social de la Iglesia se basa en el principio de subsidiariedad, que se traduce en la colaboración con asociaciones privadas como Cáritas.
- Por último, se aludía a la defensa del medio ambiente, que en este caso cabe decir que ya es algo más propio de la Agenda 2030 que de la Doctrina de la Iglesia y de los principios no negociables de Benedicto XVI, estando en este caso más en línea con los partidos de la izquierda radical (Por Andalucía y Adelante Andalucía), que dicen primar el agua, el suelo y la naturaleza sobre el beneficio económico, y en menor grado con el PSOE, ya que tiende a llevar a cabo macroproyectos urbanísticos y energéticos.
- El comunicado concluía atacando a aquellos partidos que, en opinión de los obispos andaluces “instrumentalizan aspectos de la vida religiosa con fines ideológicos”, algo que, de nuevo, se puede considerar un ataque directo a VOX, ya que Abascal, en fechas recientes, ha hecho mítines al lado de iglesias, pero fueron en plazas del pueblo, es decir, en la vía pública, siendo una iglesia un símbolo para apelar a la identidad y el patrimonio frente a la islamización.
En este caso concreto, el documento del episcopado incurre en una notable contradicción, ya que en el mismo texto hace un llamamiento a los católicos para que no se inhiban de su responsabilidad, pero si apareciera un político coherente, le acusarían de “utilizar aspectos de la vida religiosa”. Me remito a lo dicho por San Josemaría Escrivá en su obra doctrinal “Camino”, que criticaba que, bajo la falacia del aconfesionalismo, muchos dejasen de lado su condición de católicos en el trabajo o en el Congreso como quien cuelga el abrigo en una percha. No es, por tanto, algo que pueda disociarse, porque ser católico es llevar a la práctica un modelo de vida que da testimonio de la grandeza de Dios.
A la hora de votar, personalmente trato de hacerlo también en base a mi condición de católico, y soy plenamente consciente de que no hay un partido de la Iglesia, ninguno que esté al 100 % en consonancia con su doctrina, siendo el caso de formaciones testimoniales y ya desaparecidas en la práctica como Alternativa Española (AES), que era un partido confesional. No obstante, la Iglesia no apuesta por los partidos de católicos y para católicos, de hecho, San Juan Pablo II apostó por que hubiera católicos en diferentes partidos, naturalmente con límites, ya que no pueden integrarse en las filas de formaciones materialistas, marxistas o neonazis, por citar un ejemplo, ya que están frontalmente en contra del Evangelio.
Adentrándonos en la cuestión más puramente política y terrenal, a día de hoy, España sufre el gobierno más radical de la democracia, con una clara ofensiva contra la Iglesia, tratando de reducir el peso del catolicismo en la sociedad, algo que se manifiesta en los ataques a la educación concertada, hacer que la asignatura de Religión no sea evaluable, se han revisado las inmatriculaciones de la Iglesia, haciendo que ya no esté exenta del ICIO y Contribuciones Especiales pese a su labor de conservación del patrimonio, que ahorra ingentes cantidades de dinero al Estado, en aras de asfixiarla económicamente y dañar su imagen. Incluso se han impuesto penas de cárcel por rezar o informar a las mujeres en las puertas de las clínicas abortistas.
Mientras que la Conferencia Episcopal alzó públicamente su voz cuando se produjo la polémica de Jumilla para que no se cediesen instalaciones municipales para festividades musulmanas como el Ramadán y la Fiesta del Cordero, no dijo nada cuando a José Andrés Calderón se le impuso una multa por rezar en Ferraz bajo un pretexto falso, pues se le acusó de incitar a cortar el tráfico. La denuncia fue archivada porque se demostró que únicamente se limitó a rezar, marchándose antes de que otros incitaran a cortar la circulación de vehículos, algo de lo que él en modo alguno tomó parte.
Cabe añadir que, ante la exhumación de Franco, tanto la Conferencia Episcopal como el propio Vaticano se lavaron las manos ante la profanación de un lugar de culto protegido por los Acuerdos con la Santa Sede, del mismo modo que guardan silencio cuando el gobierno trata de resignificar el Valle de los Caídos, eliminando la Piedad y la figura de los Evangelistas, mientras dedican todas sus energías a atacar al único partido que, con contundencia, se atreve a defenderlos de esos ataques anticlericales, que es VOX.
Como decía Chesterton: “Quiero una Iglesia que mueva el mundo, no que se mueva con el mundo”, y en este caso concreto, son pocos los obispos que tienen la valentía de no plegarse a lo políticamente correcto y enfrentarse al poder establecido. Es el caso del obispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, que apoyó la medida de VOX en Jumilla, saliéndose de la tónica habitual del episcopado español: muy vocal contra VOX y muy tibios frente a un gobierno que les hostiga.






1 Comment
La anécdota inicial, relatada por Verstrynge en uno de sus libros, de la infame llamada de Díaz Merchán a Fraga sobre su posición ante el aborto, para un católico es una vuelta de tuerca más en la pérdida de confianza y credibilidad sobre la jerarquía eclesiástica a través de la Conferencia Episcopal Española, cuando se cruzan en su camino los intereses monetarios. ¡Qué triste!