Entendemos por codicia el afán desmedido de una persona por tener riquezas y bienes, algo que implica un deseo vehemente de posesiones, ya sean materiales (riqueza, propiedades, bienes), o inmateriales (estatus, títulos, poder, influencia).
Desde el punto de vista de la moral cristiana, quien cae en este pecado capital, ambiciona tener más de lo que necesita para vivir, y de ahí que pueda llevar a algunos a incurrir en conductas al margen de la legalidad, todo lo contrario a la virtud de la generosidad o de la solidaridad, pues no se tiene moderación ni miramientos con los demás.
Meditaba hace unos días sobre la diferencia entre la codicia y la avaricia (en esta última prima el anhelo de conservar y no gastar lo poseído) y recordaba cómo ha habido ejemplos de codiciosos a lo largo de la Historia de la Humanidad que han acabado mal por su sed insaciable de poseer, cuando leí que Bernie Madoff había fallecido el pasado catorce de abril en prisión, un farsante condenado en 2009 a 150 años de cárcel por arruinar a miles de personas e instituciones, desde su firma Bernard L. Madoff Investment Securities, ubicada en el rascacielos Midtown de Manhattan.
Esos clientes, como tantos ha habido en todos los tiempos, no se cuestionaban los escandalosos beneficios (ficticios) que recibían, y les tranquilizaba que la firma era auditada, sin preguntarse para qué otras firmas trabajaba el auditor (no tenía ningún cliente de primer nivel), hasta que vieron que no podían recuperar sus fondos en diciembre de 2008. Este hombre arruinó a ricos, como Steven Spielberg o al actor Kevin Bacon, fondos de pensiones, fundaciones de caridad y ONG que le habían confiado la gestión de su tesorería y a pobres jubilados que se veían obligados ahora a vivir de la caridad.
Entre otras cuestiones, llama la atención cómo se indagó hasta descubrir que el fraude comenzó en la década de los setenta del pasado siglo; que en el año 2000 hubo denuncias ante las autoridades financieras que fueron ignoradas, y que el agujero llegó a los 65.000 millones de dólares. El episodio fue una humillación para las autoridades financieras, para los Bancos que hacían de depositarios de los fondos, como JP Morgan Chase, y para toda la prensa económica: ¿nadie vio nunca nada? Tras ser declarado culpable por un tribunal de Nueva York, se suicidó uno de sus hijos al año siguiente (también lo hicieron algunos de los arruinados) y otro hijo falleció de un linfoma en 2014.
En España recuerdo durante mi etapa como responsable de Desintermediación financiera de una Caja de Ahorros sevillana, cómo había clientes que se acercaban a retirar sus ahorros para invertirlos en Fórum Filatélico porque “a sus conocidos les iba muy bien, y los plazos fijos rentaban muy poco”, sin preguntarse cómo un negocio de sellos podía aportar ganancias que superaban el 10 % cuando los intereses bancarios estaban por la mitad, ni caer en la cuenta de que no es lo mismo ahorrar que invertir (riesgo).
Y qué decir de los chiringuitos financieros, denunciados cada año por la Comisión Nacional del Mercado de Valores, autoridad española en la materia desde 1988, que siguen engañando a ilusos que confían sus ahorros a desconocidos sin contar con ningún respaldo solvente, y que actúan sin escrúpulos ante cualquier persona que se ponga a tiro.
La semana pasada, sin ir más lejos, afloró una estafa de 600 millones de euros que afecta a unos cincuenta directivos españoles a los que se les prometía una rentabilidad del 60 % al invertir en la compraventa de níquel por un agente que operaba desde Singapur.
Ciertamente, la educación financiera está dando ya pasos de gigante desde la introducción de los conocimientos financieros en el bachillerato, la creación de la página web “finanzas para todos” promovida a medias entre el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, así como por esfuerzos desde muchas instituciones financieras y asociaciones de usuarios bancarios, como ADICAE, la implantación de los estudios universitarios de Finanzas y Contabilidad en las dos Universidades sevillanas, y los grados superiores de Administración y Finanzas en Formación profesional, pero la condición humana hace que una y otra vez se atiendan los cantos de sirena de quienes prometen rentabilidades muy por encima de las que ofrecen los mercados.
No juzguemos a los que se han dejado seducir por impostores y ojalá que siempre sepamos cerrar los oídos a quienes nos tientan con ganancias desmedidas, visten sus argumentos con términos técnicos y nos regalan halagos que engordan nuestro ego, pero, no nos engañemos: nadie está libre de caer en la tentación de la codicia.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Hola,
El contrato mayoritario en forum era el abono filatelico que dabas una pequeña cantidad mensual y al cabo de 10 años tenias un ahorro. El tipo de interes no era desorbitado era algo mas alto que el de mercado pero no desmesurado.
Despues estaba la confianza que daba una empresa con larga y notoria trayectoria y el apoyo que le dieron desde las instituciones publicas con publicaciones en revistas oficiales, recomendaciones de ministros, etc.. (incluso con certificado de máxima solvencia firmado por una empresa estatal einforma del grupo CESCE) que sabian explotar a la perfección desde la empresa para hacer crecer el negocio.
A pesar de tener muchas pruebas de que se estaban cometiendo delitos en la empresa (Banco españa, Aduanas, Unidad de delitos economicos, etc..) las autoridades en vez de actuar aprobaron en el 2003 una disposición (con Rodriguo Rato como impulsor) que les daba cobertura para operar sin supervisión y desde entonces multiplicaron el dinero captado. (Lo que daria por saber los motivos de esta normativa).
Así que a estas alturas no solo desconfio de los delincuentes fugados tambien me parece que hay que tener cuidado con los organismos de control.
Esto me parece que no te lo enseñarian en ningun curso de cultura financiera.