Es cierto que una imagen define, mejor que un millar de palabras, cualquier sentimiento y cualquier realidad.
Veo la fotografía de Robert Cappa que muestra a un oficial y a un grupo de soldados del ejército aliado el 6 de junio de 1944, americanos, polacos o australianos, durante el desembarco de Normandía, prestos a liberar a Europa del yugo del nazismo o a morir en el intento. Y acude rauda a mi mente una bellísima palabra, por la que vale la pena empeñar la vida: LIBERTAD.
En una manifestación del 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, se adivina la figura de mi amiga Mar Pappalardo, implicada desde siempre en el movimiento provida, feliz, sonriente y rodeada de niños, tras una pancarta de esas que son feministas de veras, con una contundente leyenda que reclama el apoyo de las administraciones a las mujeres gestantes, para que puedan dar a luz a los inocentes brotes que crecen en sus vientres. VIDA. Sin ambigüedades, sin recovecos ni medias tintas. VIDA.
En la noticia del periódico aparecen los Concejales Cristina Pelaez y Gonzalo García de Polavieja, apremiando al Alcalde a que restaure, de una bendita vez, la emblemática «Cruz juradera» del siglo XVII, sita junto al arquillo de San Francisco, destrozada hace más de un año por ciertos bárbaros, y que es seña de la identidad y del alma de Sevilla, ante la cual nuestros antiguos cerraban tratos con un apretón de manos y poniendo de testigo a Su Creador. Y a cualquier vecino de bien se le embriaga el corazón con la palabra DIGNIDAD.
Miren ahora la cazadora de Santiago Abascal. Contémplenla con detalle. Véanla adornada con chorreras de naranjas y de tomatazos, propinados por piaras de vacaburros, manipulados por perversos medios de comunicación que les han reiterado, hasta el hartazgo, que en Catalunya es persona non grata todo aquel que se atreva a hablar, en castellano y para más INRI en la campaña electoral, del buen hacer de los españoles y de la unidad de nuestro país, que por algo Puigdemont y demás ralea van de señoritos, seres superiores con indultos y prebendas, que jamás se rebajarán a batirse el cobre currando como los maquetos de la vieja Hispania, faltaría más.
Comparen ahora su cazadora con el traje militar, lleno de algas y salitre, del sargento americano que sonríe a pie de playa.
Este último en Normandía el día D, creyendo en el universo de libertades y derechos que recuperarán cuando manden al Tercer Reich al vertedero de la historia, como se merece.
Y el otro, Santiago Abascal, desembarcando en territorio comanche de Vic o de Gerona. LLamando al pan pan y a Cataluña España. Diciendo las verdades del barquero acerca de los independentistas que oprimen al pueblo. Que ya está bien de que España dependa de cuatro tontos con lacitos amarillos, en virtud de una Ley electoral que él apuesta por modificar en cuanto la gente con vergüenza le apoye, de modo que un voto valga lo mismo en Cádiz, en Cartagena o en Tarragona y que nuestras Cortes representen, realmente, la voluntad popular. Que tan verdad es que cada cochino tiene su San Martín, como que a los independentistas les aguarda su particular juicio de Nuremberg, por egoístas y paletos, cuando su proyecto de España con mayúscula resuene en el Parlamento.
Uno, el militar, sin miedo a la metralla de los nazis. Y el otro, Abascal, con redaños y llevando como galones insultos y pedradas, que si le arrojan tomates él se defenderá con un par de huevos. Entiéndanme.
Veo su cazadora. Y se me dibujan en el alma las palabras DIGNIDAD, VIDA y LIBERTAD. Es decir: ESPAÑA.
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com





