En política, los gestos vacíos suelen ser el refugio de quienes carecen de coherencia y valentía. Lo vivido recientemente en Espartinas es el vivo ejemplo de cómo el sanchismo local, encarnado por la alcaldesa Cristina Los Arcos y su equipo de gobierno, prefiere el teatro de la propaganda antes que asumir un debate democrático real sobre la seguridad nacional y la integridad de nuestras fronteras. Asistimos a una estrategia de dos caras, diseñada con el único propósito de tapar las vergüenzas de las destructivas políticas de su partido a nivel nacional.
Por la mañana, la alcaldesa escenificó una falsa disidencia. Al contraprogramar la manifestación en defensa de Ceuta convocada por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), adelantándola unilateralmente a las 12:00 horas, el gobierno socialista no buscaba defender a los españoles. Buscaba desactivar la protesta. Cambiar la cita a una hora plenamente laboral persigue un objetivo evidente: diluir la participación ciudadana, evitar que los vecinos de Espartinas abarroten la plaza a las ocho de la tarde y, de paso, apropiarse del titular de manera controlada y sumisa frente a las directrices de Ferraz. Es un constitucionalismo de escaparate, pensado para la foto fija y no para la acción política real. Intentan maquillar la realidad para que parezca que protestan, cuando en verdad están ejecutando una maniobra de desactivación social y contención de daños.
Sin embargo, las caretas caen por la tarde, cuando los focos de la propaganda mañanera se apagan y se encienden los del Pleno municipal. Es ahí, en la sede de la soberanía local de todos los espartineros, donde el Gobierno de Espartinas ha consumado un verdadero atropello democrático al vetar directamente las propuestas de resolución presentadas por la oposición (Vox y PP) para debatir sobre la gravísima crisis migratoria, social y de seguridad que sufre la ciudad autónoma de Ceuta.
Impedir de forma preventiva e ilegal que los legítimos representantes de los ciudadanos debatamos sobre la defensa de nuestra soberanía nacional es una intolerable mordaza institucional. No estamos ante una simple cuestión de burocracia u orden del día; es la aplicación de un rodillo ideológico que vulnera el derecho fundamental a la participación política y que hurta a nuestros vecinos la posibilidad de ver reflejado el sentir mayoritario del municipio frente al drama fronterizo.
¿Cómo se puede afirmar sin ruborizarse que se apoya al pueblo ceutí por la mañana mientras por la tarde se censura e impide cualquier declaración institucional que exija soluciones reales al Ejecutivo de Pedro Sánchez? La respuesta es tan simple como demoledora: tienen un miedo pánico al debate abierto. Temen que se evidencie la complicidad de las siglas del PSOE local con el abandono sistemático de nuestras fronteras, con el efecto llamada de la inmigración ilegal y con el desamparo que sufren las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que las custodian.
Desde Vox no vamos a ser cómplices de este teatro de cartón piedra ni vamos a permitir que se asfixie la libertad de expresión en nuestro municipio. Los ayuntamientos no son los platós de televisión privados del partido gobernante para hacerse campañas de imagen pública, sino espacios de debate y gestión al servicio de España y de los ciudadanos. Frente a su veto y su sumisión ideológica al sanchismo, desde nuestro grupo municipal seguiremos rompiendo el silencio que pretenden imponer. Continuaremos defendiendo la libertad, el debate democrático y la dignidad de nuestra nación frente a cada una de sus imposiciones y mordazas.





