En una visita que realicé siendo muy joven a Vitoria (Álava), me explicaron que era la única provincia española que tenía dentro de sus límites una extensión perteneciente a otra provincia, que además era dominio de otra comunidad autónoma: el condado de Treviño, que es territorio burgalés, y por ende, perteneciente a la comunidad de Castilla León.
El hecho, en efecto, me resultó llamativo y singular, pero no le di más importancia que al resultado de una división administrativa dentro del Estado español, con sus lógicos inconvenientes para sus habitantes, y cómo no, un tema para los políticos que tenían algo recurrente en cada legislatura.
Sin embargo, hay algo parecido en Europa, que sí me ha llamado recientemente la atención, por las consecuencias que puede tener dada la actual coyuntura bélica en nuestro continente. Se trata de Kaliningrado, una rareza geográfica separada de la madre Rusia, que va a dar al mar Báltico y que se encuentra en la frontera entre Lituania y Polonia, ambos países pertenecientes a la OTAN, en un territorio de la antigua Prusia.
Buceando en la historia de esta provincia (óblast) con capital del mismo nombre, resulta que fue la cuna de Enmanuel Kant, quien no salió nunca de su ciudad natal, (en aquella época se llamaba Königsberg) y que fue alemana hasta abril de 1945, a finales de la segunda guerra mundial.
En estos días de asueto, calor y desconexión con la rutina diaria, me van a perdonar que les cambie el paso y comparta con ustedes mi preocupación al saber que esta provincia representa una amenaza perpetua para Suecia, Finlandia, Polonia, Lituania, y si me apuran hasta Dinamarca, es decir, para Europa, porque estamos ante un caballo de Troya con un arsenal nuclear que lleva décadas inquietando a los estrategas militares. Por el hecho de no mencionar el agua, no se nos va a quitar la sed.
En efecto, ya en 2016, un informe de la Corporación Rand para la OTAN, concluía que al ejército ruso sólo le llevaría 60 horas seguir avanzando para conseguir las capitales de Estonia y Letonia. Su puerto es el único de Rusia en el mar Báltico que no se hiela en invierno y cuenta con un fuerte despliegue de misiles con cabezas nucleares y un alcance de 500 Kms, cuya entrada en acción tendría consecuencias imprevisibles.
La búsqueda de fronteras ancladas a territorios estratégicos ha sido una constante de Rusia a lo largo de su historia. De esta manera, conquistando territorios o utilizando estados satélites, se alcanzó la mayor expansión territorial en tiempos de la Unión Soviética, hasta su caída a finales de los años ochenta del pasado siglo.
Kaliningrado pasó por un proceso de “rusificación”: Stalin expulsó a la población de etnia alemana, y se mandaron militares rusos con sus familias a la zona, que estuvo vetada a extranjeros hasta 1991. La Historia se repite ahora en la península de Crimea y el este de Ucrania, no sin presentar batalla.
El por qué les hablo de esta cuestión, es debido a que el pasado sábado 29 de julio, el primer ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki, comunicaba que más de un centenar de combatientes del Grupo Wagner se dirigían hacia el corredor de Suwalki, en la frontera entre Lituania, Polonia, Bielorrusia y el enclave ruso de Kaliningrado. En su comunicado avisaba de que los mercenarios se encontrarían cerca de Grodno, una ciudad ubicada en el oeste de Bielorrusia, con la intención de disfrazarse de emigrantes para intentar cruzar la frontera.
En medio de todo esto, la ciudadanía de Kaliningrado se divide entre la que no es permeable a la propaganda rusa, porque conoce Occidente de primera mano por su especial posición geográfica, y la que culpa de los problemas a Occidente.
Ciertamente, se trata de una cuestión de la que posiblemente se hablará en fechas próximas, y que nos hace recordar una frase, precisamente, de Enmanuel Kant: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





