Estamos de suerte. Pues además de que dicen que tenemos la generación de jóvenes mejor preparada de nuestra historia, hace unos días nos hemos levantado descubriendo que también contamos con tropecientos mil españoles (y españolas) expertos en análisis al minuto de procelosas resoluciones judiciales. ¡Y muchísimos de ellos (y ellas) sin necesidad de conocimientos jurídicos previos! Y es que, cuando las masas gozan de un innato olfato jurídico que no requiere de conocimientos legales ni nada que se le parezca, sobra todo lo demás.
Esto explica que, apenas conocido el fallo que condenaba a nueve años de prisión a los tipejos esos de «la Manada», aflorasen multitudes de opiniones vociferantes rechazando una sentencia de 370 folios, sin necesidad siquiera de leérsela. No cabe duda de que el hecho de que tantísimos cientos de miles de ciudadanos (y ciudadanas), ayunos de formación y conocimientos legales, gocen de ciencia jurídica infusa, es signo de que somos un pueblo avanzado y progresista.
¿A qué ha venido tanto debate superfluo sobre lo que se ve o no se ve en el video de marras…, o sobre los hechos que pudieron considerarse o no probados…, o sobre las leyes penales aplicables e interpretables, y otras minucias…? ¿Que cuáles fueron los hechos? Pues, ya lo sabemos: ¡los que dicen que fueron! ¿Que qué dice la ley? Pues, lo que dicen que dice. Pero a ver: ¡si hasta el ministro de Justicia nos ha señalado el camino a seguir: apartar a los jueces que a su criterio padezcan «algún problema singular»!
Es lógico que el máster ese que le endilgaron por la cara a la Cifuentes ocasionara tanto escándalo; porque aquí media España ha resultado ser experta en Derecho también por el morro, y nadie les regala un máster. ¡O todos moros (con perdón) o todos cristianos (con más perdón todavía)!
Y además, ¿qué sabrán los jueces, que seguro que tienen el culo pelao de tanto estudiar y leer (¡con lo aburrido que es eso!), sobre lo que es una auténtica justicia verdadera y antipatriarcal? ¡Con lo emotivo que era aquello tan resolutivo de los añorados tribunales populares!
(Mientras tanto, los poquísimos que -además de habernos leído íntegramente la sentencia- somos licenciados en Derecho, observamos con indisimulada preocupación, la peligrosa deriva a la que se conduce un país al que se le intoxica echando leña al fuego de sus sentimientos más inflamables, enfrentándole torpemente a la profesionalidad e independencia de sus jueces).





