Cada año, a mediados de septiembre comienzan a abrir las salas y galerías de arte por toda España, porque aunque puedan pensar lo contrario en España hay salas de exposiciones y galerías de arte por todos lados. Desde hace muchos años hay salas expositivas de arte en localidades medianas y pequeñas, casi todas de la administración pública y algunas, las menos, de iniciativa privada. En algunas de estas salas sus gestores no pueden evitar el exponer, a veces, obras mediocres, otras malas de solemnidad y las más de las veces exponen trabajos, de eso que se ha dado en llamar «arte emergente» de «artistas visuales». En estas salas de la administración pública arropan a estos «artistas visuales emergentes» naturalmente con dinero público, ese que como dijo doña Carmen Calvo Poyato, no es de nadie.
De este regalar dinero a «los visuales emergentes», no se libra ni mi tocaya, Isabel Díaz Ayuso, ni su compañero de partido y alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. Como verán, la derecha no puede ser menos en la escalada de la estupidez cultural visual y emergente y contra cultural y, como no puede ser menos este comienzo de temporada en la capital del Reino, se ha iniciado con una exposición de en la Sala Alcala 31 – antigua sede del Banco Mercantil e Industrial – dedicada a la obra del «visual emergente» Jacobo Castellano, un jienense de 48 años que estudió en la Facultad de Bellas Artes de Granada. No sé si dentro de las disciplinas que le impartieron en la «Alonso Cano» estaba la de cómo convertirse en farsante, alegando para ello una alergia a los lácteas y a la trementina, vulgo aguarrás, alergias ambas que dice el «emergente» le han llevado a dejar la pintura – se conoce que nadie le dijo que existe el oleo al agua y la pintura acrílica – para abrazarse a una viga vieja. ¡Perdón! Quise decir que se ha abrazado a la escultura, de la damajuana forrada con guita gorda y del reciclaje de cartón con los que crea inspirándose, según él, en lo que ha ido viendo en sus vistas al Museo del Prado, y así le ha salido un bodegón con vaso de leche evocando a los de Sánchez Cotán. ¡No era nada lo del ojo y lo llevaba en la mano!. El «emergente» jienense también dice haberse inspirado en Goya y yo busco en sus «emergencias» a Goya y no hay manera, oigan, no lo encuentro.
Vean la obra de este emergente por Internet y entenderán de lo que hablo. Con todo esto de los «emergentes» no puedo menos que pensar que lo de las facultades de Bellas Artes, a día de hoy, es una monumental estafa.
De todas formas, no crean que estas «emergencias» se ven solo en el arte pictórico o escultórico, también las encontramos en el mundo del baile flamenco, ese arte mayor que los «emergentes» del ramo se empeñan en hacer menor. En este campo los «bailaores emergentes» se convierten en bailarines de la compañía de danza contemporánea de la estadounidense Marhta Graham, ( Pittisburg, 1884- N.Y, 1991 ). Modernos ellos, no se dan cuenta que se les ve el plumero, que hacen esto porque bailar flamenco bien, es muy difícil y que hasta para hacerlo regulín hay que tener cierta gracia y eso que llaman compás. Donde se ponga Carmen Amaya, o si nos ponemos más cultos y leídos, «La Argentinita», las coreografías de la Graham no tienen nada que hacer, por mucho que nos quieran vender al matarife del flamenco pasándolo por el paraíso. Los «emergentes» odian lo que dicen amar, no lo olviden.





