En 2014, cuándo se fundó Podemos, al hilo intuitivo de un Iglesias que supo ver que la lucha contra la casta le depararía sustanciosos réditos de todo tipo, hubo 516.492 personas que se apuntaron a la maravillosa idea de un ocurrente iluminado surgido del ilusionante movimiento 15M. Pero aquellos aires con proclamas renovadoras de los vicios de la política y con promesas de la “tierra prometida”, se han ido echando año tras año, abandono tras abandono, expulsión tras expulsión hasta quedar, tan solo, en el ambiente social un reconocible vientecillo que nos trae olor a chamusquina.
Para hablar de Podemos o Unidas Podemos, o lo que quede pronto de ellos, y de todos los sucedáneos territoriales nacidos con el mismo abonado cabe organizar su corta historia en dos apartados. Uno, el fondo y dos, las formas.
El fondo. Los inscritos y los votantes cayeron en el error fundamental de que Podemos era una opción nueva, justa y enriquecedora que venía a arreglar los desmanes de la vieja política que impiden -según ellos- el desarrollo social y la igualdad. Hay que volver a repetirlo. Podemos defiende las ideas comunistas decimonónicas que tanta pobreza, atraso y sufrimiento han traído a millones de personas. En este sentido constituye también un viejo vicio de la política pero disfrazado de opción novedosa y esperanzadora. He aquí el engaño. No hay nuevas ideas sino nuevas nomenclaturas de los viejos postulados. La habilidad retórica de algunos -Iglesias entre ellos- ha producido el milagro de convertir en nuevo e ilusionante, lo viejo y fracasado. En esta nueva época, los ciudadanos debemos de luchar contra los vicios de la vieja política y contra los vicios idénticos de la nueva política de Unidas Podemos. Muchos de sus seguidores han descubierto ya la trampa tan bien instilada en la “novedosa doctrina”.
En Vistalegre 1 (2014), votaron presencialmente 112.076 inscritos. En Vistalegre 2 (2017), 155.000. Y en Vistalegre 3, 59.201, eso sí, telemáticamente y sin debate alguno previo. En 2015, Podemos tuvo 5.189.333 votos; en 2016, ya como Unidas Podemos, 5.049.734; el 28 de abril de 2019, 3.732.929; y el 10 de noviembre de 2019, 3.640.063. Un partido que en cuatro años, sin desgaste por gobernar, pierde 1.549.270 votos no es la organización reveladora y revolucionaria que conecta mágicamente con la sociedad, ni siquiera con los trabajadores. ¿Cómo es posible, entonces, que su líder siga creyéndose sus propias fantasías liberadoras de los viejos vicios de la política?. Porque todavía mantiene que el método de la rana es infalible. ¿Qué ha aportado Unidas Podemos a España?. Pues, ministros, amiguetes bien remunerados y un vicepresidente y poco más, es decir, más gastos de estructura gubernamental. En las siguientes elecciones generales, veremos.
Las formas. Básicamente, utiliza la propaganda y la violencia. Iglesias necesita la propaganda para subsistir y adonde esta no llega, lo hace con la violencia. La de sus palabras y la de sus acólitos, y la ejercida en la calle. Un ejemplo. ¿No es extrema violencia decirle a una policía «cocainómana, hija de puta, que te follas a todos los policías, tu hijo debería pegarte un tiro” mientras le daba empujones y le lanzaba objetos, por lo cual ha sido condenada a un año y siete meses de cárcel e inhabilitada para la política, aunque Iglesias la nombra portavoz del partido?. Isabel Maestre, Isa para los colegas, la del ejemplo anterior, (¡vaya ejemplo!), en una entrevista reciente dice que “repetiría lo mismo que hice y lo seguiré haciendo”. En esto se parece muchísimo a sus colegas golpistas catalanes. Atisbamos un calco asfixiante con los métodos de ciertas dictaduras que están en la mente de todos.
Las dos Españas, reconozcámoslo, también han existido en los últimos cuarenta años de paz, pero decidimos todos, salvo escasas excepciones, respetarnos aunque nos mirásemos de reojo y hasta que el paso del tiempo acabe de hacer su trabajo. Iglesias no ha sido capaz, como pretendía, de embaucar con sus promesas maravillosas a la mayoría de votantes, y no lo ha sido, principalmente, porque su comportamiento como individuo y como personaje público ha dinamitado su crédito, más falso que Judas, por cierto. En cada convocatoria electoral baja el número de votantes. Visto su desplome, se agarró a la tabla podrida de Sánchez para con 35 diputados (menos que VOX con 52) entrar en un gobierno a lo Jack el Destripador (véase en sevillainfo.es mi artículo “¡Viva el 8M!”) y no hundirse para siempre. https://www.sevillainfo.es/noticias-de-opinion/viva-el-8m/
A partir de su imparable caída responde con propaganda y violencia, combinando ambas malas artes de manera que con propaganda tapa la violencia y con la violencia trata de conseguir lo que no es capaz de hacer con la primera.
Como chamán ideológico para preservar derechos y libertades juega a ser gendarme general del estado, advirtiendo con cárcel a la oposición y con cierre a los medios de comunicación insumisos. Siempre necesita a la derecha (para él solo existe extrema derecha) para la afirmación lógica de su existencia, innecesaria como ya sabemos. VOX está en el punto de mira porque dicen que es inmundicia, pero por ahora es el que cierra la puerta al salir y Unidas Podemos la que se lo ordena. Seamos pragmáticos en el análisis de la situación: VOX es la misma formación desde el principio, no tienen trastienda. Unidas Podemos sí que la tiene, y lo peligroso es que no sabemos aún hasta dónde puede llegar su fondo y el trasfondo. Su peso político es el de una mosca pero el veneno de su picadura puede ser letal para nuestra democracia.
Unidas Podemos no es, ni llegará a ser, la fuerza revolucionaria que conquiste el poder absoluto -los pecados de sus dirigentes y los de sus doctrinas pesan demasiado-, pero ahí sigue con sus escuálidos 35 diputados como la mosca cojonera de la paz de la cabaña, cebándose con la piel de toro en las partes más blandas que son siempre las más vulnerables.





