Siempre he defendido – y lo sigo haciendo – la necesidad ética y pragmática de la ayuda humanitaria. No en vano, dediqué 15 años de mi vida profesional a esa actividad de la que me siento muy orgulloso. Pero la acción humanitaria no es buena ‘per se’ y adolece de gravísimos problemas de fondo y de forma, no siendo el menor el de su eficacia o el de su ‘politización’.
Intuyo que el debate volverá a abrirse tras la acusación de Israel a Juana Ruiz Sánchez, una cooperante española en los territorios palestinos. La acusación no es baladí y pone en la picota no solamente a la cooperante – el tiempo nos dirá en qué cooperó – sino al conjunto de la ayuda humanitaria.
Israel acusa a los Comités de Trabajos para la Salud, donde Ruiz Sánchez trabaja desde hace décadas, de desviar fondos europeos al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), una organización terrorista según Israel, Estados Unidos y la Unión Europea.
La cosa es muy seria, pues de confirmarse quedaría en evidencia que fondos de la ayuda humanitaria de la Unión Europea se habrían destinado, total o parcialmente, a financiar a una organización que la propia UE considera terrorista. El marrón es muy notable.
Y ello me lleva a plantearme algunas dudas acerca de la eficacia de la ayuda humanitaria:
¿Realmente los donantes se preocupan de evaluar la calidad de la ayuda ejecutada por tantas ONG interpuestas? ¿Se miden resultados para saber a dónde van a parar los millones de euros que la UE esta derramando alegremente en organizaciones que operan en esa zona? Si los fondos se aplicaran adecuadamente lo razonable sería contar con indicadores de desarrollo mucho mejores. Ya sé que es fácil echar la culpa a Israel. También Cuba y Venezuela culpan de su miseria a los Estados Unidos, cuando la miseria esta en sus regímenes tiránicos.
¿Se controla la transparencia y rendición de cuentas con auditorias de infarto, especialmente en aquellos contextos – como los territorios palestinos – en donde la corrupción y el nepotismo de clanes y familias impera desde hace décadas?
¿Alguien se asegura que las ONG que se califican de ‘humanitarias’ se rigen ‘de iure’ y ‘de facto’ por los principios humanitarios de neutralidad, independencia, imparcialidad, humanitarismo y transparencia? Dudo que alguien lo haga o que lo haga con el rigor debido (y revisar un código ético lleno de brindis al sol no es suficiente). Basta navegar por las webs de algunas ONG ‘humanitarias’ en la zona para darse cuenta por dónde se pasan esos principios, muy especialmente el de neutralidad.
En el caso de esta ciudadana española, presuntamente ha dado un paso más en su complicidad con el terrorismo de la organización palestina. Ya no se trata sólo de haber violado el principio humanitario de neutralidad sino de haberse convertido, presuntamente, en colaboradora necesaria o cómplice de una organización terrorista.
La justicia tendrá que dilucidarlo, con todas las garantías jurídicas que exige el Estado de Derecho, algo que parece estar en duda según la información que se está publicando.
Y los donantes europeos deberían de una vez por todas tomar las medidas adecuadas para que nuestros millones destinados a Oriente medio no terminen en manos de organizaciones terroristas que prefieren comprar misiles a medicamentos. Sus súbditos (hablar de ciudadanía en Gaza o Cisjordania es un sinsentido) les importan una higa.





