Trato hecho
Mediado ya el mes de junio, los jóvenes que felizmente terminaron sus estudios de Bachillerato han realizado la prueba de selectividad. Durante tres días de esta semana muchos estudiantes han subido los tres peldaños restantes a un tramo de escalera que se inició hace años. Alcanzan un rellano donde habrán de elegir la puerta que les adentrará en el conocimiento de la profesión que desempeñarán durante el resto de sus vidas, o quizás no, ¿quién sabe? Para ello les queda otra escalera por ascender, la carrera universitaria. En la prueba de selectividad de Andalucía las dos opciones para el comentario de texto del examen de Lengua Castellana y Literatura han sido un fragmento de la magistral obra de don Antonio Buero Vallejo «Historia de una escalera» y un editorial del diario El País bajo el título «Jóvenes precarios», relativo a la precariedad del empleo juvenil: Un clásico universal de todos los tiempos.
Gran aficionado a las artes plásticas desde la infancia, en su juventud Buero Vallejo cursó estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Fue truncada su carrera pictórica por la irrupción de aquella guerra civil que hoy aprenden los jóvenes en los libros de Historia y que pretenden tergiversar quienes no la vivieron. Con veinte años, Buero Vallejo fue llamado a filas para servir en un batallón de infantería del ejército de la República. Al finalizar la contienda, época de auténtica precariedad, fue condenado a muerte. Le fue conmutada la pena capital y siguió encarcelado como preso político (preso político de verdad, no como otros que hoy reclaman para sí ese estatus). Tras seis años y medio de encarcelamiento, que es el tiempo en el que algunos estudiantes finalizan sus carreras universitarias, fue indultado y puesto en libertad. Su reclusión le conllevó un progresivo abandono de la pintura por la falta de práctica y su inicio en la escritura dramática que en adelante se convertiría en su pasión y su vida. Don Antonio Buero Vallejo fue nombrado académico de la Real Academia de la Lengua Española en 1.972, tomando posesión de la silla X.
Una X o incógnita es el porvenir de nuestros universitarios, las perspectivas laborales que tendrán finalizados sus estudios y los cambios de rumbo que habrán de dar a sus respectivas vidas profesionales. Una gran X es el incierto futuro de las pensiones y de la Seguridad Social que desde 1.963 gozamos en España con un modelo unitario e integrado de protección social gestionado por el Estado. En esta gran escalera en la que habitamos llamada España, como consecuencia de aquella extrema necesidad de los años de postguerra existe un culto reverencial al estatus funcionarial. Desde hace decenios una buena parte de la sociedad ha buscado en el acceso a una plaza fija de empleo público el bálsamo reparador a la precariedad laboral y el resarcimiento en carne propia a las necesidades alimenticias que atravesaron sus antepasados. La cuádruple estructura administrativa del Estado: ayuntamiento, diputación provincial, comunidad autónoma y gobierno central ha fomentado la multiplicación exponencial del número de funcionarios y personal laboral fijo. Llegada la crisis de 2.007 se extiende el deseo de acceder a lo que tradicionalmente se denomina «empleo para toda la vida». Un verdadero privilegio para quien lo disfruta. Ayer, hoy y quién sabe hasta cuándo podrá sostenerse.
Aquella juventud que busque y no encuentre la apacible estabilidad del sueldo fijo nunca desespere por ello. A la memoria me viene la historia del hijo de un funcionario, un ferroviario Jefe de Estación, que lamentablemente no pudo obtener como su padre un puesto de trabajo fijo. Se empleó precariamente a la edad de catorce años como aprendiz en una tienda de tejidos y confecciones y no parece que esté traumatizado por ello. Se llama don Amancio Ortega Rodríguez y en 1963 creó una pequeña empresa textil en Galicia. Hoy su grupo empresarial mantiene en España 100.000 empleos y paga 1.000 millones de euros en impuestos. El señor Ortega creó una Fundación para promover la Educación y la Asistencia Social. Mantiene un programa de becas para estudiar Bachillerato en Norteamérica y el pasado año donó 320 millones de euros a la sanidad pública para la adquisición y mantenimiento de equipos de última generación en la detección y tratamiento de distintos tipos de cáncer.
Los primeros peldaños de la escalera suelen ser difíciles y empinados. Alentemos a nuestros jóvenes para subir sin desfallecer y a no rendirse en los rellanos del desempleo y de las adversidades. Animémosles a emprender y a tender siempre la mano a los demás. ¡Que Dios les bendiga!





