Uno de los más conocidos endosatarios de frases memorables, François de la Rochefoucauld, dejó escrito que “la hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud”. Con ello reconocía la gran fuerza social que tenían ciertos principios morales que el hipócrita era incapaz de sostener en su vida privada, pero a los que fingía un astuto acatamiento para no sentir el rechazo de sus semejantes.
En la vida cotidiana y si somos sinceros, es inevitable un punto de hipocresía, porque nuestros criterios suelen variar según seamos compradores o vendedores, consumidores o productores, propietarios o inquilinos. Pero los que tenemos una formación cristiana somos especialmente sensibles a este vicio tan humano, tanto más reprobable cuanta más distancia haya entre la indignación que muestra el hipócrita por los vicios ajenos y la complacencia y disimulo con respecto a los propios. El Maestro nos dejó una imagen llena de fuerza (y humorismo), cuando hablaba de aquellos hipócritas capaces de ver la mota en el ojo ajeno, pero que no reparaban en la viga que cargaban ellos. O aquellos capaces de colar un mosquito pero que se tragaban el camello.
Pues bien. Estamos percibiendo cómo la izquierda ha perdido el respeto humano en relación con unos supuestos vicios que ellos dicen combatir de forma agresiva e insolente, pero ante los que se muestran indulgentes cuando se trata de sí mismos. Hemos visto, por ejemplo, a la diputada por Lérida, Montserrat Mínguez, despotricar sin piedad contra los “fondos buitres” con ocasión de oportunista caso de la difunta Mari Carmen. La manipulación del caso se advierte ya desde el principio, desde el momento en que sabemos bien que la tal Mari Carmen (que en paz descanse) vivió casi toda su vida como una reina en un piso de lujo gracias a la legislación franquista y fue desahuciada por medio de una ley que hicieron los socialistas. Pero hay que tener el rostro de cemento armado para hacer una intervención en el Congreso despotricando contra los “grandes tenedores” sin entrañas que especulan y desahucian a pobres ancianitos, estando ella “casada” con el dueño de una inmobiliaria que se dedica a tan criticados menesteres. Y según las informaciones que van saliendo, el trato de favor a este señor por parte de la administración socialista es (presuntamente) escandaloso y delictivo. Si se indigna usted, tal vez sea porque es un poquito facha.
También hemos visto a la eurodiputada, Irene Montero, hacer unas declaraciones a favor de la enseñanza pública, acusando a los políticos de su región de no invertir lo suficiente en ella, cuando la buena señora tiene a sus hijos en colegios privados inasequibles para el español medio. Una individua que llamaba “casta” a los políticos que llevaban en el cargo más de una legislatura y ya lleva ella trece años viviendo de la ubre del Estado. Una tipa que cargaba contra los que habitaban en barrios exclusivos, cuando ella vive hoy en una mansión de ensueño. En fin… la coherencia.
Los ejemplos se podrían multiplicar. Casi estamos tentados de componer una enciclopedia de la “hiprogresía”, pero ya saben ustedes que el espacio de este artículo es bastante limitado.





