Dice Carmen Calvo, y ya son ganas de desviar la cuestión, que aquí mucho hablar de la puñalada trapera al usuario en el consumo de energía eléctrica pero que todo el mundo olvida preguntarse quién pone la lavadora o el lavavajillas o quién plancha. Mayoritariamente las mujeres, según dice ella.
Por ese camino acabaremos preguntando cuál es el aporte desglosado por sexos de la declaración de la renta en España y terminaremos por encontrarle la pilila a la Hacienda Pública. Y si te ponen peajes en las carreteras nos preguntaremos si quienes conducen son varones o mujeres y averiguaremos cuántas féminas trabajan en los talleres de reparación de automóviles y cuántas mujeres saben cambiar una rueda por un pinchazo. Y así hasta el infinito de la soplapollez.
No dan ganas de discutir sobre tanta infamia, pero es que esa señora alardea de que la parte fija de la factura de la luz, la del coste de producción, ha descendido un 3% y por tanto olvida decir que el disparo bestial del precio final corresponde a las tasas que le carga el Estado a nuestro recibo de cada mes, lo cual convierte al Gobierno en un depredador implacable de nuestros ingresos.
Ante tanta indigencia mental y tanta ignominia, el Gobierno de la Calvo se pone a hacer pedagogía para abaratar la factura de nuestro consumo y piensa que debemos adoptar nuestros usos al horario de las llamadas «tarifas valle», pero se olvida de que en esas horas de tarifa más barata, el precio que alcanza la energía es igual al de las «tarifas pico» de hace poco más de un año, de modo que no hay escapatoria y, cuando tengas un coche eléctrico, te subirán aún más el precio vía impuestos.
Por el momento la manía de instalar ventiladores gigantescos por el paisaje se ha dado de bruces con la realidad y ya nadie se atreve a promocionar esa tecnología salvo para instalar uno doméstico en casa que sustituya al aire acondicionado y ahorrar en la factura, justo antes de regresar definitivamente al abanico, del mismo modo que quieren que sustituyamos los vuelos en avión por el tren y el automóvil por la bicicleta.
En definitiva, a poco que lo piensen, la modernidad y el futuro de la nueva normalidad consistía en rebobinar la Historia y regresar a los usos y costumbres de mi tatarabuela, donde los patinetes, las bicicletas, los tranvías y los carruajes arrumben en el trastero de la Historia los adelantos de la tecnología y, de paso, se conformen con teléfonos móviles del tiempo de Curro, la mascota de la Expo, o vuelvan a los de baquelita y manivela.
Mientras todo esto ocurre en la batalla por la presunta sostenibilidad, le seguimos comprando electricidad a Francia, con más de 50 centrales nucleares en su territorio, y a Marruecos, que no sólo prolonga la vida de sus viejas centrales térmicas, sino que construye nuevas plantas gigantescas de carbón para ofertarnos sus excedentes. Hemos pasado así del «que inventen ellos» al «que produzcan y contaminen ellos», donde se incluye el pago por las cuotas sobrantes de emisiones compradas a Rusia por los países que antes apenas contaminaban y que ahora contaminan gracias a nosotros. ¡Qué lujo en el birlibirloque mientras los progres aplauden hasta con las orejas y Pedro Sánchez tiene los santos hueves de galline de fotografiarse en la réplica del zulo de Ortega Lara sin temor a que nadie le cierre la puerta por fuera!
Es urgente, yo creo, que el mismo Pablo Iglesias acuda a ese mismo lugar a fotografiarse y que el encargado de cortar la cinta inaugural del Memorial por las víctimas sean el mismísimo Txapote y otros varios de la banda ahora que se pasean por el entorno del paisaje entre chacolís y potes.
Yo auguro que antes de que acabe el lustro a ese Memorial se habrán incorporado como fondos documentales incluso los indultos concedidos por Sánchez y otros muchos artilugios de la gesta heroica de los gudaris de la causa etarra. Apostamos.
He dicho.





