Insólito es el producto excretado por meninges progresistas que, al referirse a la guerra civil española, no falsee la realidad de unos hechos que a estas alturas tendrían que ser de pacífica y común aceptación. Demasiadas veces, el argumento de la obra es una grosera excusa para que, venga o no a cuento, nos vendan la maniquea historieta de unos malos malísimos contra unos buenos buenísimos en una época en que nuestra patria manaba libertad y democracia por todos sus poros, amén de respeto, tolerancia, poesía, cultura y progreso: la Segunda República Española… Pero todo aquello se fue a pique porque un grupete de terratenientes y militares, con el amparo de sanguinarios fascistas bendecidos por clérigos trabucaires y levantiscas monjas alféreces, abortaron de golpe el pacífico desarrollo de tan idílico edén, devolviéndonos al oscurantismo inquisitorial de épocas pretéritas.
Un falseado relato en el que los horrores y torpezas de angelicales socialistas, comunistas y anarquistas son silenciados o justificados de tal modo, que hasta pareciera que se quedaron cortos. Graves sucesos como la sangrienta revolución de Asturias, la quema de iglesias (cuando no había transcurrido ni un mes desde la proclamación del nuevo régimen), persecuciones por motivos religiosos, frecuentes palizas y asesinatos políticos, el crecimiento del separatismo insolidario y un paulatino asalto al poder por el comunismo, etcétera, se transforman en gamberradas anecdóticas de algunos indocumentados. Mientras que los horrores y torpezas de los malos malísimos que se resistieron a ser exterminados por los buenos buenísimos, son elevados a dogma histórico, y anatema sea quien ose cuestionarlo. El temor a ser tachados de fascistas, junto a la cómoda cobardía de no señalarse, consiguieron que una parte de los herederos de quienes padecieron el «exquisito» tratamiento de los buenos buenísimos, acabaran optando por un silencio cómplice, y hasta participasen en la difamación de sus ancestros, para hacerse perdonar el generoso trato que recibieron del franquismo.
Al silencio de los corderos se sumó la labor de la mayoría de medios de comunicación negando la defensa a quienes se atrevían a oponerse a tan elaborado relato; mientras que otras instituciones más pías aconsejaban no contestar para no desenterrar viejos odios… Pero una cosa es abrir heridas innecesariamente, y otra es callar cobardemente cuando las heridas las abren quienes nos venden una historia suciamente manipulada. Una cosa es el imperativo cristiano de perdonar las ofensas, incluso ofreciendo la otra mejilla, y otra muy diferente contribuir a la falsedad con la omisión y el silencio; no ya por exigencias de la justicia, que también, sino porque la verdad nos hace libres y después de noventa años deberíamos tener derecho a la verdad sobre una parte trascendente de nuestra historia que afecta a tantos que ya no pueden defenderse.
Porque de ser cierto el relato de la falsaria memoria histórica, resultaría inexplicable, no sólo que ganasen la guerra aquellos malos malísimos que se levantaron «frente al pueblo», sino que se diese una tremenda guerra civil: triste suceso que por definición exige dos poderosos bandos. Como tampoco se explicaría que unos tipos tan execrables fueran capaces de capitanear a la multitud de jóvenes españoles de todas las clases sociales que tan generosamente les siguieron hasta la muerte. Si a noventa años de todo aquello, el ejemplo de respeto a la verdad y espíritu de reconciliación de los amantes del «progreso, la tolerancia y la libertad», es el odio sectario y la continua manipulación histórica que hoy soportamos, miedo da sólo de pensar en la «reconciliación» que hubieran ejercido en caliente de haber vencido. Así como el modelo de paraíso socialista que habrían preparado para España y los españoles.






2 Comments
Es sabido que «las guerras las ganan quienes no participan». La tragedia de la Guerra Civil en España sigue siendo ejemplo de que en la guerra todo se pierde: la sensatez, la verdad, la riqueza y hasta la vida. ¡Noventa años lo siguen confirmando!
Felicito las reflexiones de Miguel Ángel Loma, adhiero a su vocación de esclarecimiento público y saludo al amigo epistolar.
Muhas gracias, amigo Claudio.