
Garzón prosigue su eficaz campaña para ser considerado el ministro mas tonto, plasta e innecesario del gobierno. Y eso que en unas hipotéticas olimpiadas ese oro iba a estar muy reñido. Cada vez que habla es imposible no recordar el maravilloso sketch de los Monty Python: ‘El Ministerio de los Pasos Estúpidos’.
El pobre Garzón esta empeñado, en su ignorancia, en la misma cruzada que Adolf Hitler, que como sabe todo el mundo (menos Garzón) era vegetariano, abstemio, antitabaco, animalista (a la par que animal), no frecuentaba mujeres, ni decía palabrotas y era un ferviente partidario de la medicina natural. Hitler era un comeyogur de manual, vaya. También creía en las virtudes del naturismo, aunque gracias a Dios nunca lo vimos en pelota picada y tuvimos que conformarnos con algunos posados espeluznantes, tocado con pantalón corto y peto de piel austríaca.
Por supuesto, yo que soy muy carnívoro no tengo nada en contra de los vegetarianos. Varios de mis mejores amigos lo son y a pesar de ello nos seguimos queriendo igual y no nos damos la brasa intentando cambiar nuestros hábitos alimenticios. En general la gente normal suele actuar así, pero Garzón tiene el fervor de un Testigo de Jehová en celo místico.
A Hitler le pasaba igual.
El vegetarianismo de Hitler no se quedaba solo en la práctica privada ya que el Führer era militante, esto es, odiaba a los carnívoros y trataba de convertirlos, mediante el sermoneo o la ridiculización. En las comidas y celebraciones solía ponerlos en aprietos siempre que podía y lo hacía con la soberbia de quién ostenta el poder absoluto, con bromas malas del tipo «¿sabe usted, Herr Goering, que esta comiendo carne de un cadáver?» y otras gracietas así.
Me voy a molestar en copiar literalmente algunas entradas de sus ‘conversaciones privadas de sobremesa’ (edición de 2004 de Critica, ya que la anterior de Luis de Caralt es mucho mas reducida debido a la censura franquista). Hago constar que estas conversaciones privadas fueron secretamente anotadas sin conocimiento de Hitler, pues Bormann pensaba emplearlas algún día a modo versículos de un nuevo Evangelio Nazi. He aquí, para empezar, la entrada de Hitler del 5 de noviembre de 1941:
«Existe un documento interesante de la época de César, según el cual los ejércitos de entonces tenían una dieta vegetariana. Únicamente las épocas de penuria recurrían los soldados a la carne. Los vikingos no hubiesen podido emprender sus legendarias expediciones si hubieran sido tributarios de una alimentación carnívora, ya que no tenían medio de conservar la carne. La existencia de la escuadra como unidad militar más restringida se explica por el hecho de que cada grupo de hombres disponía de un molinillo de cereales. Lo que proporcionaban las vitaminas era la cebolla (…) Lo que está comprobado es que en países como Bulgaria, dónde se alimentan de yogur, de polenta y de otros alimentos de este género, los hombres llegan a más viejos que en nuestras regiones».
Unas semanas después Hitler volvió a la carga con sus monsergas; concretamente en la noche del 28 al 29 de diciembre de 1941:
«En mi juventud los médicos decían que la alimentación a base de carne es indispensable para la formación de los huesos. Era falso. Contrariamente a los pueblos que comen polenta, tenemos malos dientes. Opino que esto se halla en relación con una alimentación más o menos rica en levaduras.
Ahora bien, nuestra alimentación, en sus nueve décimas partes, está constituida por alimentos a los que se ha desposeído de sus cualidades biológicas. Cuando me dicen que la mitad de los perros mueren de cáncer, sin duda esto tiene una explicación. La naturaleza predispuso al perro a alimentarse de carne cruda, desgarrando la carne de otros animales. Hoy el perro se nutre casi exclusivamente de sopas y potajes [nota del autor: ya lo siento por los perros de Hitler]
Si propongo a un niño que escoja entre una pera y un trozo de carne se precipita sobre la pera. Habla su atavismo» [nota del autor: Hitler no tuvo hijos, claro]
Atención a la entrada del 25 de abril de 1942. El Dr. Goebbels pregunta a Hitler si una libra de patata tiene el mismo valor nutricional que una libra de carne. He aquí la respuesta del Führer Nutricionista:
«Según lo que sabemos de la alimentación de los soldados de la antigua Roma consistía principalmente en fruta y cereales. La verdad es que sentían horror por la carne y es un hecho que no se hacía figurar la carne en su comida corriente más que en los periodos en que ello era impuesto por las necesidades de reaprovisionamiento. Numerosas pinturas y esculturas nos muestran que esos soldados estaban dotados de una dentadura magnífica lo que contradice el prejuicio según el cual solo los carnívoros tienen dientes sanos.
Basta con observar lo que sucede a nuestro alrededor para que nos demos cuenta de que los niños sienten una extraordinaria repugnancia por la carne. Es también notable que los niños negros, en las tribus en que la alimentación es esencialmente vegetariana, se desarrollan más armoniosamente que los de las tribus en que es costumbre que las madres alimenten (con leche materna) a su progenie hasta la edad de 4 o 5 años.
En lo que concierne a los animales, el perro, que es carnívoro, se halla lejos de proporcionar el mismo rendimiento que el caballo que es herbívoro. El león da muestras de fatiga después de haber corrido 2 o 3 kilómetros, mientras que el camello marcha 6 o 7 días sin desfallecer.
Si nuestros niños son más sanos en la actualidad ello es debido a que muchas madres han comprendido que contribuyen más a la buena salud de sus hijos dándoles hortalizas crudas y haciéndoles masticar raíces que dándoles leche hervida»
El 8 de julio de 1942 afirmó no sin cierto orgullo de padre: «Hasta cierto punto mi perra ‘Blondi’ es vegetariana. Come ciertas hierbas con placer evidente».
Y aquí lo dejo. Alguien debería pasarle estas perlas de sabiduría a Garzón para que las incorpore a su próxima campaña idiota sufragada con nuestros impuestos. Si va a hacerlo que lo haga en compañía de los mejores. Y sobre todo que no olvide lo de la alimentación de perros a base de ‘sopas y potajes’ y aquello otro de dar a mascar raíces a los niños.
En conclusión, Hitler no comía carne, ni fumaba, ni bebía alcohol y era enemigo de la caza (léase su conversación de sobremesa de 28 y 30 de octubre de 1941), siempre y cuando se tratase de ciervos o conejos, pero no así de ‘untermenschen’ (infrahumanos). No es de extrañar que Geli Raubal y Eva Braun – las dos únicas mujeres con las que tuvo una relación amorosa mas prolongada – se suicidaran. Normal.
Fernando Navarro García





