La vicepresidenta del gobierno María Jesús Montero se ha escandalizado con toda la razón del mundo; porque una sentencia como la de Dani Alves, donde prevalezca la presunción de inocencia masculina sobre la palabra de una mujer es algo excepcional, único, escandaloso. Porque lo políticamente establecido en España es justo lo contrario. Desde 2001 la jurisprudencia del Tribunal Supremo dicta que la acusación de una mujer es prueba suficiente, por sí sola, para condenar a un varón. Esto lo saben todos los políticos y todos los jueces, que lo aplican a diario. No solo en los juzgados de violencia de género, también en las Audiencias Provinciales, donde en más de la mitad de sus condenas “de género” la declaración de la mujer es la única prueba. Ésta es una de las realidades silenciadas en España. Por eso María Jesús, alias la Chiqui, ha incomodado a todo el mundo, mentando el tabú: que la presunción de inocencia masculina no existe.
No se mienta a la bicha María Jesús. Por eso todas las asociaciones de jueces han corrido a reprenderla, porque dejó en evidencia a todos esos jueces que se saltan la presunción de inocencia en sus juzgados. Apoyándose en una pirueta semántica del Tribunal Supremo, que merece la pena resaltar. Primero el Supremo renombró toda acusación femenina como “el testimonio de la víctima”, para luego considerar que ese “testimonio de la víctima” es “prueba de cargo”; cuando todos sabemos que una acusación no es ninguna prueba. Pero ninguna asociación de jueces, ni ningún político, ha planteado nunca una cuestión de constitucionalidad contra esta legitimación semántica, y antijurídica, contra la presunción de inocencia. Al contrario, la reciente ley del “solo sí es sí” da rango de ley a la práctica semántica e inconstitucional del Tribunal Supremo.
Este uno de abril de 2025 hace siete años que terminó el plazo legal para trasponer a nuestro ordenamiento la Directiva europea (UE) 2016/343 que refuerza la presunción de inocencia, imponiendo la carga de la prueba a la acusación. Ningún partido político ni asociación de jueces ha reclamado esta trasposición pendiente. Por eso, su reproche a la Montero es un falsete. No se vaya a enterar la gente de lo que pasa. El nuevo Tribunal Constitucional, recién pactado entre PP y PSOE, ha dado un paso más, a través de una ponencia de la magistrada María Luisa Balaguer; acaba de fallar que un hombre denunciado, aun habiendo sido absuelto, sigue siendo a efectos prácticos culpable. Se me ocurre apuntar que podría “ser culpable de haber sido denunciado”, que no es poco. El caso es que la presunción de inocencia ni está, ni se la espera. Y que el caso Alves no es más que la excepción que confirma la regla.
Porque nadie del poder político ni judicial osa desafiar al feminismo imperante. Ese feminismo que defiende la presunción de inocencia, siempre y cuando no se le aplique a un hombre frente a una mujer. Gracias, Chiqui, por recordárnoslo. Por recordarnos dónde están los auténticos fascistas. Y que la igualdad que predicáis es tan falsa como todo lo que vomitáis sobre lo que llamáis “la gente”, una masa amorfa a la que habéis despojado, hace mucho, de la dignidad y los derechos que una vez debieron tener todos los ciudadanos.





