Rodeando el hermosísimo, intrigante Peñón de Gibraltar, un puro libro abierto de geología que hasta en la eternidad invita a pensar, con el horizonte del mar inmenso moldeando todavía más sus rocas… contemplando esa hermosura se hace más viva si cabe la indignación por el modo en que España ha desaprovechado de una manera casi grotesca la ocasión histórica de recuperar, límpida y tranquilamente, lo que es nuestro.
Se podía escribir un libro sobre este penoso desperdicio, esa ceguera de no ver la ocasión (con la de sangre que ha habido que derramar por tantas cosas, o el esfuerzo o la inversión inmensa… y esto no hubiera requerido nada). ¡Y se ha hecho!, lo ha escrito el ex ministro José Manuel García- Margallo. Ojalá yerre al pensar que tendrá pocos lectores: la mayoría porque el tema ni le interesa, no sienten la afrenta como tal; y los que sí la sentimos, pues casi que nos apartamos de un libro que, por las verdades que dice, puede hacernos sufrir todavía más…
El modo en que nuestros gobernantes han tratado el tema, ya incluso antes de la ocasión histórica del Brexit, en época de Rodríguez Zapatero, es especialmente patético porque indica una total falta de fe en la posibilidad de hacer cosas; una resignación enfermiza, una pereza mental gigantesca. Todo lo que llaman progreso es dejarse arrastrar por una serie de lemas de moda, de tendencias internacionales (se impone el “acabar con las bolsas de plástico”, pues a ello; se impone peatonalizar calles, pues venga; se imponen las normas LGTB, pues dejémonos arrastrar… No hay en los gobernantes iniciativa, proyecto propio, nada).
Fijémonos sólo en un aspecto de la cuestión: continuamente, cada vez que se hablaba del asunto, a los responsables españoles (presidentes, ministros) no se les caía de la boca el decir: “Hay que pensar en los gibraltareños, en los gibraltareños, en lo que quieran ellos, los gibraltareños…”. Y también: “Es que hay diez mil españoles que trabajan allí, diez mil españoles, son españoles que cruzan la frontera todos los días para trabajar, no podemos dejarlos tirados”.
Los argumentos, vistas las cifras, son ridículos. ¿A qué viene esa especie de “caridad cristiana” mal entendida? No hablamos “sólo” de afrentas patrióticas que efectivamente a pocos mueven hoy; es que económica y socialmente (y financiera y pesquera y drogadictamente) el perjuicio concreto que Gibraltar ocasiona a España resulta gigantesco. Si el inconveniente de recuperar Gibraltar era dejar sin trabajo a diez mil españoles, pues el pensionarlos vitaliciamente hubiera supuesto una gota de agua de gasto junto al océano de beneficios para todo el país (que no abogo por esa solución, típica de la mentalidad de vivir de subvenciones, pero incluso aceptándola).
Y la obsesión por “respetar lo que quieran los gibraltareños”, que son unos treinta mil, ¡treinta mil! (menos que cualquier pueblo grande de Andalucía), bueno… ¡qué bondad!, ¿no? Por “bondades” parecidas (mal entendida, y que en realidad es pereza y aceptación de injusticias) han sufrido millones de personas a lo largo de la Historia… Lo disfrazan de bondad y es inepcia, comodidad, egoísmo – un presidente que no se quiere meter en líos, aunque sea la molestia de cómo decidir unas líneas de actuación, la molestia de detenerse a pensar un poco…
Pero estando en 2020 y en 2021 los hechos se hacen mucho más sangrantes. Hemos visto lo que al Gobierno le importa el mantener los puestos de trabajo. La inaudita paralización de la economía, los millones de ciudadanos no funcionarios y no considerados “esenciales” a los que se les prohibió trabajar… y la tragedia continúa en multitud de sectores. Ante la cual, esta fue la respuesta de un ministro, cuando recibió las quejas de uno de los gremios afectados: “El Gobierno de España no puede estar en si a un empresario le salen las cuentas o no”.
¡“El Gobierno de España no puede estar en si a un empresario le salen las cuentas o no”! (Y yo que pensaba que primordialmente estaba para eso; junto con los asuntos de Defensa y de integridad territorial…)
Pero no contentos con esto, un día sale otro ministro y lanza una campaña contra el sector cárnico de su propio país, del nuestro. Que ha sido algo rectificada, sí, pero eso indica lo que al Gobierno de España le importa el mantener el puesto de trabajo de más de dos millones de españoles (aparte ya de “criticar” a ciudadanos a los cuales representa, algo inaudito en la política mundial, y a lo que en la España del socialismo nos estamos acostumbrando).
“El Gobierno de España no puede estar en si a un empresario le salen o no las cuentas ”!
A la luz de estos hechos tremendos, aquella frase de “Huy, es que diez mil españoles perderán su trabajo si recuperamos Gibraltar”, pues… si ya era grotesca, qué diremos ahora, en 2021.






1 Comment
Decir Gibraltar (Espana) es tan estupido como decir Espana (Portugal)! La logica no utilisa tamano como referent. Pero, so vende libros en Espana (Portugal) que import decir jillipolleses.