Se definimos “violencia de género” como aquella que sufre una mujer, entonces claro que existe la violencia de género, igual que existe la violencia contra los menores, contra los ancianos, contra los negros y, cómo no, contra los hombres, por el hecho de serlo, y si no dense ustedes una vuelta por Ucrania. “Pero “violencia de género” no es ninguna definición, sino un concepto ideológico feminista del siglo XXI, mucho más amplio y complejo que una mera clasificación de víctimas. Reconocer políticamente hoy la “violencia de género” en España implica validar, al menos, las siguientes afirmaciones:
-Que los varones en España son por defecto opresores machistas, que agreden a las mujeres por ser mujeres, y esta perversión masculina generalizada justifica la gravísima discriminación sexista penal y procesal de todos y cada uno de ellos, sin excepción (Exposición de motivos de la Ley 1/2004 de “Violencia de Género”).
-Que hay que creer siempre la acusación de una mujer contra un hombre, y corresponde al varón demostrar ante un juez su inocencia. Es decir, que puede y debe condenarse a un varón con la mera acusación de una mujer, porque las mujeres nunca mienten. (Sentencia del Tribunal Supremo).
-Que el varón merece mayor pena que la mujer por idénticos actos de violencia que ésta ejerza contra él, por una mera cuestión de sexo (Ley 1/2004)
Este constructo ideológico “violencia de género” hace de la excepción -los asesinatos en pareja- la regla, para discriminar a toda la población masculina, por una mera cuestión anatómica. Y lo hace pervirtiendo todas las instituciones del Estado. Como definió el Pleno de la Sala Penal del Tribunal Supremo en su sentencia 4353/2018, “violencia de género” es ya “cualquier agresión de un hombre a una mujer (…) y no es preciso acreditar una específica intención machista debido a que cuando un hombre agrede a una mujer ya es por sí mismo un acto de violencia de género (…)”. “Es decir – como escribió el periodista Arcadi Espada- que toda agresión de un hombre a una mujer es violencia machista, entendiendo por violencia machista toda agresión de un hombre a una mujer. Y así es cómo la tautología reemplaza a la verdad y a la decencia intelectual.”
Amparar esta “violencia de género” como eje político supone refrendar una estructura moral -y legal- que discrimina por sexo, vulnerando derechos fundamentales. No resulta admisible, por tanto, que en nombre de este constructo ideológico se destruya nuestro Estado de Derecho. Para más inri, por un constructo de nula eficacia para prevenir la violencia, pero capaz de generar mucha desesperación suicida y homicida con la que retroalimentar miserablemente su falacia. No, la violencia no tiene género, ni raza, ni sexo, porque sólo los individuos son responsables de sus actos, dejemos atrás las responsabilidades colectivas, más propias de los totalitarismos del siglo XX que de las democracias occidentales del XXI.
La única violencia de género que existe hoy en España es la violencia institucional que se ejerce de manera sistemática e indiscriminada contra toda la población masculina, sin excepción, por una mera diferenciación anatómica. Por eso vuestra “violencia de género” feminista, esa por la que los políticos en campaña se rasgan las vestiduras, es además de una falacia, una macabra ironía.





