En España, y en Andalucía en particular, el pueblo sabe mucho de ese género, tan nuestro, del pícaro, del gorrón, diríamos en término mas coloquiales, ese que se intentaba colar en las fiestas de la jet set en Marbella (cuando en Marbella aún había jet set) para intentar comerse todos los canapés que pudiera en el mínimo tiempo posible y antes que lo descubriera la seguridad del evento y le dieran una patada en el culo para ponerlo de patitas en la calle.
El episodio del sábado en Bajo de Guía, lo asocio mi mente quizá enfermiza a esa figura.
Según la noticia de prensa, mas de medio centenar de ciudadanos que, pagándolo de su bolsillo, se ponían grana y oro a comer marisco en un restaurante de tan emblemático enclave sanluqueño, abuchearon a los sones de » ¡¡¡fuera, fuera!!!» y «¡¡¡elecciones, elecciones!!!, al ínclito Sànchez y su colocada señora, que el pueblo ya conoce como «la Begoña», pareja ambiciosa donde las hubiere, cuando se disponían a zarpar, desde los muelles de tan suculento enclave, hacia el Palacio de las Marismillas, en el Coto de Doñana donde, al parecer, mantiene el tal Sànchez ( y no se sabe si también su señora) conversaciones «al mas alto nivel» con la Canciller Merkel, a la que acompaña su marido, llamemosle señor Merkel, se supone que para evitar tentaciones lujuriosas de Sànchez.
El señor que ocupa el sillón de la Presidencia del Gobierno sin haber ganado unas elecciones, y que ahora quiere hacer y deshacer en esta España de nuestros pecados sin tener la legitimación democrática de los votos, cuando se precia de ser mas demócrata que el que invento la democracia, allá en la Antigua Grecia, creía que, por el hecho de colarse en la fiesta sin invitación, iba a poder zamparse todos los canapés en el menor tiempo posible y salir como si tal cosa sin que la seguridad se percatase, pero, ay, no conoce bien al pueblo llano de esta nuestra España, y este sabe distinguir a un gorrón a simple vista.
Por eso, el sábado, ese nutrido grupo de comensales «legales» del restaurante de Bajo de Guía, distinguiendo lo que de verdad son esa pareja, les gritó «fuera, fuera» y «elecciones, elecciones», que era la forma » fisna» de decirle «¡¡¡fuera gorrón!!!».
Quizá el gorrón, que lleva implícita en su condición la característica de la cara dura, «como el cemento armao», que diríamos mis amigos de Bajo de Guía y yo mismo, no le diera importancia a los gritos de esas personas de la calle, y, en su soberbia, desprecie los gritos del pueblo llano, pero lo que no sabe es que también sus invitados palaciegos marismeños, la señora Merkel y su marido, llamémosle señor Merkel, saben lo que es, y que, si las reglas de la urbanidad germanas no se lo impidiesen, también le dirían «¡¡fuera gorrón!!».





