La frontera, dicha así a bote pronto, es un elemento rechazable, al menos para los que creemos en la libertad y ciudadanos del mundo. Hay otros muchos (demasiados), que la entienden y la defienden como un territorio más o menos grande, con apéndices en otras zonas del planeta, cuya propiedad les pertenece, siempre y cuando piensen como el sector dominante.
Pero la frontera es algo más, y comienza en la puerta de nuestro domicilio, en cuyo interior su contenido nos pertenece en razón de organización y respeto, lo que demuestra una diferencia abismal entre una frontera y otra. Pero precisamente en esta gran diferencia es donde se fraguan los grandes desequilibrios que la humanidad padece.
El criterio de frontera dada por las grandes potencias, no es más que el reglamento impuesto con la denominación de conquista y reconquistas, con el único fin de que sus ventajas se vayan acumulando, a costa de los que no disponen de los mismos medios para competir en el mercado de la violencia.
El Planeta que habitamos, aunque algunos viven a la Luna de Valencia, consta de mares, océanos, montañas, ríos, etc., pero no aparece por ningún parte una clasificación que distinga las propiedades a uno u otro conjunto humano, si exceptuamos unas teóricas líneas por macizos montañosos, grandes ríos u otros accidentes geográficos, que modifican en comarcas, formas de vida que influyen de manera distinta en los núcleos poblacionales.
Tampoco podemos olvidar el gran invento de todos los tiempos: La reserva espiritual de Occidente que en nombre de un Dios que nadie ha visto y pocos creen, con útiles divinos (persuasión y violencia) a la par que engrosaban nuestro patrimonio, difuminaban y eliminaban cuanto encontraban a su paso.
Recientemente, con motivo de mi disminución física tuvimos que contratar a una persona que nos auxiliara. Ella es una sudamericana, con una educación esmerada, una atención primordial y que se ha hecho cargo perfectamente de nuestra situación. Pues bien, una “patriota”, una española a la vieja usanza, y como consecuencia muy ignorante, en el Supermercado quiso quitarle el orden en ser atendida. Mi enviada reclamó y con el desprecio que contienen los más bajos instintos, la despreció. A esta española ignorante (el mayor de los pecados), ignora que las papas, y los tomates que ella disfruta hoy en día, también vinieron de aquel continente y de otros lugares. Que gracias a ellos, llegamos a ser el gran Imperio del que la historia nos habla. Y cuando conforme otras fronteras fueron elevando su poder, las nuestras flaquearon hasta llegar a nuestros días. ¡La sopa boba se había acabado!. Y en la actualidad hay que recordarles a aquellos que sus instintos escasamente desarrollados, lo de “antes yo, ahora yo y después yo”, y el resto para lo que me convenga, que pueden comer fresas, y muchos productos de nuestros campos y servirse de trabajo que los patriotas rechazan.
Pero pensando de dónde venimos y a dónde vamos, tendríamos que plantearnos, en principio, que las generaciones que sucedieron a aquellos acontecimientos, no somos culpables de los mismos, y por tanto aceptar de buena o mala gana una separación de las fronteras ya establecidas, lo que no ha de impedir que cualquier ciudadano pueda establecerse, entrar o salir de sus límites en plena libertad, pero, eso sí, respetando las reglas establecidas en cuanto a derechos y obligaciones.
Pueden y deben existir otras fronteras entre las clases sociales y económicas, pero restringirlas al máximo. Así la distribuciones urbanas entre pobres y ricos es una bestialidad fomentada por la especulación y los ayuntamientos, y que desembocan en focos de conflictos y escuelas de delincuentes. En este punto hay que advertir que aquello de “si todos nacimos en cueros, por qué no somos iguales” no es tampoco justo, pues si unos se esfuerzan en una vida más cómoda y más compensada, otro se pasen el mundo por montera y exijan solamente el esfuerzo ajeno.
En cuanto a los Gobernantes, deben imponer leyes, básicas y sencillas, que esos derechos y obligaciones vayan eliminando discrepancias. Así por ejemplo desde que se instituyó la Unión Europea, su funcionamiento debería haber sido respaldada por una Constitución única, y quien no la acepte no puede formar parte de esa unión.
Por su parte aquellos países que por su empobrecimiento o cultura deberían percibir ayudas para su desarrollo, pero jamás para facilitarles armas y aumentarles aún más sus tristes miserias.
El mundo necesita menos obras de caridad (pura hipocresía) y más obras de justicia. Y si la caridad se mantiene, sea para dar su calor al familiar, al amigo, al compañero, al impedido…, pero no dar una dádiva con el sobrante de las rebajas de enero .
¡¡NO HAY NADA MEJOR EN EL MUNDO QUE OFRECER UNA SONRISA A QUIEN YA NO LE QUEDA NINGUNA!!





