Conociendo la facilidad con que algunos, a los que les produce erisipela la sola mención del término «justicia social», tachan de comunista a quien ose criticar las injusticias del capitalismo, no habría que hacerles caso cuando despachan con tal insulto al Papa Francisco. Y más aún sabiendo que el comunismo fue declarado intrínsecamente perverso por antecesores de Francisco y está suficientemente demostrado que el comunismo, en cualesquiera de sus formas, es el causante de devastadores efectos en la humanidad y en la civilización cristiana, mostrando especial saña contra la Iglesia católica. Esto lo conoce muy bien el Papa debido a la incesante beatificación de mártires de la cruenta persecución religiosa desatada en la guerra civil española.
Sin embargo, y como Francisco suele prodigarse en gestos de indisimulada simpatía con personajes próximos al comunismo y al izquierdismo en general, sin condenar los regímenes comunistoides, esta actitud, que algunos justificarían en aquello de «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos», genera confusos sentimientos. Pues sopesando sus nombramientos y declaraciones se deduce que Francisco identifica al rancio sector progresista de la Iglesia, con los más sanos; reservando para el resto un trato diferente.
Y es que a veces cuesta discernir cuándo Francisco se manifiesta como Papa, y cuándo como Jorge Bergoglio con sus muy personales criterios, filias y fobias.





