Se acaba el convulso y lamentable 2023 al que a buen seguro hará bueno el entrante 2024, que se promete nefasto con sus políticas climáticas mundiales y nuestra particular política de andar por casa, por casa de Sánchez que apalancado en su nido de Moncloa nos augura todo tipo de desmanes, vendidos con la envoltura de la globalidad climática feliz de las Agendas de la ONU y con el lazo rojo de su lucha contra las derechas, lucha que le ha llevado a recibir un caluroso abucheo de la mitad de los parlamentarios europeos que se vieron obligados, el otro día, a escuchar el discurso, mal educado y obtuso, con el que se ha despedido de la presidencia semestral del Consejo de la Unión Europea. Él quiere liderar – como ha expresado en ese discurso cósmico – la «Nueva Era de la Prosperidad Global», esa que nos va a llevar de vuelta a las cavernas adonde se acercarán las elites globalistas a echarnos saltamontes, gusanos y guano como si fuéramos monos que reciben cacahuetes. Los cacahuetes, ni que decir tiene que solo los tomarán ellos para acompañar los destilados escoces que seguirán bebiendo en 2050.
Dejando la agenda globalista a un lado y siguiendo con el recuento de los desmanes sanchistas de 2023, no puedo menos que referirme a la amnistía presidencialista – sin ella Sánchez no sería presidente ni de su comunidad de vecinos – y al referéndum separatista que vendrá tras ella, sí o sí, y si no también y a los pactos municipalistas con BILDU para entregarle Vascongadas y Navarra a la ETA blanqueada. Tras estos pactos vendrá el acercamiento de presos etarras a Vascongadas, otra amnistía a los asesinos de más de ochocientos españoles, entre ellos veintidós niños y un referéndum separatista en el que la mafia terrorista se pedirá Navarra. Mientras escribo esto Sánchez acaba de declarar que: «BILDU le dará estabilidad a Pamplona». A Pamplona no, te la va a dar a ti, Perico, ni siquiera se la va a dar al PSOE, tu partido, que se va a ver obligado a doblegarse ante BILDU.
¿Qué puede salir mal una vez pagado el pizzo a la mafia separatista? Pues todo, claro está. Una vez pagado el pizzo, el pago de protección, vendrán las subidas de impuestos para costear a las repúblicas catalana y vasca y la transición ecológica que nos irá dejando, sin prisa, pero sin pausa, a menos que los emiratos Árabes lo remedien, sin fuego, sin calefacción, sin ropa, sin calzado y sin lo más elemental para vivir. En esa transición que la ONU quiere imponer, sea como sea, también desaparecerá cualquier cosa que nos produzca cultura o bienestar mental. Si no me creen pongan cada mañana Radio Clásica de Radio Nacional de España y oirán como en lugar de música salen por la ondas alegatos sobre el cambio climático y el beneficio para el planeta de comer larvas de moscas en lugar de un buen solomillo de ternera. Ya saben, las vacas contaminan el mundo con sus pedos. No sabemos cuánto contaminan los pedos de político globalista, habrá que investigarlo.
Entre el discurso de Sánchez y las amenazas de Guterres desde la COP 28, diciéndonos a todos y especialmente a los árabes del Golfo que eliminar combustibles fósiles es inevitable, les guste o no, y que el multilateralismo es la mejor esperanza para la humanidad, llega Lagarde y nos anuncia que no bajará los tipos de interés y que las ayudas fiscales a la energía deben suprimirse al haber bajado el precio de los combustibles. ¿Ha bajado el precio de los combustibles? No sé, la verdad, la bombona de butano sigue por las nubes y la gasolina sigue costando un potosí. Está claro que la Lagarde no es de este mundo, lo suyo es el globalismo etéreo.
Bueno, voy a ir terminando que tiempo habrá en 2024 para seguir hablando, antes de que la distopía que viene nos alcance y nos deje sin turrón, sin anís y sin polvorones. Feliz Navidad y pídanle a los Reyes Magos que se lleven a toda esta panda de golfos globalistas a vivir a otra galaxia.





