
¡Buenos días! Exiliado de esa Semana Santa de Sevilla cateta, me amparo en la de la solera, la genuina, huyendo de ese mundo de locos que confunden la evolución con el mal gusto… Han tenido mala suerte en la vida, les ha tocado una sangre ajena a la sensibilidad; y tanto creen que no hay vida más allá de la Semana Santa que han terminado embrutecidos, sin proponerse un mínimo de formación y cultura, un ansia de aprendizaje interminable. Su única meta constante es ser tontos de capirotes. Y estúpidos silbadores de marchas, como las de esas bandas peliculeras en las que alguien se ha creído ser Morricone. Menos mal que además de rechazar la masa queda siempre el refugio de la levadura, lo selecto: El Porvenir por el Parque, la Amargura blindada por la eternidad, la Hiniesta asomando a la Plaza del Cristo de Burgos, su Cristo por Doña María Coronel, San Roque en la Cuesta del Rosario… fueron parte de mis recorridos elitistas, como la salida de las Penas de San Vicente, Pantión en Tejera, Vera Cruz completa, Rosario de San Pablo ante Los Gitanos, Aguas del Museo… Y Los Javieres de nuevo en Los Jesuitas, recordándome aquellos tiempos de la Misión de 1965, cuando los Hermanos Maristas nos llevaban desde su Colegio de enfrente a las predicaciones que presidía el crucificado de las Almas, que provocó en tantos párvulos que éramos una devoción que dura hasta hoy. ¡Feliz Miércoles Santo, 1 de abril!





