¡Feliz lunes! Hoy comienzan definitivamente las clases escolares. Para muchos alumnos será eso que los grandes almacenes titulan publicitariamente la vuelta al cole, suplicio de la cuesta de septiembre para la economía de tantos hogares. Para otros, los párvulos, será el primer día, ese de los desgarros infantiles, el de los llantos en las porterías o la mueca en los labios de los pucheros que se quedan a medio camino entre la conformidad y el desconcierto, cuando se rompe más que nunca el cordón umbilical. Y eso que muchos llegan ya traídos desde esa especie de campamento o instrucción que son las guarderías. Recuerdo perfectamente mi primer día entrando en aquel patio, con cierto aire mudéjar, de los Maristas en la calle Jesús del Gran Poder. Cumplía seis años coincidiendo con la inauguración del curso. Y la bondad del hermano Domingo allanó todo lo abrupto que pudo ser el nuevo camino que se abría ante mis ojos, cuando empezaba a percatarme de que la vida iba a estar hecha de etapas.





