La palabra mágica en esta fase, la 4, es la responsabilidad de los ciudadanos y la de las empresas. Pero no la de los políticos y, mucho menos, la del gobierno. Hay que ponerse la mascarilla porque esa es la actitud responsable y porque es obligatorio hacerlo según la reglamentación del gobierno, aunque en plena escalada de la pandemia no lo fuera, y no era obligatorio su uso porque no había para todos. ¿Y por qué no había?. Pues ya lo ha dicho la tribu de Sánchez, por los recortes de Rajoy. ¡Ay señor Rajoy, que irresponsable fue, ¿cómo no supo lo que ocurriría el domingo día 8 de marzo de 2020 por la noche?.
Si aún no se han cobrado los ERTE no se puede protestar, ni cacerolear, ni siquiera hacer manifestaciones que puedan implicar e incomodar al gobierno. Hacerlo es una grave irresponsabilidad porque además de que puede cundir el pánico en la sociedad e incomodar a algún vicepresidente de alguna Comunidad de Vecinos -pongamos la de España-, atenta contra la imagen y la credibilidad del gobierno que, a la vuelta de la esquina, tiene que presentarse en Europa con el cepillo y ha de hacerlo con una imagen seria y sólida de un equipo cohesionado y riguroso en la gestión del desastre que él mismo ha provocado. ¡Responsabilidad, ciudadanos, mucha responsabilidad!.
En cuanto a los autónomos, la fase 4 es fundamental porque empezarán de nuevo sus actividades plenamente, y si no pueden asumir el coste de sus empleados pues no pasa nada, que sigan sin empleados realizando ellos mismos el trabajo de aquellos. Es que si este colectivo de casi dos millones de personas no las pasan canutas, como siempre, ya no serían autónomos, y no podemos como país cargarnos de un plumazo este colectivo de masoquistas laborales. Ya vendrán fases futuras en las que todo se andará. ¡Responsabilidad, señores autónomos, mucha responsabilidad!.
En la fase 4, el apartado con mas motivos para el optimismo, en general, es el de las empresas. Poco pueden quejarse en el devenir de los acontecimientos políticos y económicos que vivimos, dado el magnífico apoyo que están recibiendo por el nutrido grupo de ministros del gobierno -22 más el complementario-, con sus declaraciones sin desperdicio. Si hoy acusa uno de ellos a los agricultores de esclavistas es porque sabe que cuánto peor, mejor, ya que declaraciones acusatorias de este calibre ayudan de forma preventiva a que el campo sea un sector modélico que, sin duda, en la fase 4 actuará como punta de lanza de la economía aunque, por ahora, el gobierno no haya dicho a quién pinchará con esa punta sostenible. Más de un agricultor se ve ya con cara de pincho de tortilla, pero aquí viene nuevamente la palabra mágica, la responsabilidad, porque un mal día lo tiene cualquier ministro o ministra. Así es que, señores agricultores, ¡responsabilidad, mucha responsabilidad!.
Pero este extenso gobierno tiene para todos. Si un día, como he dicho, le toca al campo, otro día le puede tocar al turismo. ¡Será por ministros con ganas de ayudar!. El turismo, dijo el ministro de Comercio, es un sector que aporta poco valor añadido, aunque sea -no sabemos si este dato lo conoce el tal Garzón- la primera industria nacional. Es un nuevo ejemplo donde cientos de miles de personas pueden ejercer su responsabilidad, tragando y callando. ¡Bastante hace ya el gobierno cuando dice las cosas como las siente y las llama por su nombre! ¡Faltaría más!. Un gobierno no está desde luego para dorarle la píldora a la realidad, y si el turismo aporta poco valor añadido, pues se dice y punto, que para eso es ministro.
Las mascarillas, el campo, el turismo, ¿pero qué me dicen de la automoción? Tiempo atrás, otra ministra de Sánchez, en otro simpar ejercicio de responsabilidad, dijo, más o menos, que si te comprabas un coche diésel estabas cometiendo un error porque esos motores tenían los días contados. A Ada Colau, la Podemos de Barcelona, le parecieron aquellas declaraciones muy bien, por fin empezaríamos a tener un planeta sin malos humos. Luego vinieron, cuando el daño ya estaba hecho, las gestiones de Sánchez en el foro Davos 2020 que, seguramente, acabaron por clarificar la política española respecto a la sostenibilidad de la automoción en nuestro país, afirmando que los puestos de trabajo de la factoría Nissan de Barcelona estaban asegurados. Muy bien, Sánchez, muy bien. A eso se llama responsabilidad de un presidente, asegurando los puestos de trabajo de esta industria tan importante para nosotros. Otra cosa es que Nissan se quiera ir, como así será; pues vale, peor para ellos. Es como dijo otra ministra de su gabinete, Ribera, a los hoteleros respecto a las maniobras de desescalada: “Quién no se sienta cómodo, que no abra”. Pues claro que sí, ministra, es que los irresponsables son ellos, nunca el gobierno.
Los ejemplos de cómo este gobierno modula la incierta realidad a las empresas y a los ciudadanos son inagotables y brillantes. Ahí tenemos a la ministra de Educación, Celaá, resolviendo anticipadamente la vuelta al cole para el curso que viene, al recomendar que poner aulas en la calle es una buena idea. ¡Y tanto, señora ministra! La distancia de seguridad está salvada, aunque al final de la mañana haya que abrirles a los niños la boca con un palo, en invierno, o recogerlos con una cuchara, en verano.
Y así estamos, entre unos que no aportan nada, otros que no abren y otros que se van a contaminar a otra parte, pues nos quedamos los necesarios y responsables. Por eso, la fase 4, la madre de todas las fases, será una delicia. Con Sánchez pactando con quien haga falta, con Iglesias espiando y regalando todos los mínimos posibles, con Montero acusando cuando responde en las sesiones de control, con la oposición fascista y de extremísima derecha crispando y pataleando irresponsablemente, con todos los ministros decretando responsablemente, con los fiscales contra los jueces patriotas, con Marlaska mandando, cuando no los cesa, guardias civiles a Galapagar, con los abogados del estado como picapleitos del gobierno, y con todos los dislates de fondo (etarras como monjes, golpistas como libertadores, decretos como leyes, y toda suerte de socios para derribar la estructura del estado del 78), la fase 4 en España, a imagen y semejanza del incalificable Sánchez, será un periodo tranquilo y próspero donde podremos reflexionar todos y cada uno de nosotros sobre cómo coño hemos podido llegar hasta aquí -pandemia aparte- y, sobre todo, cómo carajo vamos a salir de donde estamos.





