Dando por supuesto que la crisis sanitaria va a quedar resuelta en breve –lo que quizás sea mucho suponer– el verdadero problema que va a tener que afrontar la sociedad española en los próximos meses es la brutal recesión económica que se nos viene encima. El sufrimiento humano que va a causar esa bajada general del nivel de vida puede ser comparable con las postguerras más depresivas. Ojalá nos equivoquemos, pero los problemas endémicos que teníamos planteados desde hace tiempo se van a ver elevados a la enésima potencia, como resultado del paro forzoso de toda la actividad laboral al que estamos sometido, incluyendo el turismo, nuestra principal industria. No pretendemos, sin embargo, parecer cínicos o despiadados si decimos que a lo mejor se trata de una oportunidad de oro que tiene España para iniciar un camino de prosperidad.
Trataremos de explicarlo. Un problema endémico que tiene planteado la sociedad española es el endeudamiento y el déficit estructural. Nuestra economía nacional se asemeja a la de una familia derrochadora que gasta más de lo que gana y vive acudiendo a los bancos para que la financien. El más elemental sentido común nos llevaría a aconsejar a esa familia que, si gasta más de lo que gana, lo que debería hacer es tratar de reducir gastos prescindibles y, si puede, poner a trabajar a algún miembro de ella (adulto, por supuesto) que vive de la sopa boba. Seguramente, nos parecería del todo absurdo que los miembros de esa familia adujeran que ellos tienen derechos adquiridos para vivir por encima de sus posibilidades, y que los bancos tienen la obligación de financiarles, pues en caso contrario los banqueros demostrarían ser unos insolidarios y egoístas que ponen el dinero por delante de los derechos de las personas.
El déficit estructural que tiene la sociedad española deriva del hecho de que tiene una población envejecida, una cantidad desaforada de empleados públicos (más de dos millones y medio) y una deuda pública igual al valor de su PIB. Pagar las pensiones y los gastos de sanidad de esa ingente masa de jubilados, abonar las nóminas de esos funcionarios y los intereses de la deuda supone un gasto terrible que recae sobre los impuestos que pagan los ciudadanos de forma muy costosa. Es verdad que los funcionarios contribuyen con su trabajo y con sus impuestos a levantar el país, pero todos coinciden que sus plantillas están muy sobredimensionadas en algunos sectores.
Uno se pregunta cómo hemos llegado hasta aquí, y se da cuenta de la responsabilidad que han tenido los partidos que han gobernado, PSOE y PP, PP y PSOE. Tanto uno como otro son responsables de haber ignorado el gravísimo problema de la demografía, de haber creado una administración burocrática elefantiásica, usando el dinero público como si no fuera de nadie… Sabemos que el asunto de la natalidad es muy complejo, pero para solucionar un problema lo primero es reconocer que existe.
La infame mentalidad izquierdista que nos domina nos ha convencido de que, por definición, los recortes son malos, la austeridad es un defecto, que va en contra de los derechos de los ciudadanos. Sin embargo, mucho más grave que la austeridad es el despilfarro y el vivir por encima de las posibilidades reales del país, porque ese entrampamiento supone hipotecar a toda la nación y a las generaciones futuras. Puede que la deuda se quede sin pagar, pero desde luego en el futuro nos va a costar mucho más que nos presten.
Lo cierto es que España tiene mucho campo en el que acometer recortes sin que se resientan los derechos básicos de los ciudadanos (sanidad, educación, pensiones e infraestructuras básicas). El gasto político en nuestro país es absolutamente desaforado: subvenciones a partidos, sindicatos, organizaciones empresariales, ONGs, agencias, empresas de enchufados, televisiones públicas, chiringuitos, mamandurrias, cargos públicos innecesarios, asesores… Nuestro país tiene un paro endémico del 15% porque los políticos (y los sindicatos de izquierda) han encarecido el empleo de todas las maneras posibles, con la excusa de proteger a los asalariados, pero con el resultado de empobrecer a los trabajadores más humildes, a los jóvenes y a los excluidos del sistema.
Cuando VOX hace notar la urgencia de acometer una racionalización de los gastos innecesarios y las trabas que gripan a la economía española, la izquierda salta con sus mantras, acusándonos de pretender aplicar recetas neoliberales. Lo que nunca añaden es que las recetas liberales son los que han conducido a los países ricos a sus niveles de prosperidad. Compruébelo el amable lector y podrá constatar cómo los países que son verdaderamente ricos por su organización y no por sus recursos naturales, lo son porque siguen recetas liberales; mientras que las naciones intervencionistas tienen sistemáticamente resultados peores. Y las comunistas, ni les digo.
España, en pocos meses, va a estar quebrada, cuando el gasto social se multiplique y el número de contribuyentes activos quede reducido a la mínima expresión. En esa tesitura, Europa va a tener que intervenir concediéndonos un préstamo. No lo va a hacer por solidaridad, porque a nadie le sobra el dinero para asistir a unos despilfarradores, sino porque no tiene más remedio, toda vez que una caída de España arrastraría a toda la zona euro. Europa, sencillamente, tiene interés objetivo porque el sistema se mantenga. Así que va a tener que soltar la manteca.
Pero, evidentemente, lo va a hacer en condiciones duras, porque ya sabe perfectamente lo que estaría dispuesto a hacer el Gobierno social-comunista con esos recursos ajenos. Ya se pueden poner como quieran los partidos y sindicatos de izquierda, Europa va ser como ese padre severo que se va a hacer cargo de la deuda de un hijo manirroto, diciéndole que de ahora en adelante se va a tener que apretar el cinturón. El préstamo que nos den lo vamos a tener que devolver con intereses.
En este contexto, VOX va a tener que hacer una función pedagógica tratando de hacer comprender a qué conduce gastar desaforadamente, no prever el futuro, hablar de derechos sin obligaciones… La sociedad española tiene una capacidad de creación de riqueza verdaderamente extraordinaria. Solo necesita saber cuáles son sus prioridades y estas no son el empoderamiento de la mitad de la población contra la otra media, ni el cambio climático, ni financiar chiringuitos ideológicos.
La prioridad es ponernos a trabajar ya y que el Estado nos meta la mano en la cartera lo menos posible.
Y que los que quieran ver la realidad con sus gafas ideológicas que se las paguen ellos.





