Cercado por la corrupción por los cuatro costados -su esposa, su hermano, altos dirigentes del Gobierno y del PSOE, y su fiscal general el Estado-, Pedro Sánchez ha sacado un nuevo conejo de su chistera para distraer la atención de los españoles, y ha propuesto celebrar la muerte de Francisco Franco con un centenar de actos político-culturales, bajo el lema “España en libertad; 50 años”. Su objeto es -según manifestó el presidente del Gobierno durante el lanzamiento de la “performance” en el Museo Reina Sofía- recordar y celebrar los importantes avances logrados en las últimas cinco décadas, homenajear a los muchos colectivos sociales e institucionales que las hicieron posibles, y transmitir el valor de la democracia en el momento en que está dando signos de retroceso en buena parte de Occidente. Cabe señalar –aunque esto no lo dijera Sánchez- que ese deterioro de la democracia también se produce en España, merced a la política de su Gobierno Frankenstein tendente a construir muros y a excluir cualquier alternancia de la derecha en el poder.
Según Ignacio Camacho, para el Gobierno, todo lo que no sea Sánchez es “facha”. Los partidos de la oposición, los jueces y los medios de comunicación críticos son fascistas. Pasa por alto que la democracia no la trajo la muerte de Franco, sino la actuación del Rey Juan Carlos I, con la colaboración de franquistas como Adolfo Suárez y Torcuato Fernández Miranda. Pío Moa ha afirmado que el Gobierno ha lanzado esta campaña para desviar la atención de sus responsabilidades penales y celebra esta conmemoración como si las libertades hubieran llegado a España gracias a los socialistas. Si el franquismo era una tiranía brutal y genocida ¿por qué el PSOE no luchó contra ella como hicieron los comunistas? Al morir Franco, solo había un reducido número de presos políticos y ninguno de ellos era socialista. La lucha del PSOE contra Franco solo se volvió heroica mucho tiempo después de que hubiera desaparecido su régimen. A la muerte del dictador se creó una triple pugna entre rupturistas, que reivindicaban una supuesta legitimidad de Frente Popular, el “búnker”, que creía posible mantener el régimen como si no hubiera pasado nada importante desde el Concilio Vaticano II, y los reformistas, que auspiciaban un cambio democrático “de la ley a la ley”, que partió de la legitimidad histórica del franquismo, de conformidad con el diseño de Fernández Miranda. El referéndum de 1976 decidió por enorme mayoría popular. que la transición salida del régimen era la única viable. En el ínterin, tanto el ”búnker” como los rupturistas se mostraron demasiado débiles para impedirlo, y fue históricamente decisivo al desarmar cualquier otra opción y asegurar el tránsito básicamente pacífico y ordenado de un régimen a otro.
Para el embajador Josep Pons, Sánchez pretende denigrar a los españoles tergiversando la Historia, porque no se produjo un cambio revolucionario como en Portugal, pero quiere hacernos creer que fue el pueblo quien puso fin a la dictadura. Al centrar la conmemoración en 1975, está olvidando intencionadamente la valiente tarea del Rey Juan Carlos I y de los políticos que hicieron posible la Transición. “No ha habido en el mundo un gobernante que herede todos los poderes del Estado y voluntariamente se desprenda de ellos para dar paso a un régimen democrático”. A Sánchez le va perfecto fijar el foco de atención en la muerte de Franco y menoscabar el valor de la Constitución, de la monarquía y del proceso de transición, porque unir a los españoles en vez de separarlos es lo contrario a lo que hace, al negar la realidad de uno de los procesos políticos más increíbles llevados a cabo en la Historia moderna. La libertad no nos la dio Franco con su muerte, sino el Rey y las ansias del pueblo español por vivir en democracia y en paz.
Cambios decisivos tras la muerte de Franco
Pons ha dicho que ese el 20 de noviembre fue a trabajar normalmente al Ministerio de Asuntos Exteriores y que, en los 40 días que restaban para finalizar el año, no ocurrió nada llamativo. Aquí ya no estoy de acuerdo con el colega. Yo también fui a trabajar al Ministerio, pero en los días siguientes ocurrieron hechos trascendentales para la instauración de la democracia en España. Yo estaba por un azar en Madrid, pese a estar destinado en Lisboa, precisamente por culpa de Franco. Durante los meses de agosto-septiembre de 1975, 11 supuestos terroristas de ETA y del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota fueron condenados a muerte en diversos Consejos de guerra. El 26 de septiembre, el Consejo de Ministros confirmó la sentencia a 5 de ellos y conmutó la pena por la de reclusión perpetua a otros 6. Se produjeron numerosas peticiones de clemencia, incluida la del Papa Pablo VI, pero Franco no cedió y el día 27 se produjeron las ejecuciones. Un día antes, comandos de ETA y del FRAP, amparados por una multitud de portugueses, asaltaron la Embajada, el Consulado y la residencia del Embajador, por lo que el Ministerio evacuó a Madrid al personal español y se interrumpieron las relaciones diplomáticas entre los dos países.
El 22 de noviembre, Juan Carlos I fue proclamado Rey de España por las Cortes , de conformidad con la Ley de Sucesión de 1969, tras haber jurado “cumplir y hacer cumplir las Leyes fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informan el Movimiento Nacional”. El Rey pronunció un medido discurso institucional, en el que incluyó un párrafo que abría la esperanza a un proceso de cambio sustancial del régimen: “La institución que personificó integra a todos los españoles y hoy, en esta hora trascendental, os convoco porque a todos nos incumbe por igual el deber de servir a España. Que todos entiendan con generosidad y altura de miras que nuestro futuro se basará en un efectivo consenso de concordia nacional”,
El departamento de Protocolo del Ministerio pidió a los diplomáticos a la sazón en Madrid que colaboraran en la “Operación Alborada”, relativa al funeral y entierro de Franco, y a la entronización de Juan Carlos I. Yo decliné participar en la primera, pero me ofrecí para hacerlo en la segunda y fui designado edecán de la delegación italiana, presidida por el ex ministro Giuseppe Pella. Ello me permitió estar presente en la misa solemne celebrada en la iglesia de los Jerónimos, por lo que pude escuchar la excelente homilía del Cardenal-arzobispo de Madrid, Vicente Enrique Tarancón, en la que -dirigiéndose a Don Juan Carlos- dijo que “España, con la colaboración de todos y bajo vuestro cuidado, avanza en su camino, y será necesaria la colaboración de todos, la prudencia de todos y la decisión de todos, para seguir el camino de la paz, del progreso, de la libertad y del respeto mutuo que todos deseamos”. Señaló que la Iglesia nunca determinaría qué autoridades debían gobernar, pero sí exigía a todas ellas que estuvieran al servicio de la comunidad entera, que respetaran sin discriminación ni privilegios los derechos de la persona, y que protegieran y promovieran el ejercicio de la adecuada libertad de todos y la necesaria participación común en los problemas comunes y en las decisiones de gobierno. Le pidió que abriera el camino del futuro de la patria para que las estructuras jurídico-políticas ofrecieran a todos los ciudadanos la posibilidad de participar libre y activamente en la vida del país y en las medidas concretas de gobierno que los condujeran hacia una patria plenamente justa en lo social y equilibrada en lo económico. Concluyó pidiéndole que estableciera un reino de Justicia en el que cupieran todos sin discriminación, sometidos todos al imperio de una ley puesta al servicio de la comunidad. “Que, sobre todo, sea el vuestro un reino de auténtica paz, una paz libre y justa, una paz ancha y fecunda, en la que todos puedan crecer, progresar y realizarse como seres humanos y como hijos de Dios”. La homilía era el esbozo de todo un programa de apertura hacia la democracia y a la consagración de los derechos fundamentales de la persona humana, y lo mejor de todo era que el Rey parecía sintonizar con la onda emitida por el prestigioso Cardenal.
Según algunos sondeos, la mayoría de los españoles -incluidos muchos votantes del PSOE- están en desacuerdo con la maniobra de distracción realizada por Sánchez con su resurrección, una vez más, del espectro de Franco, para poder culparlo de todo lo malo que ocurre en España en la actualidad. Incluso algunos medios afines al Gobierno han expresado reservas a la iniciativa. Así, “El País” ha afirmado que acertarán los organizadores si las actividades conmemorativas ponen en valor la trascendencia de nuestra democracia, y errarán si los actos se utilizan para la lucha partidista o para acrecentar la polarización. Que 50 años después de la muerte del dictador sea imposible una conmemoración conjunta de todos los demócratas españoles denota una miopía profunda sobre la gravedad de la amenaza regresiva que los autoritarismos constituyen en la sociedad de hoy. “La democracia tuvo que empezar a revertir tras la muerte de Franco un sistema profundamente injusto y lo hizo con tanto éxito que hoy podemos permitirnos mirar hacia atrás sin ira para seguir encarando el futuro. Esa obra pertenece a todos por lo que es un fracaso que no podamos celebrarlo juntos”.
Para Soledad Gallego, la iniciativa del Gobierno tendría sentido si lo que se pretende fuera homenajear a las personas -de izquierdas o de derechas-que lucharon por instaurar la democracia en España. No lo tendría si de lo que se trata es de vincularlo con el día preciso de la muerte de Franco o tratar de profundizar en el radical enfrentamiento entre la izquierda y el PP, que se produce en España desde hace ya años. “España en libertad” debería vincularse a las primeras elecciones libres celebradas en junio de 1977, que marcaron el auténtico proceso de transición hacia la democracia, mucho más que a la desaparición física del dictador. En esas elecciones, los herederos del franquismo solo obtuvieron un millón y medio de votos -200.000 menos que el Partido Comunista- y la derecha que se reclamaba demócrata y ajena a su herencia 6.3 millones. La Constitución de 1978 no hubiera sido posible sin la recuperación previa de las libertades y la decisión de los españoles de repudiar el franquismo.
Sin embargo -para Gorka Maneiro-, Sánchez ha revivido a Franco y se agarra a él como un clavo ardiendo para continuar en la Moncloa. El presidente no quiere conmemorar el establecimiento de la democracia, que se inició en 1976 con la aprobación de la Ley para la reforma política, -sancionada mediante referéndum del pueblo español-, por la que las Cortes se hicieron el harakiri y desguazaron el régimen franquista, siguió en 1977 con la celebración de las primeras elecciones libres, y culminó en 1978 con la adopción de una Constitución de consenso por primera vez en la historia de España. Los principales responsables de este proceso fueron el rey Juan Carlos I, el presidente de las Cortes, Fernández- Miranda y el presidente del Gobierno, Suárez. Tras el Congreso de Suresnes, que eligió a Felipe González como secretario general del PSOE, éste dejó de lado la propuesta socialista de establecer de una III República Federal, aceptó la monarquía parlamentaria, y se incorporó a la ponencia constitucional.
Sánchez no pretende homenajear a los participantes en la Transición -durante la cual se establecieron los cimientos de la España constitucional y democrática-, porque abomina de ella y está haciendo todo µcuanto puede para desprestigiarla, sino resucitar el fantasma de Franco y condenar al franquismo, en el que incluye como sus herederos a la derecha democrática, incluido el Partido Popular? Como ha señalado Ramón Tamames, usa un lenguaje guerracivilista y ha manipulado de la Historia con su Ley de Memoria Democrática, que es un” cuento chino” y una falta de respeto a los españoles. El Gobierno de Sánchez y la izquierda española desprecian la reconciliación -que fue la pieza clave de la Transición- e incumple la Constitución, cuya elaboración fue una auténtica obra de arte. Sánchez advirtió en su proclama, que la libertad nunca se consigue de forma permanente, sino que es algo que se puede perder y existe un peligro de que se repitan los años oscuros del franquismo. Tamames ha calificado esta afirmación de mentira para meter miedo y , ha comentado que es improbable que se produzca porque somos miembros de la Unión Europea y ésta no lo puede consentir.
Programa de las Jornadas antifranquistas
Sánchez -que ha creado un muro para arrojar a las tinieblas exteriores a la derecha democrática y hace cuanto puede para impedir que pueda gobernar en una necesaria alternancia del poder- es incapaz de dialogar con el PP a nivel nacional y, por supuesto, no le ha consultado sobre su genial iniciativa, ni sobre el programa del centenar de actos supuestamente culturales previstos, que son un auténtico batiburrillo. Entre ellos figura la participación en los actos conmemorativos de la liberación de los campos de concentración de Auschwitz, Buchenwald y Mauthausen. ¿Pretende insinuar con ello que el franquismo fue cómplice de las atrocidades cometidas por los nazis contra los judíos?
También se prevé participar en los actos conmemorativos de la liberación de París o en la celebración del 600 aniversario del pueblo gitano en España, que no acabo de ver qué tienen con la muerte de Franco y la libertad En España. Se designarán hasta una treintena de “Lugares de memoria” -como la tumba de Manuel Azaña, la comisaría de la Vía Layetana en Barcelona o el campo de concentración de los campos de Argèles sur Mer-, que se vinculan a hechos de singular relevancia para la memoria democrática, con el objetivo de identificar, proteger, señalizar y convertirlos en parte del patrimonio cultural, que sirva para preservar y transferir la memoria a las nuevas generaciones (¿?).
Otros temas seleccionados son una exposición sobre “Nosotras europeas: feminismo y memoria democrática en la construcción de Europa”, un proyecto de geolocalización –“Amigo, date cuenta”- para visibilizar los espacios vinculados a la memoria democrática de las mujeres, un homenaje al Movimiento Democrático de Mujeres, un proyecto sobre “Educando en libertad a las mujeres de Europa y América Latina”, “Avances en la diversidad”, encuentro con Elena Lázaro sobre el libro “Feminismo y sexo”…
Entre el variopinto catálogo de actos programados se le ha escapado a los organizadores uno titulado “Sáhara: Memoria de una descolonización inconclusa”. Supongo que se referirá al chantaje operado por el sultán marroquí, Hassan II, aprovechándose de la agonía de Franco y de la debilidad del Gobierno de Carlos Arias, con su ”Marcha Verde” y la invasión supuestamente pacífica de una “provincia” española, que desembocó en los ilegales acuerdos de Madrid de 1975 -nunca publicados en el Boletín oficial del Estado-, por los que se concedía la administración del territorio a Marruecos y a Mauritania, lo que provocó la sublevación del Frente Polisario -representante legítimo del pueblo saharaui- y el inicio de una confrontación bélica que ha llegado hasta nuestros días. Me imagino que se conmemorará la elaboración de un generoso Estatuto de Autonomía para el Sáhara Occidental y la oferta del Gobierno español al secretario general de la Naciones Unidas para celebrar un referéndum de libre determinación en el territorio, bajo los auspicios de la Organización. La iniciativa fue boicoteada por Argelia, Mauritania y Marruecos, el cual pidió una opinión consultiva al Tribunal Internacional de Justicia sobre la supuesta soberanía ejercida en la Historia por el Reino alauita sobre el Sáhara. El TIJ dictaminó que, aunque en el momento de la colonización española existían ciertos vínculos jurídicos de vasallaje entre el sultán y ciertas tribus que habitaban el territorio, “no demostraban la existencia de vínculo alguno de soberanía territorial entre el territorio del Sáhara Occidental y el Reino de Marruecos, de un lado, o el conjunto mauritano, de otro”, y estimó que debería aplicarse el principio de libre determinación previsto en las resoluciones de la ONU, la cual creó una Misión para el referéndum en el Sáhara Occidental, que no ha podido realizar su mandato por el boicot de Marruecos y el apoyo de sus aliados, Francia y Estados Unidos. Tras haber perdido las elecciones, Donald Trump reconoció la soberanía de Marruecos sobre el militarmente ocupado Sáhara Occidental y otros países -incluida España- siguieron su mal ejemplo. Sin contar con su Gobierno, las Cortes ni la oposición, Sánchez -por sí y ante sí- cambio de forma radical la postura de neutralidad en el conflicto seguida por los Gobiernos españoles de distinta ideología, y apoyó la propuesta de autonomía ofrecida por Marruecos, que se trata de una mera descentralización y es contraria al principio de libre determinación de los pueblos consagrado por el Derecho Internacional y por la ONU. Paradojas de la vida. El líder que ha luchado a vida y muerte contra el franquismo, ha adoptado las mismas políticas seguidas por el superfranquista Arias, al reconocer -aunque sea de forma implícita- la soberanía de Marruecos sobre la antigua colonia/provincia, de la que sigue siendo jurídicamente responsable en su calidad de potencia administradora, ya que el pueblo saharaui no se ha podido auto determinar aún.
El Gobierno ha sido tan generoso que ha abierto la posibilidad a que Juan Carlos I -un Señor que pasaba por ahí- se sume a algún acto. Se desplegará un programa internacional en las misiones diplomáticas y en la red de centros del Instituto Cervantes -cuyo presidente ha asumido el compromiso de potenciar a campaña anti-Franco en el extranjero, realizando exhibiciones sobre diversos aspectos de la Guerra Civil y del franquismo. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha hecho un llamamiento a los embajadores “afines” para que colaboren activamente para el éxito de la campaña. Entre los grandes objetivos de nuestra política exterior figura -además de conseguir por todos los medios que el catalán sea lengua oficial en la UE- realizar programas internacionales por doquier para demostrar la maldad intrínseca de Franco y del franquismo, que -si no estamos alerta- podría regresar.
Declaración sobre “Contra Franco: La Constitución es la única celebración posible”
Un centenar de intelectuales y políticos afines a la Asociación “Libres e Iguales -como Nicolás Redondo, Teresa Freixes, Andrés Trapiello, Cayetana Álvarez de Toledo, Fernando Savater, Juan Luis Cebrián o Félix Ovejero- han publicado una declaración titulada “Contra Franco: La Constitución es la única celebración posible”, en la que critican con dureza el plan de Sánchez conmemorativo de la muerte del Caudillo. Señalan que es bien sabido que celebrar en el año 2025 “España y libertad” con más de 100 actos programado es un subterfugio para celebrar la muerte de Franco y también la penúltima de las mentiras de Sánchez, su promotor. “Ni la libertad empezó en España hace 50 años, y desenterrar el espectro de Franco logrará dividir a los españoles en dos bandos como es su propósito. Como en su ‘a moro muerto, gran lanzada”, no hace Pedro Sánchez sino recordar una desdichada realidad: el prolongado fracaso de la oposición para acabar con un dictador decrépito y sanguinario, que murió en la cama, y la soledad y el sacrificio de los pocos y heroicos luchadores que lo combatieron”.
Al término de la Guerra Civil, el presidente de la II República, Manuel Azaña, pronunció su célebre frase de “Paz, piedad, perdón”, dirigida a todos los españoles sin distinción de bandos, porque sabía que era el único camino de la reconciliación tras una guerra que había abierto heridas muy hondas en todas las familias españolas y en un país partido por la mitad. Casi 90 años después, Sánchez ha decidido hacerla suya, pero con un planteamiento guerracivilista ya olvidado, que viene a decir:” Ni paz, ni piedad, ni perdón; perdón solo para los nuestros, piedad únicamente para los míos, y paz para nadie”. Llegó a La Moncloa enfrentando a todos con todos y hoy, como entonces, camina apoyado en la muleta de las mentiras. Sus 7 años de Gobierno han sido los de la corrupción política e institucional más grave de nuestra democracia, a la que se ha sumado la mistificación histórica y su miserable recurrencia a la Guerra Civil y a la “memoria histórica”, consistente en olvidar lo que no le aprovecha y de recordar únicamente lo que le conviene. “A un tiempo, muro y cortina de humo. Un muro entre españoles y la cortina con que trata de ocultar toda su miseria personal, política y moral, y la de su entorno, y de cuántos procesos judiciales lo acorralan”.
La inmensa mayoría de los españoles decidió dejar atrás definitivamente una guerra y una dictadura, en las que no pocas de sus víctimas habían sido victimarios, en las que el dolor de unos no se podría comprender ni perdonar sin perdonar y comprender los de los otros; quienes habían perdido la guerra renunciaron a la venganza y quienes la habían ganado al poder. “Sin memoria no hay justicia y sin olvido no hay paz. Reparar solo a unas víctimas es despertar en las otras los agravios, y olvidarse de éstas es la mayor de las injusticias. Las víctimas son de todos, la memoria es personal e intransferible, y la verdad es una tarea común”.
Los españoles ya estamos reconciliados. Lo hizo una abrumadora mayoría y dio a ese pacto el nombre de Constitución de 1978, la única fecha de celebración posible y deseable. “Hacemos desde aquí un llamamiento a la ciudadanía, y en especial a las fuerzas políticas, a boicotear cuántos aquelarres promuevan en torno a Franco aquellos que dicen celebrar la libertad echando mano de la discordia, su mayor amenaza, y de la reconciliación, promoviendo el encono civil”. Suscribo esta declaración de la A a la Z. Ya va siendo hora de que Sánchez deje de tomar por tontos a los españoles y asuma su inmensa responsabilidad en el actual deterioro de la democracia y de la convivencia en España.





