No se necesita ninguna prueba más sobre la situación de desnorte de este Gobierno de incompetentes y del sanchismo en general, así que lo que deberíamos hacer es aplicarnos en analizar las razones de fondo que les permite todavía mantener en las encuestas una expectativa de voto en torno a la obtención de cien diputados.
El asunto es muy serio y «se nos va la vida en ello», que diría Carmen Calvo, como aquel 8-M de nuestras desgracias.
La Calvo, que puso tanto énfasis y empeño en remover a un dictador muerto de su tumba, no sabe ahora qué hacer y ni siquiera qué decir frente a un dictador de carne y hueso, vivito y dando coletazos, que ha organizado en apenas unas horas un golpe de Estado en toda regla mediante la invasión de un territorio nacional vecino a base de transportar en autobuses y camiones no a sus tropas, sino, como acostumbran en la morería, ya sea en Palestina o en Marruecos, poniendo por delante como escudos humanos a su población.
«Andalucía con Palestina», tiene colocado de banderola en estos días en su cuenta de Twitter la simpar analista «internasioná» Teresa Rodríguez, la podemita anticapitalista (redundancia o pleonasmo), justo cuando venida completamente arriba se pone a chorrear sus análisis de orina sobre la invasión en Ceuta y dice que es, observen la idiotez, «el resultado de externalizar las fronteras (¿?) a países en los que se vulneran sistemáticamente los derechos humanos como Marruecos».
¿Alguien sabe lo que quiere decir? Para mí que lo suyo es una ONG, «Descerebradas Sin Fronteras», en la que también paga sus cuotas la ministra de Exteriores González Laya, dedicada en estos días a enviar a las Embajadas un glosario prioritario de efemérides LGTBI.
No se lo crean si no les apetece, pero esta es la realidad del Gobierno y no la olla de palabras sin significado que nos atufa a todas horas desde el plasma con permanentes ruedas de prensa de ministros, ministras y ministres cosiendo los rotos y las cicatrices de una política inexistente protagonizada por absolutos incompetentes que jamás antes de llegar al gobierno habían ocupado un despacho ni habían dirigido nada.
Si Marruecos nos invade con población civil y no con sus soldados es apenas por una sutileza jurídica que les permitirá ahorrarse papeleos infinitos y poder argumentar algún día su apropiación ilegítima frente a la ONU, igual que sucedió en el Sáhara Occidental aprovechando la moribundez de Franco y hoy lo hace a propósito de la situación de catatonia de Iván Redondo y del sanchicomunismo.
Traten de imaginar la reacción de Marlaska y de Margarita Robles si en lugar de diez mil parroquianos traídos en buses, con la ‘Mehannía’ (la soldadesca más abrupta y contundente del ejército marroquí) abriendo las vallas y abandonando los puestos fronterizos a su suerte, el Rey alauita hubiese ordenado la entrada de sus tropas en Ceuta o en Melilla. Sin disparar ni un tiro al aire y sin desenfundar, el mapa político habría cambiado para los restos, no lo duden.
Se me hace incomprensible que a estas horas no haya salido aún a la palestra la ministra Irene Montero para exigir una invasión con perspectiva de género y con máximo respeto a los derechos «queer» y de los transexuales. Lo mínimo es que exigiera cupos de igual número de invasoras que de invasores e invasoros y, de paso, de policías y policíos, así como de soldadas, soldados y soldades protegiendo la integridad territorial de las fronteras y los fronteros.
Alguien debería dar aviso a Yolanda Díaz, la de los algoritmos feministas en el Twitter, para que amplíe el horario de apertura del SEPE, porque tiene otros diez mil nuevos voraces parados en lista de espera para inscribir.
Lo de Marlaska es la ignominia elevada a categoría de lesa traición a la patria, un cobarde que pasará a la Historia como el despreciable Conde Don Julián que inyectó la peste bubónica en todo lo que hizo, desde comer hamburguesas en Chueca mientras los separatistas apedreaban a los guardias civiles e incendiaban Barcelona hasta liberar a los asesinos más execrables de los dos últimos siglos. Y ahora, permitir el asalto de las casas y los comercios en suelo patrio por indómitos bárbaros. Al menos en 1808 lo que consintieron Godoy y el sátrapa Fernando VII fue la invasión de una potencia extranjera que venía con los Códigos del Derecho más civilizatorio de los siglos bajo el brazo. Y los echamos a escobazos y a pedradas.
La demolición del Estado español parece ya un hecho incontestable, corroído por las termitas de esta progresía infame e incongruente, y la legitimación de los okupas era sólo una inequívoca señal de lo que vendría más tarde y que ahora contemplamos, con las hordas de salvajes derribando puertas como si Saladino entrara de nuevo en Jerusalén mientras nuestras leyes impiden que la Policía desaloje a patadas a los saqueadores.
Y es con esta gente que libera a los terroristas y a los golpistas y permite el derribo de la soberanía nacional con quienes Inés Arrimadas se proponía derribar gobiernos de otro color en los que incluso ellos mismos participaban. No se puede tener más pérdida la brújula…
En estas circunstancias, repito, lo que resulta más absurdo, por inexplicable, es que las encuestas no reflejen un hundimiento del PSOE y del sanchismo que raye en la extinción. Propongo que se convoquen elecciones y si el PSOE saca más de 50 diputados, mejor pedimos el ingreso en el Reino de Marruecos y refundamos el Imperio andalusí para reconquistar Europa. Al menos nos libraremos de las monsergas LGTBI y sobre la igualdad de género. Que no me busquen para reivindicar derechos cuando eso llegue.
He dicho.





