Definitivamente, si gobernara la derecha, este país estaría en llamas. Sin ir más lejos, ayer mismo habría ardido Malasaña y barrios adyacentes a propósito de la denuncia falsa realizada por un anormal de oscuras motivaciones y más que dudosa calidad moral que alcanzó los niveles de esas dos payasas de Instagram que aún tienen la desfachatez de negar los hechos presentados por las cámaras de vigilancia y reinciden en dar muestras de su patología, ajena por completo a «nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social», como reza la Constitución Española, esa misma que el feminismo radical se pasa por su entrepierna morena y luego alega que feminismo significa «lucha por la igualdad» porque así lo define la RAE. Claro que si hubiesen mirado el significado de «matrimonio» en ese mismo diccionario antes de los cambios introducidos en la normativa o recurriesen al significado etimológico de la palabra se habrían desmayado del susto.
O sea, que volvemos a Humptty-Dumpty, el huevo de Alicia en el País de las Maravillas, que proclamaba al otro lado del espejo que «Cuando yo uso una palabra, quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos». A lo que Alicia replicaba: «La cuestión es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes». Y la respuesta, queridas Alicias de los países de las maravillas progres, es que sí, que en la divina república de Progrelandia y de Sanchizstán, la polisemia es asunto de dominio exclusivo del progre, que otorga neosignificados y abomina o condena las palabras en función de su capricho, de tal modo que facha o fascista es término que discrecionalmente viene a significar todo hecho o persona que me lleve la contraria o pretenda discutir sobre las materias reservadas a la condición de progre, que son todas, pero muy especialmente aquellas que tengan que ver sobre la mujer, sobre razas, inmigrantes, religión, economía o cualquier otra condición social o personal (ver otra vez Constitución Española).
Espero, pues, que os haya quedado claro, pues el mero intento de debatir honradamente sobre cualquier concepto, sintagma o estadística tramposa, presentada, ya sea por la Fiscal General o por una idiota en una tertulia televisiva o radiofónica, es condenada con el ostracismo y pena de bots rusas de pechos turgentes inundando de likes las redes establecidas por las mafias sindicales atropellando la razón y cualquier destello de lucidez moral, ausente en las parrillas televisuales en favor del pesebre comunitario donde se alimenta dicha plebe y que aplaude como focas de un acuario a ministras que aún no han aprendido que la presunción de inocencia no es una anécdota sino uno de los pilares básicos de cualquier Estado de Derecho, sin el cual se desmorona.
La causa de las supuestas continuas agresiones racistas, homófobas, xenófobas o machistas (que desconozco si son tales o no, aunque ellos aseguran que crecen más y más) es obvio, según esas meninges preclaras, que son por la existencia de un partido político concreto, aunque se refieren a un partido que no ha parado aún de promover y de exigir una condena más dura, efectiva y real para quien cometa esa clase de delitos, mientras el resto escurre el bulto y se niega a realizar recuento de la prevalencia e incidencia de ciertos elementos comunes a muchos de esos crímenes, aunque es sabido que en algunas categorías de delito más del 40% de los mismos los cometen extranjeros de grupos culturales concretos.
Si gobernara la derecha, España estaría ardiendo en estos instantes sólo por el precio de la luz y por la que nos espera con la gasolina, las subidas de impuestos y el peaje de las autovías, pero España va a arder cuando el islamismo, término que no requiere precisar que se trata de la secta radical y fundamentalista dentro del Islam porque la RAE ya lo define de ese modo, exija acabar con las fiestas de moros y cristianos que nos hermanan por la vía burlesca a lo largo de la Historia. Pero recuerden que lo primero que pierde un comunista al asumir su detestable patología condenada por la UE es el sentido del humor y en eso se igualan con los asesinos de Charlie Hebdo.
Mientras tanto, Yolichari Díaz prologa ‘biblias’ y ‘coranes’ del comunismo como si no hubiera un mañana y no se baja del púlpito de su enfermedad moral.
He dicho.





