Este sería un tema de Madrid (la transformación del estadio Bernabeu en un lugar de conciertos estruendosos, y por ende, su revestimiento arquitectónico de una curiosa estructura que, aparte de feísima, está hecha de modo que multiplica el volumen del sonido – el mayor de los despropósitos), pero, aparte de que en la era global todo afecta a todo, nos referimos a ciertas reacciones, por parte de los que mandan, que son perfectamente equiparables a muchísimas otras situaciones que se dan a menudo en Sevilla y en cualquier ciudad.
Ciudadanos del mundo: cuando vean que su alcalde, o cualquier otra autoridad, ante la denuncia de un despropósito enorme, de algo que daña y perjudica a muchas personas de manera fehaciente y evidentísima (no hablamos aquí de remilgos, sino de daños obvios)… cuando vean que ese alcalde o consejero lo justifica diciendo: “Esto es muy bueno para la hostelería de la ciudad, vendrán miles de personas, esto les beneficiará”… ¡por favor, no se lo crean!
Es otra de las técnicas con las que están llevando a cabo la repugnante obra de dividir a la sociedad, de hacer que los unos sean hostiles para los otros (lo contrario de lo que tendría que hacer un gobernante). La decisión de permitir estos macroeventos, como también son los maratones, y otros mil, es exclusivamente SUYA, de la autoridad pertinente. ¿Los motivos? No los sabemos. Siendo benevolentes, podemos pensar que las oscuras fuerzas multinacionales que mueven los hilos del mundo (los eventos son universales, idéntico maratón en todas las ciudades, idéntico tipo macro concierto…) son demasiado poderosas y no se atreven a hacerles frente. No siendo benevolentes,… pues piensen lo que quieran.
Cobardes ciertamente lo son (los gobernantes que permiten todo esto), y esperemos que no algo peor. Pero donde hay ciertamente maldad, y ya no sólo cobardía, por muy ingenuos que seamos, es en la justificación: “Es bueno para la hostelería”. ¿Cómo? ¿Se preocupan acaso de ella, si no para asfixiarla? Es un modo de echar sobre ella una mancha arbitraria. ¿Han venido los hosteleros a pedirle por favor que permita ese evento y ha decidido darles gusto? (Esa impresión quieren dar, para poner a unos ciudadanos contra otros). Demuéstrenlo.
Primero: Tanto Madrid como Sevilla, y cientos de otras localidades de Europa, tienen ya sus hoteles y restaurantes llenos todo el año, y el problema al que se enfrentan es al exceso de visitantes, que está destruyendo la esencia de las ciudades y creando miles de problemas colaterales. Por ende, todos pueden ver que el público de estos macroeventos, los que invaden las calles, entran en bares, ya bebidos, para utilizar sus aseos, multiplicando los problemas de los mismos (el pasado mes, hubo inspectores queriendo multar a bares señeros de la calle Mateos Gago por el público- lo seguidores del Bilbao- que se agolpaba fuera, aun cuando no estaban consumiendo ni una gota servida por el bar. Es decir, se señalaba a la hostelería como culpable de la calle repleta de personas) no sólo no traen beneficio alguno, sino más bien problemas extra para todos los negocios de la ciudad. ¿A quién benefician de verdad? Pues… piensen, piensen…
Segundo: Ante un desafuero, el alcalde debe responder al desafuero, no desviar el tema. Decir “pues esto le vendrá bien a determinado grupo”… es absurdo (aparte de, como veremos, criminal). Si nos ponemos así, pues todas las cosas malas de este mundo, pero absolutamente todas, siempre tendrán algún lado bueno. Si crece el tráfico de drogas, se beneficiará al ramo constructor que fabrica las sofisticadas narcolanchas. También saldrán ganando los constructores de grandes mansiones de lujo para los grandes traficantes de drogas: éstos utilizarán también taxis, y todo tipo de servicios… ¿Todo vale, entonces, siempre que traiga un beneficio económico secundario para alguien?
Tercero, y lo más grave: La respuesta es criminal en cuanto que descarga la culpa sobre quien no la tiene, ni ha opinado ni ha pinchado ni cortado nada en el asunto. Es de toda obviedad que el Único Responsable de estos desafueros (el gobernante que ha permitido en Madrid lo del Bernabeu, y en Sevilla y otras ciudades otras mil cosas)… no sólo desvía el tema; no sólo causa un daño gratuito a los ciudadanos a los que tendría que defender; sino que (aquí llega lo verdaderamente criminal), al estilo de Nerón, pues acusa a un grupo de sus ciudadanos para que el resto (con lo fácil que es darle a las masas un chivo expiatorio) vuelque sus iras contra ese grupo.
Señores, cuando oigan a un gobernante decir: “Esto será bueno para la ciudad, vendrán miles de personas, beneficiará a la hostelería”… aparte ya de que el mensaje es trasnochado… ¡dénle la misma credibilidad que a Nerón, cuando acusó a los cristianos de haber prendido fuego a Roma, el fuego que había encendido él mismo!
Y esperemos que la Historia, aunque tarde siglos, acabe poniendo a estos malvados Nerones en su sitio.





