Hay muchos lugares del mundo que no hemos visitado pero que despiertan en nosotros los más diversos sentimientos: admiración por su cultura, simpatía por la forma de ser de su gente, cercanía por la influencia en el transcurrir de su Historia, curiosidad por el exotismo de sus costumbres, …
Traigo a esta página el caso de Japón, un país del llamado lejano Oriente (Sevilla y Tokio distan 11.152 km.) que siempre ha despertado nuestra admiración por los valores que ha transmitido de generación en generación a través de una cultura milenaria: armonía, que implica buscar el equilibrio, la paz y la coexistencia pacífica, valorando la cooperación, evitando conflictos y teniendo consideración por los demás; respeto, manifestado en la deferencia hacia los maestros y las figuras de autoridad, expresado a través de la cortesía, la humildad y la consideración por las normas sociales; integridad, ya que la falta de honestidad se califica como una grave falta moral; la disciplina y la perseverancia, consideradas cualidades esenciales para el éxito personal y colectivo; la responsabilidad, que implica asumir las consecuencias de las propias acciones y cumplir con los deberes y obligaciones; la gratitud, la solidaridad, la humildad, la lealtad, …
Un país que por cierto dejó su huella en la vecina Coria del Río, donde una expedición liderada por Hasekura Tsunenaga desembarcó en 1614 y muchos de sus componentes decidieron quedarse, y donde el apellido Japón, fruto de la descendencia de estos orientales, lo llevan hoy más de 700 personas.
Muchos sevillanos desconocen que la calle Fray Pedro de Zúñiga, que une la avenida Luis de Morales con la calle Jiménez de Aranda en el barrio de Nervión, debe su nombre a un fraile agustino nacido en Sevilla, Pedro Manrique de Zúñiga y Velasco, hijo del virrey de nueva España, que fue quemado vivo en 1622 en Nagasaki. Fueron miles los mártires, tanto europeos como japoneses, que entregaron su vida en testimonio de su fe (a este respecto, les recomiendo que vean la película “Silencio” de 2016, si aún no lo han hecho).
Por cierto: ¿se han preguntado alguna vez el motivo por el que fue lanzada la segunda bomba atómica en Nagasaki, cuando los japoneses habían decidido rendirse tras el bombardeo de Hiroshima? Dado que no tenía ningún interés militar y su población era mayoritariamente civil, ¿tendría algo que ver que fue la ciudad con más mártires cristianos, que era donde estaba la sede central de los jesuitas en Japón y el hecho de que Harry S. Truman, el presidente americano que dio la orden, fuera maestro masón? Ahí lo dejo.
Disculpen la amplia introducción, pero quería hablarles de un reportaje de María Stöhr que leí no hace mucho sobre un hecho que está causando honda preocupación en aquel país y en otros donde se ha tenido conocimiento, y es que hay cárceles de Japón donde la mayoría de las mujeres son ancianas. En efecto, el número de mujeres mayores en las cárceles japonesas se ha disparado, pero no son criminales: cometen delitos menores, como el hurto en tiendas, suficiente para ser enviadas a prisión, donde al menos encuentran lo que les falta: cuidados y compañía.
Hoy en día un tercio de las reclusas han superado la edad de jubilación, y algunas hace años que cumplieron los 90. ¿Cómo se produjo esta “ola terrorífica de delitos” como lo llama la prensa japonesa? ¿Es pobreza? ¿soledad? ¿incapacidad para pedir ayuda? Algunas no quieren ser una carga para sus hijos y prefieren retirarse de escena antes de pedir nada; otras, roban para salir de su aislamiento; las que comparten celda dicen que allí al menos tienen compañía.
Las ancianas aprenden manualidades, reciben comida tres veces al día, se bañan regularmente, cuentan con andadores y baños con pasamanos, y se las somete a exámenes médicos. Se apilan paquetes de compresas para la incontinencia (desde 2011 se venden más compresas para adultos que para bebés). Todo gratis.
Hay mujeres que reciben comidas especiales porque no pueden masticar, les dan gachas de arroz, el pan blanco es cortado en trozos pequeños, y si hay pescado se le quitan las espinas. La idea de tener que volver a arreglárselas solas fuera de la prisión asusta a muchas de estas reclusas. Al final de su condena comienzan a estar nerviosas. Muchas de ellas llevan años sin tener contacto con sus familiares.
La situación descrita nos parece lejana, pero en las últimas décadas hemos cambiado tanto que ya nada nuevo nos extraña. El capitalismo con su individualismo se ha infiltrado en una cultura milenaria que veneraba a sus ancianos y ha dado paso a la cancelación de los progenitores. Está muy extendida la creencia de que nuestros hijos no vivirán mejor que sus padres, pero también podríamos plantearnos si nosotros no envejeceremos más solos que los nuestros.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Ese toque personal que siempre te hace pensar. Porqué se tira la segunda bomba atómica en Nagasaki? Será esa, la que nos comenta Alberto, la razón de lanzarla en esa ciudad? Cuando él lo escribe por algo será.
Después tenemos el tema de la población de mayores en Japón. No sabía hasta que punto una persona organiza sus últimos años de vida. Hurto un bote de colonia y me aseguro un par de años entre rejas; pero sin preocuparme de mi asistencia personal. Será ese un modelo de vida para nosotros aquí en España? Por ahora, hay límite de edad para estar en las cárceles españolas.