Iván Martín nació en Sevilla, en el barrio de Nuestra Señora de la Oliva, el 8 de Junio de 1992, siendo hijo único. Antes de ser seminarista, estudió Orfebrería, entrando en el seminario a los 19 años, donde permaneció siete años. Tras concluir su formación, ha sido diácono en Camas, en la Parroquia de Santa María de Gracia, luego vicario parroquial durante tres años en El Viso, después tres años en Martín de la Jara y Los Corrales, y en el último año, además, en el Hospital de Osuna. Desde el pasado mes de Septiembre es párroco de la Iglesia de San José de Coria del Río.

– La primera pregunta que le planteo es fundamental: ¿cómo recibió la llamada del Señor?
– En mi caso concreto, me acerco a la Iglesia a través de las hermandades, ya que mis padres eran cofrades de San Bernardo. Sin embargo, lo hice a través de otras hermandades, como El Calvario, a la que me uní con 16 años, salía como acólito y me integré en su juventud. Cuando viajé a la JMJ fue cuando comencé a plantearme el seminario. Al año siguiente fui al seminario durante un año para probar cómo sería la experiencia y al año siguiente es cuando decido entrar de manera definitiva. Se puede concluir que mi vocación es fruto de la JMJ de Madrid de 2011.
– Para los que somos ajenos, ¿cómo es la vida en el seminario?
– Muy fácil: nos levantamos temprano, en concreto, a las siete de la mañana, tenemos misa, luego desayuno, clase, almuerzo, descanso, estudio y a la tarde-noche, a las 20 horas, rezo de las Vísperas y oración mental de una hora. Esa era nuestra dinámica de lunes a viernes, los sábados teníamos misa y volvíamos a nuestras casas, regresando al seminario el domingo para la cena, teniendo rezo de las completas a las 22.30 horas, para luego marcharnos a dormir. Añado que también había días de exposición al Santísimo los jueves.
– ¿Qué es lo más duro de ser sacerdote?
– Muchas veces la soledad, aunque este concepto hay que matizarlo, porque solo no se está nunca sino con el Señor, pero el sacerdote tiende a ser incomprendido y mirado con lupa y no como objeto de la misericordia de la gente, de modo que es una soledad en el sentido de incomprensión. No obstante, es más la felicidad que aporta que el resto.
– ¿Cuáles son sus Papas de referencia?
– He conocido tres Papas: la figura de Juan Pablo II me cogió de pequeño, Benedicto XVI era el Papa que reinaba cuando estaba en el seminario y sus obras han influido mucho en mi formación, de hecho, sus escritos los he leído, estudiado y releído. Del Papa Francisco he leído sus encíclicas, pero lo que verdaderamente ha sido fundamental para mí es la teología de Benedicto XVI.
– ¿Tiene usted alguna devoción especial, por ejemplo, hacia santos o lugares sagrados?
– Tengo una fuerte devoción a la Virgen, y en concreto, a la Virgen de Todos los Santos, que se encuentra en la calle Feria en Sevilla, de la que soy hermano desde adolescente. También hacia San José, que fue uno de los santos a los que más me encomendé en el seminario, de hecho, la primera misa que oficié fue en honor a San José, cuya figura destaca como protagonista en la sombra, escondido y sin hablar, pero, sin embargo, tuvo el privilegio de sostener al Señor en sus brazos y cuidarlo. Ahora se da la afortunada circunstancia de que estoy en la Parroquia de San José.
– Procedo, si me lo permite, a formularle una pregunta de índole personal, habida cuenta de que uno de sus predecesores al frente parroquia pertenecía a Acción Católica. ¿Pertenece a usted a algún movimiento de la Iglesia?
– Soy sacerdote diocesano secular y no pertenezco a ningún movimiento, sólo a hermandades.
– Una cuestión que está intrínsecamente vinculada a la política pero que tiene fuertes implicaciones morales y religiosas es el sistema económico que se debe adoptar, existiendo una larga disputa primero, entre el capitalismo y el comunismo, y luego, entre el liberalismo y la socialdemocracia. ¿Cuál es, por tanto, el sistema económico compatible con el Evangelio y qué requisitos debe reunir?
– Sistema económico cristiano como tal no hay ninguno, pero todo sistema económico debe sustentarse en la caridad, que no significa que todos tengamos lo mismo sino ayudar al prójimo porque nos vemos reflejados en él. No hay problema en ganar dinero, pero la cuestión radica en si se pone el acento en ganar más o ayudar a los demás. Como dijo San Pablo, quien no trabaje, que no coma, pero debemos poner nuestros dones al servicio de los demás.
– ¿Por qué existe actualmente una crisis de vocaciones sacerdotales?
No hay una crisis de vocaciones sino de disponibilidad. Dios sigue llamando a la gente, pero hoy nos venden otras cosas y se tiende a creer que la felicidad está en cosas que no la da.
– Sé que lleva menos de un mes en este nuevo destino, pero, ¿cómo está siendo su experiencia en nuestro pueblo?, ¿y en los pueblos anteriores?
– Me parece un pueblo acogedor, con trabajo y en movimiento, donde todos tienen una sonrisa en la cara y actúan con alegría y disposición. Ahora mismo me siento como una pareja se siente al principio del noviazgo.
Los otros pueblos eran muy distintos. El Viso era otra realidad, al igual que Jara y Los Corrales, que son pueblos pequeños, de la sierra y poco religiosos, aunque muy acogedores.
– Por último, concluyo con una pregunta muy trivial. Su predecesor, Don Pablo, cuando le entrevisté (Entrevista a Pablo Colón Perales, párroco en Coria del Río) , me comentó la pequeña tradición de que todos los párrocos de esta iglesia (desde su fundación en 1964) habían sido sevillistas. Ya que usted está ahora al frente de la misma, ¿es usted bético o sevillista?
– Soy bético, por lo que soy el primer cura bético de esta parroquia en sesenta años, y, además, por tradición familiar, porque como no sea del Betis, mi padre no me deja entrar en casa.





